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Rabia e incredulidad en el PNV

El partido nacionalista se enfrenta a una etapa de incertidumbre tras 30 años de gobiernos y un siglo de liderazgo

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Euskadi está a las puertas de un escenario tan desconocido que supone un punto de inflexión en su historia. La previsible llegada al Palacio de Ajuria Enea del candidato del PSE a lehendakari, Patxi López, está siendo planteada en los términos de un cambio' a 30 años de hegemonía nacionalista, pero en realidad constituye algo más profundo por el protagonismo que el PNV ha tenido en el devenir del País Vasco no sólo las tres últimas décadas, sino durante más de un siglo.

Patxi López afirmó días atrás, para reivindicarse como candidato, que 'el PNV no es ni el régimen ni la religión del País Vasco'. La frase es una negación demoledora de la herencia que deja el partido nacionalista, omnipresente en buena parte de la sociedad vasca desde su nacimiento hasta la actualidad. Para entender el fenómeno del PNV y su influencia social y política en Euskadi basta con un rápido repaso a la historia.

La ikurriña [bandera oficial en el País Vasco e izada también en algunos lugares de Navarra y el País Vasco francés como reivindicación de Euskal Herria] fue creada por el fundador del PNV, Sabino Arana, junto su hermano Luis, en 1894. El dirigente nacionalista José Antonio Aguirre fue lehendakari del primer Gobierno vasco en la II República y en el exilio hasta 1960.

La emisora pública Radio Euskadi nació por iniciativa del PNV en el exilio como un instrumento de la resistencia contra la dictadura. También el partido nacionalista convocó la primera manifestación celebrada contra la violencia, en 1978, con el lema Por una Euskadi libre y en paz. Aquel año, provocó con su llamada a la abstención que la Constitución sólo saliera aprobada en Euskadi con el 31% de los votos. Y lideró también la redacción del Estatuto de Gernika, en 1979, aún hoy incompleto por parte del Estado.

En definitiva, el PNV ha estado omnipresente y marcando el liderazgo en los momentos más relevantes de Euskadi no sólo los últimos 30 años, sino durante más de un siglo. Y ahora se enfrenta por primera vez a pasar a la sombra de la oposición. 'La gente está enfadada. El estado es de cabreo, pero hay que transmitir tranquilidad'. Quien habla es Iñigo Juaristi, miembro de la ejecutiva nacionalista en Guipúzcoa y coordinador de las bases en la comarca del Alto Deba.

Ese 'cabreo' se percibe en todos los batzokis, las sedes del PNV. Basta con sacar el tema para que simpatizantes o militantes comiencen a reivindicar que Ibarretxe es el único lehendakari 'legítimo', porque su partido ha sido el más votado [con más de 80.000 votos sobre el PSE], porque por territorios ha ganado en Vizcaya y Guipúzcoa y, además, porque PSE y PP han logrado la mayoría absoluta (38 escaños) por la ilegalización del mundo de Batasuna en el Parlamento vasco. Con todas las fuerzas en liza, habrían tenido 36.

'Han usado la Ley de Partidos como un cálculo electoral', afirma Juaristi, convencido de que si 'impera la cordura', habrá un gobierno en minoría del PNV. Es una creencia extendida entre las bases, reacias a aceptar que López está decidido a ocupar Ajuria Enea. 'Igual es una bomba de humo', dice Javier Barrutia, de 46 años, en el batzoki de Portugalete, que está junto a la calle Coscojales, donde vivió el líder socialista en su niñez

'Creo que Patxi López es de mi quinta, aunque yo soy de la calle Santa María. Aquí no hablan muy bien de él. La gente dice que parece que no se acuerda de cómo anduvo su padre [el histórico socialista vasco Eduardo López Albizu, Lalo] en el exilio contra la dictadura, y ahora le da igual irse con el PP. ¿Sabes que uno de los que apoya ese bipartidismo es Fraga, el que decía aquello de la calle es mía?', lamenta Javier Barrutia.

