Publicado: 18.01.2014 14:57 |Actualizado: 18.01.2014 14:57

La cueva de Altamira volverá a recibir visitas de forma experimental tras doce años cerrada

Las visitas serán de cinco personas a la semana para dar continuidad al estudio que decidirá en el futuro si se abre de manera continuada

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Considerada la Capilla Sixtina del arte rupestre, la cueva de Altamira volverá a recibir visitas de forma experimental tras permanecer doce años cerrada al público, de tal forma que cinco personas a la semana podrán admirar las pinturas que alberga este yacimiento descubierto en el siglo XIX.

Las pinturas de la cueva, situada en Santillana del Mar (Cantabria), a 160 metros sobre el nivel del mar, en un cerro de calizas del cretácico, fueron identificadas en 1879 por el naturalista santanderino Marcelino Sanz de Sautuola, después de que su hija de diez años las descubriera fortuitamente. Pero Sanz de Sautuola no vio reconocida en vida la importancia del descubrimiento, ya que falleció en 1888 y no fue hasta principios del siglo XX cuando las pinturas de Altamira, declaradas patrimonio de la humanidad en 1985, obtuvieron la relevancia merecida.

Abierta al público en 1917, el 25 de abril de 1924 fue declarada monumento nacional por decreto ley y se convirtió en el yacimiento paleolítico más importante y visitado de España: posee una planta con dos tramos acodados de 270 metros de longitud, con obras de arte rupestre en todo su recorrido.

Correspondiente a las culturas solutrense y magdaleniense, la estructura de la cueva consta de tres zonas: un vestíbulo con luz natural, habitado desde comienzos del Paleolítico Superior; la gran Sala de los Polícromos; y otras salas y corredores con manifestaciones artísticas pero de menor importancia. Así, aunque Altamira conserva más de 260 pinturas y grabados, el conjunto más importante se encuentra en el techo de la Sala de los Polícromos.

Se trata de una bóveda de 18 metros de largo por 9 de ancho, que contiene más de treinta figuras, con representaciones de bisontes, caballos, jabalíes y ciervos, unas figuras polícromas, rojas y negras, que se superponen entre sí adaptándose a los salientes de la roca, para dar sensación de relieve.

Desde su apertura al público, recibió tal afluencia de visitas que en 1970, durante la Reunión Internacional de Ciencias Pre y Protohistóricas en Santander, se alertó de su paulatino deterioro tras la transformación de su microclima, invariable durante milenios.

En 1976, una comisión investigadora creada por la Dirección General de Bellas Artes reafirmó el deterioro del conjunto pictórico, y en 1977 se acordó su cierre. Después de exhaustivos estudios, Altamira se reabrió en 1982, pero de forma limitada: sólo 8.500 personas podían visitar la cueva al año. Debido a su estado, se comenzó a idear una réplica de las cuevas, cuyo anteproyecto, realizado por el arquitecto Juan Navarro Baldeweg, fue aprobado en 1994.

La primera piedra de la réplica se colocó el 29 de octubre de 1997, y el 17 de julio de 2001 fue inaugurado por los Reyes el complejo Nueva Altamira. Este complejo alberga, además de lo que se conoce como Neocueva, una superficie de 620 metros cuadrados en la que se reproducen, a tamaño natural, la entrada y el interior de la Sala de los Polícromos.

A pesar de que en 2010 el Patronato decidió reabrir la cueva al público con restricciones, finalmente se acordó constituir un grupo internacional de expertos para fijar las condiciones en las que se realizaría, y en agosto de 2012 se aprobó un programa de investigación sobre este asunto.

En el mundo existen otras tres reproducciones de Altamira: en el Museo de la Técnica de Munich (Alemania), en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid y en el parque temático de Ise-Shima, en Japón