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"Voy a dejarme la piel en el empeño de apoyar a Rubalcaba"

El eurodiputado socialista cree que el PSOE no va a ninguna parte "si los que pierden en un congreso se sientan a conspirar contra los que han ganado". Lamenta que haya "miles de personas cabreadas en las calles que objetivamente est&aacut

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Tras la manifiesta derrota electoral sufrida por su partido el pasado domingo en las elecciones que se celebraron tanto en el País Vasco como en Galicia, Juan Fernando López Aguilar (Las Palmas de Gran Canaria, 1961) fue el primero en asumir que los resultados colocan al PSOE en su 'peor situación en 35 años'. Al hoy eurodiputado y miembro de la Comisión Permanente del PSOE, que fue ministro de Justicia en el primer Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, le 'duele el Partido Socialista' y el momento que vive. Con su característica efusividad y sin poder disimular su pasión por la política en general y por el socialismo, en particular, López Aguilar reconoce el éxito de la derecha en su intento por desprestigiar la política. En plena polémica ante las voces que sugieren que Alfredo Pérez Rubalcaba debería abandonar para dar paso a nuevos dirigentes, él insiste en dejar claro que se mantiene fiel a su secretario general. La entrevista tiene lugar por teléfono, después de que el eurodiputado participara en Estrasburgo en un largo pleno del Parlamento Europeo.

¿Cómo interpreta los resultados obtenidos por su partido este domingo?

Cuando los últimos procesos electorales se contemplan en perspectiva y en su conjunto dibujan el paisaje más amenazador para el PSOE desde la transición. Porque señalan una pérdida de confianza y de crédito, y describen un abatimiento creciente de sectores importantes de la sociedad española que profesan valores progresistas pero que, sin embargo, no se movilizan para asegurar la victoria de la izquierda. Incluso cuando el PP pierde apoyos, como ha sucedido en Galicia, conserva o incluso incrementa sus mayorías absolutas. Eso supone un tremendo desafío para el PSOE. Y si a eso añadimos el abatimiento de nuestros militantes y el cabreo de nuestro electorado, la responsabilidad del PSOE para responder a este desafío es mayúscula. Tenemos que hacerlo cuanto antes.

¿Conocen ya cuál es el camino para dar esas respuestas?

La Comisión Permanente que ayer (por el lunes) deliberó acerca de los resultados, ya ha establecido la hoja de ruta, y es la hoja de ruta adecuada. Se trata de convocar grandes ocasiones de conversación del conjunto de los activos del PSOE. De sus representantes, de sus responsables, pero también de sus simpatizantes y de los que quieran ayudar al relanzamiento del proyecto socialista para poner en hora nuestra idea de España, nuestra idea de Europa y nuestro proyecto político.

¿Cuáles deberían ser los proyectos del PSOE sobre España, Europa y su propio partido?

El PSOE tiene que oponer una alternativa radical y rebelde frente a esta hegemonía conservadora que está detrás del desastroso manejo de la crisis que ha causado una tremenda injusticia pero, sobre todo, un aumento de las desigualdades. Porque desde los sectores más pobres de la sociedad se están tranfiriendo fondos y rentas a los más ricos y a las grandes fortunas, a través de la socialización de las pérdidas y de las inversiones especulativas de las instituciones financieras. En España tenemos que impulsar un modelo federal, apostando por un cambio profundo de la Constitución española. Y esto tiene que liderarlo el PSOE. No podemos ser conservadores de los materiales fatigados y desgatados de una Constitución de una democracia muy malherida. También dentro del partido debemos ser radicalmente innovadores a través de una apuesta rotunda por la ejemplaridad, correspondiendo lo que decimos con lo que hacemos, restaurando la solidaridad y la fraternidad dentro del PSOE y contando con todos. Tenemos que modificar nuestras estructuras organizativas y nuestras comunicaciones con la sociedad. Y tenemos que crecer en militancia.

Son las mismas ideas que han defendido en las campañas y, en cambio, han perdido en las urnas. ¿Cómo piensan convecer de este proyecto a la ciudadanía que parece estar tan lejos del proyecto socialista?

Lo primero es que nos tomemos el tiempo para hacerlo y que se note que lo estamos haciendo. Hay que poner la luz larga, sentarse a hablar y apostar por el pensamiento sólido. Por eso ayer (por el lunes) hice la referencia a que no podemos salir de ésta simplemente con un titular, con una frase más o menos ingeniosa, o con lo que he denominado socialismo de Twitter, es decir, un socialismo minimal, absolutamente inconsistente, banalizando las cosas más graves que nos están pasando con pequeñas frases.

¿A quién se refiere? ¿Quién practica ese socialismo de Twitter?