En Portugalete, en este pueblo de Patxi López pegado a la ría y a los antiguos Altos Hornos de Vizcaya, mandan los socialistas, pero casi resulta una excepción en el mapa de Euskadi. En las elecciones del pasado domingo, el PNV fue el partido más votado en 104 de los 111 municipios de Vizcaya (sólo en 7 ganó el PSE), en 79 de los 88 de Guipúzcoa (sólo en 9 se impuso el PSE) y en 40 de los 51 de Álava (5 fueron para el PP y 6 para el PSE).

Hay dos razones básicas que explican estas cifras: por un lado, el dominio del partido nacionalista es homogéneo por casi todo el territorio, mientras que el PSE concentra su fuerza en algunas poblaciones que han crecido con el desarrollo industrial, como la margen izquierda del Nervión, Andoain, Zumarraga o Eibar, además de San Sebastián y Vitoria.

Gloria y Benita no quieren ni pensar en un Gobierno vasco sin el PNV. Juegan a cartas en el batzoki de Zamudio, una localidad vizcaína que crece con el Parque Tecnológico, pero que conserva su arraigo rural y nacionalista de siempre. En el Ayuntamiento hay nueve ediles del PNV y sólo uno del PSE. 'Si hemos ganado, Ibarretxe debe ser el lehendakari. ¡Qué anda Patxi López! Encima, quiere quitar a Ibarretxe con los hijos de Franco', zanjan.

Hablan del actual lehendakari con una admiración inquebrantable. Es otra máxima. Las bases veneran a Ibarretxe, y no quieren ni oír hablar de que pueda ser apartado en una negociación con el PSE sobre el nuevo Gobierno. 'A Ibarretxe ni tocar', dicen Gloria y Benita. 'Está claro que él ha dado el empujón en estas elecciones', responde Juaristi. 'El apoyo a Ibarretxe es total, y si la dirección le dejara en un segundo plano, sentaría muy mal a las bases', agrega Barrutia.

¿Y cómo puede vivir la sociedad vasca una alternancia en el Gobierno vasco? Los especialistas coinciden en que el temporal amainará. Pedro Ibarra, catedrático de Ciencia Política de la Universidad del País Vasco, no cree que 'se vaya a montar una bronca'. 'Se va a cabrear el PNV y su reacción puede ser muy dura al principio, pero bueno... aunque no lleguen a un acuerdo, el PSE podría formar un Gobierno con respeto, no integrando a personas radicalmente contrarias al nacionalismo vasco. Sería lo deseable y dulcificaría la situación. Lo digo pensando, por ejemplo, para Educación', sostiene.

Lo plantea porque no ve al PNV en la vicelehendakaritza. 'No debería aceptarlo porque sería reconocer que ha sido segundo, cuando, en realidad, ha ganado las elecciones', dice, antes de añadir que el PSE ha jugado 'con ventaja' por la ilegalización de la izquierda abertzale de D3M: 'Eso es ser ventajista'.

Francisco Llera, catedrático en Ciencia Política y director del Euskobarómetro, cree que estas elecciones marcarán un antes y un después en la estrategia del PNV. 'Será más claro si pierde el Gobierno vasco o tiene que amortizar a Ibarretxe para mantenerlo. En todo caso, antes o después, y, especialmente, en la oposición, entrará en crisis y tendrá que rectificar profundamente su radicalismo , su concepción del país y de la política', apunta.

En el PNV, no todos piensan eso. Su ex presidente Xabier Arzalluz denunció el viernes la 'farsa' de las elecciones por el efecto de la Ley de Partidos. 'Si van así, a golpe de tuerca para que los demás tengamos que hacer lo que quieren, llegará el día en que conseguirán que los demás nacionalistas digamos no nos presentamos a las elecciones y a ver qué pasa entonces', advirtió.