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Pasaporte para los bisnietos del alcalde rojo

Víctor Colomer es hijo dle regidor del PSUC que dirigió Barcelona durante la reitrada

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Una piña tropical lo emociona. 'Es mi fruta preferida y la probé en Veracruz; cuando llegamos en el Sinaia, fue lo primero que nos dieron en el puerto'. El ingeniero Víctor Colomer Vilasetrú no ha renunciado a su sabor en estos 70 años mexicanos tan fructíferos: dos hijas, un hijo y ocho nietos.

'Está bien que los niños tengan las nacionalidades de los padres', afirma

Su padre fue el último rojo, el alcalde accidental de Barcelona los tres últimos días hasta la toma franquista. Maestro de origen campesino nacido el 1896 en Corbins (Lleida) y activista renombrado, fue uno de los fundadores del PSUC en 1936. Concejal de Cultura durante los tres años de guerra, reorganizó la enseñanza en la capital.

El 23 de enero de 1939, al abandonar Barcelona el president de la Generalitat, Lluís Companys, empezó la diáspora. El alcalde Salvadó también salió. Colomer asumió las funciones de alcalde de una ciudad derrotada. 'Los del PSUC fueron los únicos que se quedaron', reafirma su hijo, mientras muestra los libros de historia que protagoniza su progenitor.

Víctor, entonces de 8 años, y su madre partieron unos días antes. 'Salimos de un piso precioso y de repente todo desapareció', recuerda. Y evoca las montañas de rifles en la frontera francesa. Algunos, recuerda, enterraban la pistola 'con la ilusión de recuperarla en cuanto regresaran'.

Fue su esposa quien insistió en los trámites para los nietos

Les aconsejaron alejarse y entrar en Francia, y así permanecieron unos meses en Montesquieu, siempre ayudados por el Gobierno en el exilio. Como su madre también era maestra, encontró lugar en una escuela nueva. Hasta que su padre, después de sufrir un campo de concentración, los encontró a través de las listas de exiliados. Y llegó con la noticia de que 'tenían chance de ir a México'. 'Esto nos salvó. Dicen que la guerra la ganaron los que vinimos a México. En España, todos lo pasaron muy mal, vencedores y vencidos', recalca.

Veracruz los recibió el 13 de junio con entusiasmo, al ritmo de La cucaracha con la Orquesta Madrid y sus piñas tropicales. Aunque derrumbado decía que los mejores se quedaron en Francia, Colomer Nadal siguió con su actividad cultural al poco de llegar. Y su hijo Víctor entró en el Colegio Madrid para refugiados y siguió en el Instituto Luís Vives, también fundado por republicanos.

Víctor Colomer está muy agradecido al presidente Lázaro Cárdenas: 'He discutido por él. No soporto que lo desprecien'. Hasta el extremo de elegir para estudiar el Instituto Politécnico Nacional, donde se licenció como ingeniero químico farmacéutico. 'Entré allí por ser de izquierdas, de Lázaro Cárdenas. ¡Si no hubiera sido por él, creo que ni estaría aquí!'.

Colomer recuerda el odio que despertaban los exiliados republicanos entre los viejos cachupinos españoles radicados en México, que pagaban a diarios como Excélsior para que los atacaran. El propio Lázaro Cárdenas tuvo que intervenir para meter en cintura a los falangistas mexicanos.

Sin volver a su tierra natal, su padre murió 'de tristeza' en Ciudad de México en 1960. Lo despidieron como 'a un soldado activo y combatiente contra la tiranía franquista'. Su hijo regresó casualmente por primera vez con los '25 años de paz'. La última ocasión fue con motivo del homenaje recibido en el Ayuntamiento de Barcelona, el 12 de abril de 2007.

Colomer no perdió la nacionalidad española. 'A los mexicanos no les gusta demasiado que tengamos dos nacionalidades, pero si no vas presumiendo de ello, no tienes ningún problema'. Está feliz de que sus nietos puedan obtenerla ahora como un resarcimiento a todo lo que la familia dejó atrás. Y porque 'está bien que tengan las nacionalidades de sus padres'.

Fue su esposa, Elba Valenzuela, una activa mexicana de Zacatecas, de origen vasco, quien insistió en hacer los trámites. Lo explica: 'No me fío de ningún país. Si algún día tenemos que salir, nos vamos a España. Nunca iríamos a EEUU'. Para él, el sueño americano fue el sueño mexicano.

Su hija mayor, Mónica, que la acompaña, es más práctica: 'La nacionalidad española ahora te abre las puertas de toda la UE, y en un mundo tan globalizado es una gran ventaja cultural y profesional poderse mover sin problemas'.

Ella, graduada en La Sorbona y con estudios en Italia, sabe de qué habla, de las dificultades de ser latinoamericano en Europa. Conoce bien España y ama Barcelona, la ciudad que un día su abuelo dejó como alcalde pero que nunca abandonó como ciudadano del mundo, partidario de la libertad y el socialismo.