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Medio ambiente El lindano, el veneno que contamina el Ebro y el Miño, deja de ser indestructible

Un experimento pionero ensayado por técnicos del Gobierno de Aragón en Sabiñánigo (Huesca) logra por vez primera eliminar el residuo, tóxico y cancerígeno, de las rocas por las que durante décadas se ha filtrado al río Gállego

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La única solución viable hasta ahora para el lindano era recluir sus residuos y esperar.

El HCH o hexaclorociclohexano, el veneno derivado de la producción industrial del insecticida lindano y cuyas decenas de miles de toneladas de residuos constituyen uno de los principales problemas ambientales de Europa –si no el mayor-, no es indestructible. La buena noticia llega del Pirineo oscense, donde una novedosa técnica de oxidación química alcalina conocida como ISCO ha logrado destruir el 99% de sus restos –y más del 95% del benceno, el tricloro y el clorobenceno asociados a estos- entre las rocas de un acuífero de Sabiñánigo (Huesca) que llevaba décadas emponzoñando.

Ese resultado, que llega tras dos años de pruebas en laboratorio, abre la puerta a reducir, e incluso eliminar, sus potentes efectos contaminantes, presentes en 34 focos de ocho países comunitarios, ocho de ellos diseminados por el norte de España, en las cuencas del Ebro y el Miño.

El lindano, prohibido hace un cuarto de siglo y cuyo proceso de fabricación generaba entre seis y diez veces más residuos que producto, es bioacumulable y cancerígeno, además de actuar como disruptor endocrino. Su persistencia le da un alto poder contaminante en los suelos y las aguas, desde las que entra en la cadena trófica a través de vegetales y peces, principalmente.

Ocho focos en España, 26 en el resto de la UE

El principal foco de contaminación de España se encuentra en Sabiñánigo (Huesca), donde la empresa Inquinosa enterró 150.000 toneladas de residuos y donde el último intento de aislarlos terminó contaminando 300 kilómetros de los ríos Ebro y Gállego  y dando lugar a un proceso judicial que ya suma 14 imputados.

Esa misma empresa y Bilbao Chemicals generaron en sus plantas de Asúa y Barakaldo (Vizcaya) otras 82.000 toneladas de desechos enterradas en 36 ubicaciones de sus inmediaciones y cuyos efectos obligaron a cambiar el abastecimiento de agua de esas localidades. Cerca de allí, en Vitoria, el vertedero municipal ha generado filtraciones tóxicas hacia el río Zadorra, afluente del Ebro.

Ecologistas en Acción ubica residuos de esas mismas firmas en la localidad soriana de Borobia –en las fuentes de Manubles, afluente del Jalón- y en las navarras de Viana y Eguzkiza –junto al Ebro y el Ega-, reseña otro foco ya limpio en Aguilar de Campoo –Palencia- junto al Pisuerga- y sitúa uno más en O Porriño (Pontevedra), junto al río Louro, afluente del Miño, a donde habrían ido a parar alrededor de mil toneladas de desechos de la fabricación de lindano y de DDT -insecticida cuyo uso también ha sido prohibido- de Zeltia.

Paralelamente, un informe elaborado por la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo a propuesta de la organización ecologista y de IU, reseña la existencia de focos de contaminación de lindano en 26 enclaves comunitarios repartidos por Alemania (8), Italia (1), Holanda (1), Chequia (9), Hungría (4), Polonia (1) y Rumanía (2), a los que se suman los ocho españoles.

Enterramientos junto a ríos

Un informe del Parlamento Europeo señala la existencia de 34 focos de contaminación por lindano en ocho países comunitarios

Se trata, en todos los casos, de enterramientos de residuos realizados por empresas que fabricaban lindano antes de que su comercialización fuera prohibida en los años 90. En la mayoría de esas ubicaciones –siempre cercanas a ríos, por la demanda de agua del sistema de fabricación-, la escorrentía natural ha provocado la contaminación de los acuíferos situados bajo ellas y de los sistemas fluviales a los que están asociados.

En el caso del Gállego, los desechos han llegado a erradicar la vida piscícola en varios tramos del río. En Barakaldo, convirtieron en inservible el sistema de abastecimiento de agua de la ciudad.

El principal problema de esos residuos es que, hasta la fecha, nadie ha sabido qué hacer con ellos. La única alternativa era aislarlos, con elevados costes, y esperar a que alguien hallara una receta para eliminarlos sin generar consecuencias más graves, algo que, en el caso de Sabiñánigo, iba a generar una factura no inferior a 550 millones de euros.

Los resultados del ensayo ISCO, sin embargo, han abierto una puerta. La inyección de 14.000 litros de un compuesto alcalino entre las rocas ha permitido destruir en un mes más de 5,5 kilos de contaminantes. “En un mes hemos eliminado la cantidad de lixiviado que habría llegado al río durante una década”, explica Eduardo Calleja, jefe de la Unidad de Descontaminación de Lindano del Gobierno de Aragón, que destaca que se trata de la primera destrucción de residuos de lindano en rocas.

“Podríamos haber seguido décadas así”

La técnica fue probada en una zona rocosa de 120 metros de largo por cinco de ancho situada a 40 metros de profundidad y por cuyas grietas, de entre tres y cinco milímetros de anchura, lleva décadas fitrándose hacia el aluvial del río Gállego el chapapote que generaban las decenas de miles de toneladas de lindano enterradas en el vertedero de Bailín.

“Lo complejo era lograr que a 40 metros de profundidad la reacción se produjera y fuera efectiva”

“Lo complejo era lograr que a 40 metros de profundidad la reacción se produjera y fuera efectiva”, señala, al tiempo que recuerda que la operación “entrañaba el riesgo de generar, si esa reacción no era completa, un nuevo contaminante”. Pero salió bien: comenzaron inyectando sosa para crear un medio alcalino que después atacaron con persulfato sódico por las pequeñas grietas de la roca, y trasladaron la escorrentía a una depuradora mientras los análisis realizados aguas abajo confirmaban que dejaba de llegar lindano desde esa zona.

La técnica ISCO (Oxidación Química In Situ, por sus siglas en inglés) “consiste en oxidar el residuo para transformarlo en CO2, agua y otros elementos de degradación de baja potencia”, explica Calleja, quien destaca que “es sólo un paso, pero es un gran paso”, ya que “estamos abordando la causa de la contaminación del agua subterránea”. Durante años, la intervención en Sabiñánigo ha consistido en depurar el agua del acuífero y en trasladar el chapapote que lograban extraer a un laboratorio de Burdeos donde era destruido. “Así podíamos estar décadas”, anota.

El ejecutivo autonómico considera que limpiar uno solo de los focos del Pirineo -el barranco de Bailín, que ha generado una balsa subterránea de residuos de 3.500 metros cuadrados de base- requeriría cinco años de trabajos y entre siete y diez millones de euros. Antes de acometerla, no obstante, es necesario diseñar la aplicación de la técnica a gran escala y hallar una solución para eliminar los escasos residuos que, a su vez, genera la solución.