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"Fue un luchador que dio su vida por las libertades"

Entrevista a Margot Ruano Casanova, hermana de Enrique Ruano. Trabaja desde hace 40 años para que el olvido no sea la segunda muerte de Enrique

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Margot Ruano tenía 18 años cuando murió su hermano Enrique. Fue testigo de la llamada que hicieron a su padre desde la Brigada Político Social. 'Su hijo se ha suicidado', le dijeron al otro lado del teléfono. Nadie les creyó. Margot cita a Público en la Facultad de Derecho, junto a Dolores González, detenida con Enrique eran novios. La violencia fascista habría de golpearla doblemente. En 1977, Dolores resultó herida de gravedad en el atentado contra el despacho de abogados laboralistas de la calle Atocha. Su marido y cuatro personas más fueron asesinados.

¿Cómo se enteró de la muerte de Enrique?

Por una llamada que hace la Policía a mi padre. Cuando se lo comunicaron, se le saltaron unas lágrimas terribles, supe que había sucedido algo terrible y él, entonces, se me abrazó muy fuerte y me dijo: 'Ahora hay que ser fuertes'.

¿Imaginaba que algo así podría acabar ocurriendo?

Nunca, jamás, aunque sí sabía que podían detenernos en cualquier momento, por el pánico que tenía la dictadura a que los estudiantes diéramos la vuelta a la sociedad.

¿Cómo era su hermano?

Receptivo y muy buena persona. Estaba lleno de dudas, ingenuidad y contradicciones, igual que todos nosotros en aquellos años, pero era una persona firme. Enrique era, además, entrañable cuando lo requería la situación.

¿Enrique luchaba por un país como el de hoy?

Él luchaba por la democracia. Luchó por llegar a conseguir que naciéramos y viviéramos en una democracia.

Su muerte fue de la mano de la infamia, el régimen la rodeó de un montaje.

Y algunos responsables están todavía sentados en poderes públicos y en despachos desde los que dicen servir a la democracia. De los tres policías que lo acompañaban cuando murió, dos se jubilaron en 1996.

¿Qué le diría a un joven de hoy para explicarle como pudo ocurrir aquella muerte en 1969?

Que fuera consciente de lo que hemos vivido y luchado. Los jóvenes han nacido ya en democracia, y no les ha costado conquistar la libertad, como a nosotros. Es importante que no lo olvidemos.

Hay quien cree que el olvido es la mejor fórmula de convivencia.

Les diría que no sean cobardes y asuman la cantidad de gente que ha muerto en la dictadura. No quiero provocar rencores, pero les pediría que tomen conciencia y lo asuman en su corazón, como hacemos nosotros ahora.

¿España ha sido ingrata con las víctimas del franquismo?

La gente olvida, pero no sé si es ingratitud o falta de conciencia, porque es más cómoda esa postura cotidiana.

¿Fue un héroe?

Cuando le asesinaron lo calificaron como a un héroe, como a un mártir. Yo creo que Enrique fue un estudiante, un luchador por la libertad que dio su vida hasta el final, sabiendo que, entonces, la lucha por las libertades era un riesgo cotidiano en el que te jugabas un altísimo precio: la vida. No nos engañemos, la dictadura fue terrible. La gente debería detenerse a veces, retroceder y pensar que lo que disfruta hoy, quizá deba agradecérselo a esta gente que se dejó incluso la vida en el camino.