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El rey, el republicano y el nacionalista

Juan Carlos mantuvo una animada charla con Guerra y Roca

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La esencia de la Constitución de 1978 quedó reflejada en una sola imagen: el corrillo festivo que formaron un rey, Juan Carlos; un republicano, Alfonso Guerra, y un nacionalista, Miquel Roca. O, quizás, en dos. Porque cuando el rey se salió, entró el príncipe Felipe.

Guerra, que fue cocinero mayor del texto junto con el fallecido Fernando Abril Martorell, y Miquel Roca, que además de representar al nacionalismo catalán hizo de correo del PNV, han coincidido muchas veces este año 'haciendo bolos', según explicó el presidente de la Comisión Constitucional.

'Nos pateamos España defendiendo la Constitución', explicó Roca, retirado desde hace años de la política activa. No son los únicos que han hecho bolos. En más de un acto, según recordaban, han coincidido con otros políticos que alumbraron la Carta Magna, singularmente con el socialista Gregorio Peces-Barba y el conservador Miguel Herrero de Miñón, que también acudieron ayer al festejo del 30 cumpleaños de su criatura. Tampoco faltaron a la cita Manuel Fraga y Santiago Carrillo, que llegó en animada charla con Gaspar Llamazares.

A falta de famoseo, que brilló por su ausencia a causa de la doctrina sentada por sor Maravillas, acapararon la atención los reyes, los príncipes y los viejos rockeros de la política, que no sólo estuvieron juntos sino que hasta anduvieron revueltos por el salón de los Pasos Perdidos.

Miquel Roca hizo su entrada con el vicepresidente económico, Pedro Solbes, que al término del acto aún se entretuvo en los pasillos explicando al ponente de CiU las claves de la recesión económica, ajeno a los dimes y diretes de si lleva el número premiado en la rifa sobre si habrá o no crisis de Gobierno.También se reencontraron los compadres Nicolás Redondo y Marcelino Camacho, que le organizaron una huelga general al viajante Felipe González.

Si no hubo famoseo ni canapés Bono suspendió el cóctel en señal de duelo por el último asesinato de ETA, tampoco hubo corrillo de periodistas con el presidente del Gobierno. Zapatero prefirió departir con sus ministros y con presidentes autonómicos, sin separarse de su esposa, Sonsoles Espinosa.

'Hoy es un día para disfrutar', fue su argumento renuente para que nadie le amargara el día. Sus palabras no debieron llegar a oídos de Mariano Rajoy, a pesar de que sus espaldas casi se rozaron durante muchos minutos. La instantánea la registró en una cámara digital Soraya Sáenz de Santamaría, que no cejó en el empeño aunque para captarla hubo de hacer varios intentos y auparse a una tarima.

El líder de la oposición no sólo se explayó sobre la actualidad política, sino que también habló de su última lectura Salvador de Madariaga y hasta de la buena salud de su padre. A pesar de que la cifra redonda de los 30 años y la presencia de los reyes animaron la concurrencia, no se ocultó la creciente dificultad de lograr una asistencia masiva a la celebración. 'Después de treinta años, ya es como de la familia... y, claro, la gente prefiere irse de puente...'.