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"He tenido novias de izquierdas"

Liberal y mochilero. Artista de tebeos, astronauta, motero, cineasta... Moragas se hizo diplomático para viajar, y ahora vive en el puente aéreo

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Jorge Moragas (Barcelona, 1965) tuvo su primera moto a los 7 años, lo que a esa edad debía de ser como volar. Brrrrrrrrmmmmm. 'Era una Cota 25. Me la compré con mis ahorros. A partir de entonces, siempre he tenido una: a los 14, un ciclomotor; a los 16, una de 75. Y desde los 18, trabajaba y me gastaba el dinero en motos y en viajar con ellas', recuerda el hoy coordinador de presidencia y relaciones internacionales del PP. Llegó a participar en carreras y, junto a sus amigos, durante el verano, dio la vuelta a Francia sobre dos ruedas.

Otras veces, metían las motos en un tren a Almería y, desde allí, cruzaban a África. Objetivo: recorrer Marruecos. 'Sólo con un mapa. Dormíamos al aire libre. O en una pensión. Buscando la aventura', añade. 'Yo pasé por muchas etapas. Desde astronauta a pintor o escritor. Pero ya de los 14 a los 18 tenía claro que quería salir y viajar, conocer mundo e ir descubriendo mi vocación. Sabía que con mi vida tenía que hacer algo intenso'.

'Si hubiera vivido el franquismo, me habría metido en el partido comunista'

En el fondo, lo que Moragas quería era hacer realidad una frase que Jim Hawkins decía en La isla del tesoro: 'Aquel chavalín se juntaba con piratas y se embarcaba con el objetivo de ser un hombre de mundo', dice. Aficionado a los tebeos y con 'un talento para dibujar', Moragas había leído a Stevenson en viñetas y, durante una época, su madre le animó a estudiar Bellas Artes. 'Pero mi padre quería algo más serio. Así que estudiaba Derecho y, por las noches, Bellas Artes en una academia privada. Aunque no tenía mucho que ver con mi carácter, porque nunca he sido un empollón, me hice diplomático con la idea de conocer mundo. Me abría ese horizonte de aventura, de conocer territorios, gente, culturas diferentes, el imprevisto...'.

Antes de volcarse a estudiar, este imparable Moragas pudo disfrutar de experiencias en otros países. En EEUU, por ejemplo, cuando aún estaba con la carrera, su vocación estuvo a punto, de nuevo, de irse al garete: 'Tuve una crisis y me planteé dejarlo todo para hacer cine. Imagina: Nueva York, un máster de cine, un grupo de gente. Me quedé impresionado'. Y de nuevo, su padre le hizo pisar freno. En otra ocasión, vivió una temporada en Francia, donde tuvo... otras experiencias. 'Me abrí a las lecturas y al debate', dice. Y, ¿alguna novia de izquierdas entonces? 'Sí, claro: he salido con chicas de izquierdas. Incluso yo he tonteado con la izquierda. He dado mis vueltas ideológicas y he ido abandonando la igualdad y acercándome a la libertad como valor político. Pero siempre choqué con el punto de vista intelectual de la izquierda del siglo XXI, que era en la que yo iba a vivir. Aunque no me cabe duda de que si hubiese tenido 20 años en el tardofranquismo, hubiera estado en la izquierda, pero no en el PSOE, sino en el partido comunista. Tenía las posiciones más afiladas para la lucha por la libertad y la democracia'.

Asumido su destino, Moragas hizo Derecho en Barcelona, 'probablemente la mejor época de mi vida', y se vino a Madrid para sacarse la oposición, a un colegio mayor 'bastante espartano, donde estudiaba seis días a la semana. El día que me quedaba me comía Madrid'. Cansado de Barcelona, 'que a esa edad me empezaba a parecer muy endogámica, un parque temático y un sofá muy cómodo que te atrapa', Madrid le ofreció 'contrastes, un mayor anonimato, aventura'. 'Sigo viéndola así. Es una de las ciudades más divertidas del mundo, el Nueva York latino', dice.

'Madrid es una de las ciudades más divertidas, es el Nueva York latino'

Con la llamada de la política, lo de los viajes se quedó en el puente aéreo: hoy Moragas tiene una vida a caballo entre Barcelona (donde viven su mujer y sus dos hijas) y Madrid (donde está a plena disposición de Rajoy). ¿Su día a día? 'En pie a las 7.30. Radio. Ducha. Moto. Despacho. Cortado. Agua fría. No desayuno. Trabajo. Comida y una pequeña siesta, justo en este sofá donde estamos. No salgo hasta las 22 horas e intento dormir para estar despierto', cuenta.

De la época de aventurero mantiene la mochila. Moragas se considera coqueto, su mujer le corta el pelo una vez al mes y ya ha dejado aquel 'macuto' que le hizo famoso. 'Ahora explica llevo una más sofisticada: me caben las zapatillas para correr, el ordenador, llaves, cargadores de teléfono y dos neceseres. Es una prenda de mi generación. Y ahora es muy habitual ver gente con traje, corbata y mochila. Es una prenda estándar, sin diferencias de clases sociales'.