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Corazón partido

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La participación en una huelga general no puede anticiparse con un sondeo. El éxito o fracaso de la huelga en una empresa puede quizás depender de que una mayoría de los trabajadores decida secundarla; pero una huelga general no depende tanto del porcentaje del censo laboral que la apoye, como de la actitud de algunos sectores estratégicos y de la ausencia de resistencia a la huelga por parte de los trabajadores que aunque no hayan decidido secundarla, tampoco están decididos a oponerse activamente a ella.

La ambigüedad del significado del paro provoca actitudes contradictorias

El Publiscopio que se publica hoy, por tanto, no pretende anticipar el éxito o fracaso de la huelga del día 29, sino dar a conocer el estado de las actitudes y expectativas ante ella.

Lo primero que salta a la vista es la proporción relativamente baja (18%) de trabajadores y estudiantes que declaran estar decididos a secundar la huelga. Hay que precisar que ese porcentaje es algo mayor si se toman en cuenta sólo a las personas con un empleo asalariado; puede calcularse en esta encuesta (aproximadamente, porque las submuestras son pequeñas) que están decididos a secundar la huelga el 27% de los empleados, el 16% de los técnicos y el 22% de los obreros.

Hay una proporción mucho mayor, un 67% de los que trabajan, que no piensa secundar la huelga. Paradójicamente, sin embargo, la mayoría de ellos consideran que hay motivos suficientes para convocar una huelga general: un 49% de estos entrevistados dicen que hay motivos y un 44% dicen que no los hay.

La huelga depende más de los que no se oponen que de los que la apoyan

Casi todo el resto, un 13%, son trabajadores que están indecisos. Entre ellos, sin embargo, sólo una pequeña minoría uno de cada ocho piensan que no hay motivo suficiente para esta huelga, lo que podría llevar a la mayoría de los indecisos a participar en ella.

Pero aunque menos de un 40% estén de acuerdo con la huelga convocada y menos del 20% de los que están trabajando o estudiando digan estar decididos a secundarla, en conjunto, el 55% de la población y un 59% de los trabajadoresconsidera que existen motivos suficientes para que los sindicatos convoquen esta huelga general. En mayor contraste aún con la escasa disposición a participar en ella, encontramos que el 68% de los asalariados piensan que la congelación de las pensiones, por sí sola, es motivo suficiente para una huelga general; y para el 64%, es también motivo suficiente la reforma laboral

El problema que hay tras estas actitudes contradictorias radica probablemente en la ambigüedad de la significación de esta huelga. Con independencia de las declaraciones de los sindicatos para motivarla, a ojos de la gente, esta huelga parece convocarse contra la política económica del Gobierno globalmente y no contra unas medidas legislativas concretas. Y la gente sabe que puede esperarse que una huelga general tumbe un decreto o una regulación aprobada (como ha sucedido en otras ocasiones), pero no espera que tumbe al Gobierno (y no parece tampoco que quienes la apoyan lo deseen en este caso).

En este sentido, esta huelga, en su planteamiento, tiene la apariencia de una huelga política, porque es toda la política del Gobierno, globalmente, la que parece censurarse con ella. En realidad, todas las huelgas generales son políticas, desde luego, pero no todas lo parecen tanto. Por eso, en coherencia con el carácter político con el que aparece, la mayoría de los entrevistados dicen que si la huelga tuviera éxito y el Gobierno no accediese a cambiar su política (algo que, según la encuesta, se descarta) debería convocar elecciones'. Y es por ese sentido político, que llevado a sus últimas consecuencias debería reclamar la dimisión de este Gobierno, por lo que mucha gente que ve motivo suficiente para convocar la huelga, sin embargo no está de acuerdo con ella y no se decide a secundarla. Porque tienen el corazón partido.