Es una herramienta de comunicación masiva y, por tanto, no puedo referirme a nadie en absoluto. Es un método de comunicación que minimaliza, banaliza y priva de consistencia a la necesidad que tenemos de pensar sólidamente sobre lo que necesitamos para España, para Europa, y para el propio PSOE. Necesitamos grandes conferencias que restauren al partido la autoestima malherida, y que lo hagan de manera efectiva. Que la restauren, sobre todo, de manera ofensiva ante esta derecha fatua, arrogante y despiadada que está haciendo un daño tremendo a todo lo que le importa a la gente a la que representamos.

Una derecha a la que los ciudadanos siguen respaldando en las urnas.

La derecha sabe muy bien lo que hace cuando empaliza el Congreso de los Diputados: Provoca que a sus puertas se convoquen cientos de personas cabreadas a las que se les distrae de lo que ocurre en La Moncloa y en Génova, que es donde se cocina todo lo que nos duele. Los votantes de la derecha están militarizados y, por tanto, el PP sabe que el desprestigio de la política hace un daño letal sobre los progresistas, a los que condena a la inanidad. Sabe lo que hace cuando quiere quitarle el sentido a la acción política eliminando las retribuciones a los diputados en Castilla-La Mancha, porque está creando las condiciones para hacer imposible la alternancia en esa comunidad. Es lo mismo que están intentando hacer en Galicia, pretendiendo reducir la política a escombros. Y mientras esto está pasando hay miles de personas cabreadas en las calles que objetivamente están contribuyendo a la perpetuación de la mayoría absoluta del PP cuando desertan de las urnas. Esto no lo vamos a arreglar en Twitter, insultando a los políticos por internet. Esto lo vamos a arreglar votando, y para eso el PSOE tiene que merecerlo. Es nuestra responsabilidad y no se la podemos transferir a los que están cabreados con nosotros. Tenemos que ser capaces de presentar una alternativa.

¿Cree que tras lo ocurrido estos ocho meses se puede hacer esa renovación con el equipo que lidera ahora el PSOE, con Alfredo Pérez Rubalcaba a la cabeza?

Esta operación de la restauración de la fuerza moral y de la atractividad y del prestigio de ser socialista la tiene que liderar la dirección que elegimos en un Congreso hace ocho meses. Claro que sí. Tiene toda la legitimidad para hacerlo y se trata de apoyarle. Y me dispongo a apoyarle y a dejarme la piel en el empeño, porque su suerte es la de todos nosotros. Tenemos un paisaje muy amenazador para la izquierda en toda Europa como consecuencia de muchos años de exaltación de una narrativa conservadora. Bajo ningún concepto puedo compartir ninguna aproximación desestabilizadora de la dirección que nos dimos en un Congreso muy reciente. Sin ninguna concesión al abatimiento, tenemos que ponernos a trabajar para recuperar el crédito ciudadano.

En cambio, desde la debacle electoral del domingo hay voces internas que parecen desacreditar lo que está haciendo la dirección de los socialistas.

Los socialistas tenemos la obligación de mostrar empatía con el sufrimiento de la sociedad española y, desde luego, con el de nuestros votantes. Por tanto no hay nada de reprochable en que los socialistas participemos en un debate de ideas y de propuestos y que nos exijamos ser más y mejor. Pero nada de esto avala ninguna concesión a la desestabilización interna de la dirección del partido que ganó su oportunidad en un congreso reciente y tiene el derecho y el deber de ponerla en marcha. Alfredo [Pérez Rubalcaba] ganó el Congreso e, independientemente de lo que votamos en ese Congreso, él es nuestro secretario general. Él tiene derecho a proponer un cambio organizativo en las conferencias que se celebrarán próximamente y que tendrá que significar contar con todos y ser más. Tenemos que ser muchos más y recuperar el prestigio de ser socialista.

Si se suceden y repiten fracasos electorales, ¿cuál es el límite del mandato que se le dio a Rubalcaba en ese Congreso de febrero?

La responsabilidad de lo que esta pasando interpela a todo el Partido Socialista. Por supuesto, en primera linea, a la dirección, pero la obligación de todos los que militamos en el PSOE es ayudar a la dirección. Y cuando las cosas van mal tenemos que contribuir a mejorar nuestro rendimiento. Los que miran al PSOE no quieren verle practicar volantazos irreflexivos, quieren que se siente a pensar y que se vea que el partido se está tomando en serio esta situación que es la más grave en estos últimos 35 años. Yo llevo diez años en puestos de responsabilidad, pero 30 años en el PSOE. Y me duele el PSOE, quiero al PSOE y amo al PSOE. Y a todo el que le duela la situación del PSOE tiene que interpelar para ayudar a la dirección, y no para maniobrar contra la dirección. Debemos sentarnos todos a practicar la fraternidad en el PSOE. No vamos a ninguna parte si los que pierden en un Congreso se sientan a conspirar contra los que han ganado.