Público
Público

Rajoy intenta exportar su malestar con la UE

El presidente se desespera por la resistencia del Consejo Europeo a cumplir los compromisos de junio. El Gobierno prioriza la puesta en marcha del supervisor bancario único el 1 de enero de 2013 al rescate del BCE

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Mariano Rajoy ha acudido hoy a El Elíseo a intentar hacer copartícipe a François Hollande de su descontento con las autoridades europeas. Al fin y al cabo, el mandatario francés está más sensibilizado después haber visto las orejas del lobo detrás de su economía, que, por primera vez desde 2009, se contrajo un 0,1%. Ayer, Grecia y Portugal; hoy, España e Italia; mañana, quién sabe, pero ninguno de los miembros del Eurogrupo está a salvo de caer en el abismo de la deuda, el de la salida más difícil por cuanto, como razonan vehementes en el Ejecutivo, es una patada al euro 'en el culo de cada país'.

El presidente del Gobierno ya no sabe qué hacer para que el Consejo Europeo cumpla el pliego de compromisos adquiridos en junio, especialmente, el de la unión bancaria. Está demostrado, para el Ejecutivo, que cada vez que se avanza en esta prioridad -y mínimamente, de momento-, el mercado se relaja y la prima de riesgo española baja. El despliegue diplomático entre La Moncloa, Bruselas, el BCE y el resto de países de la eurozona es tan intenso como la agenda europea de Rajoy: no hay tregua (va por la cuarta bilateral con Hollande) y 'sólo le queda instalar su propia oficina' en la capital belga, visualizaba hace unas horas un importante representante del Gobierno.

En medio de esta ofensiva, las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) para 2013 han caído como un jarro de agua helada sobre los conservadores, cuyos presupuestos para ese año han quedado noqueados sin haber empezado siquiera la tramitación parlamentaria.

Sin embargo, Rajoy -cuyo tono hoy en París era casi de enojo- no encuentra en este pronóstico del Fondo un aviso a España, únicamente, sino a toda la zona euro. En opinión de su Gobierno, se trata de un ultimátum a la UE sobre la subsistencia del mismo: o cumplen sus compromisos o se acaba la moneda única. Los del PP aseguran en tono desesperado que están haciendo todo lo que les han pedido -'Con la calle en contra, con los españoles hartos y desesperados'-, pero que esto no sirve de nada si los demás países e instituciones no cumplen con su parte. 'Así no se restablece la confianza', concluyen, que es la condición primera y decisiva.

Y argumentan que no se trata de un rescate puntual (o dos, porque si se acepta la ayuda del BCE, sería la segunda que recibe España), sino de una reforma estructural del sistema financiero europeo, con un organismo supervisor único de sus finanzas. 'Sobre todo, esto -inciden-, porque es lo que garantizaría la verdadera unión bancaria'.

¿Cuál sería entonces el escenario ideal para España? El Gobierno antepone al rescate del BCE el compromiso de la puesta en marcha de la unión bancaria el 1 de enero de 2013. Sin ésta, la ayuda abarataría la financiación española únicamente por un tiempo limitado. Ambos escenarios simultáneamente (ayuda del banco central y unión bancaria) dibujarían, seguramente, un escenario mucho más optimista a corto plazo.

Pero el Ejecutivo tampoco es partidario de endeudarse más con el rescate y aceptar una condicionalidad más estricta de la que ya soportan los ciudadanos. Preferiría no tener que pedirlo y comprobar que sólo con la unión bancaria se permite a España alcanzar niveles de financiación aceptables dentro de las restricciones.

Sin embargo, de momento, parece que ni uno ni lo otro. Especialmente críticos son los dirigentes conservadores con Alemania, que está ralentizando la puesta en marcha de la unión bancaria y el resto de compromisos de junio 'hasta límites insoportables'. Además, y de momento, Merkel prefiere que España evite el rescate y siga por una senda de austeridad que ya resulta intransitable. El problema de la canciller alemana es tener que acudir -con unas elecciones encima- al Bundesbank a escuchar las ya habituales negativas y reproches sobre la ayuda a los países del sur de Europa.

La semana que viene (18 y 19 de octubre) se celebra el Consejo Europeo. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, ya ha dicho hace unos días que los compromisos de junio se tienen que cumplir sí o sí, porque 'es una cuestión de credibilidad para la UE y para todos sus Estados miembros'.

El Gobierno, sin embargo, valora con escepticismo la predisposición de Barroso si enfrente tiene a Alemania, pero también a Holanda o Finlandia. Su susceptibilidad va unida al reproche al presidente del Consejo, Herman Van Rompuy, por su falta de contundencia. Hoy han recabado el apoyo del Hollande, su puntal más importante, pero no saben si insuficiente, porque la solidaridad europea empieza a vislumbrarse como una utopía.