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Nueve meses para una cita con el especialista

Cuatro testimonios de cómo afrontar la reproducción asistida.

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Raquel. 40 años

En las listas de espera de reproducción asistida no sólo hay mujeres que buscan su primer hijo, sino también madres que ya tienen uno y que se enfrentan a un problema de infertilidad para concebir el segundo. Es el caso de Raquel, de 40 años, que tuvo a su primer hijo en el año 2000 de forma natural y lleva desde el 2004 intentando tener el segundo, aunque sin conseguirlo.

Cuando tenía 36 años Raquel acudió al Hospital Puerta de Hierro, donde se sometió a tres inseminaciones artificiales que no prosperaron. Acto seguido le dijeron que, teniendo en cuenta su edad; que había cinco años de lista de espera para la fecundación in vitro y que ya tenía un hijo [las mujeres sin hijos tienen prioridad], cuando le tocara el turno tendría ya 40 años y no podrían someterla al tratamiento. '¿Qué pasa, es que no tengo derecho a otro hijo?', se pregunta Raquel, que ha acudido a un centro privado. 

Nuria, de 39 años, se encontró con el problema de la edad cuando hace tres años se dio cuenta de que tenía un problema de fertilidad. Tras tres inseminaciones en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid, fue derivada al Hospital La Paz, también de la capital, donde en julio de 2010, cuando tenía 38 años, entró en una lista de espera de un año para el tratamiento de fecundación in vitro.

Lo malo es que la lista de espera ha crecido en el último año, de forma que esta mujer no podría ser atendida antes de febrero de 2012, cuando haya rebasado los 40 años, por lo que, entonces, no podrá recibir el tratamiento al pasar el límite de edad que establece la sanidad pública. Nuria, que ha denunciado su caso a la Asociación El Defensor del Paciente, se lamenta y señala que, 'con 37 o 38 años ya has perdido el tren de la sanidad pública, y eso que estás pagando desde que naces'.  

Vanesa, de 31 años y residente en Lemona (Vizcaya), acudió a la Asociación Nacional para los Problemas de Infertilidad (Asproin) en busca de orientación. Intentó quedarse embarazada sin éxito desde enero hasta noviembre de 2010. 'Pedí cita en la pública en febrero para ver al especialista y me han dado fecha para el próximo octubre, así que decidí empezar a la vez en la privada', explica.

En el centro privado al que acudió trataron de solventar el problema de la baja calidad del semen de su pareja mediante la inseminación artificial, pero sin éxito. Aunque finalmente consiguió su objetivo mediante una técnica que consiste en la introducción de un espermatozoide en el óvulo de la mujer, se trató de un embarazo ectópico [cuando el embrión empieza a desarrollarse fuera del útero]. Tuvo que abortar, pero hoy sigue intentándolo, y eso a pesar de que el dinero que le piden en la privada 'es desorbitado'. 

El caso de Esther, administrativa de 36 años, y su marido, Emiliano, profesional de la construcción de 39 años, es un ejemplo ilustrativo de un problema, el de la infertilidad, cada vez más frecuente en España. Casados hace 11 años, empezaron a ir a por el niño poco después, cuando Esther tenía 27, pero no tuvieron éxito. 'Cuando vimos que llevábamos casi tres años y nada, decidimos acudir a un especialista para ver si había algún problema', explica Esther.

Desde el principio decidieron acudir a la sanidad pública, ya que la privada 'cuesta muchísimo dinero'. 'Acabas de empezar con la hipoteca y pagar 7.000 euros nos resultaba imposible', explica Esther. No tuvieron que esperar mucho, apenas un par de meses, para acceder a un tratamiento de inseminación artificial. Pero no funcionó. 'Después de eso la única opción era la fecundación in vitro', recuerda Esther. Se dirigieron a su hospital, el 12 de Octubre de Madrid, y entonces se toparon con una lista de espera de cinco años. 'Decidimos esperar porque era joven y no era muy tarde', explica Esther. Entretanto cambiaron de domicilio y al final sólo tuvieron que esperar tres años para someterse a la fecundación en el Hospital Clínico. Lo malo es que los tres ciclos a los que se sometieron acabaron también sin éxito, y las puertas de la sanidad pública, que tan tarde se habían abierto, se acabaron cerrando definitivamente para esta pareja que hoy reside en Fuenlabrada.

Años perdidos

Por detrás, como reconoce Esther, han quedado 'unos años preciosos perdidos' ya que al final han tenido que recurrir a lo que siempre quisieron evitar: la sanidad privada. Emiliano añade que querer concebir un hijo y no poder 'mina mucho la moral'. 'Al final no puedes más, sobre todo cuando pasa el tiempo y si la familia conoce la situación no deja de preguntar. Es como una pesadilla; llega un momento en el que tienes que decir: no podemos tener hijos para que nadie te vuelva a preguntar nada y no te agobien', explica Emiliano.

'Esta vez no vamos a decir el día ni nada', admite este hombre, que no sabe si lo volverían a intentar de fracasar esta vez: 'Tampoco se va a acabar el mundo; igual estás un par de años fastidiado, pero no nos vamos a desesperar'. Sin embargo, no oculta su ilusión de ser padre: 'Ojalá fueran dos, y tenemos más posibilidades porque la madre de Esther fue melliza'.