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Sandokán quiere ser el Berlusconi de Córdoba

El empresario imputado en la Malaya por soborno se presenta como candidato a alcalde

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Millonario, populista, ex presidente del Córdoba CF, carismático, con escasa formación intelectual y mala dicción, con un ego que podría orbitar alrededor de la Tierra y un punto chabacano, así, como Silvio Berlusconi y Jesús Gil, es Rafael Gómez Sánchez Sandokán, quien ayer presentó oficialmente su candidatura para la alcaldía de Córdoba en las próximas elecciones municipales del 22 de mayo.

Gómez, procesado en el caso Malaya por cohecho (soborno) y multado por el Ayuntamiento de Córdoba con 24 millones de euros, por construir unas naves sin licencia, dio pocas pistas sobre su proyecto para Córdoba en una rueda de prensa convocada ayer en estas construcciones ilegales. Allí presentó Unión Cordobesa, un partido de autor y que contará 'con un equipo de gente joven, preparada y que va a dar la vida por Córdoba'. Sin más pistas, por el momento. También habló de proyectos. Improvisaba.

Eso sí, afirmó su convencimiento de lograr la mayoría absoluta en las municipales. Para ello, no le faltaron las promesas de crear empleo, construir vivienda cuyo precio esté por debajo del de VPO y pedir ayuda a la banca. Como buen aprendiz de Berlusconi, que apelaba a la Italia S.A. cuando llegara al poder, no le faltaron frases sobre la visión de lo público como mera empresa: 'Para ser alcalde hay que ser empresario, hay que pensar que es una empresa, cuando sepamos las tripas de ese negocio, actuaremos'.

Sandokán, ante la expectación de los periodistas y de los ciudadanos de Córdoba, aseguró que su decisión de presentarse a las municipales 'no la ha 'tomado de un día para otro', sino que la lleva 'meditando desde hace veinte años', y arguyó que no se podía ir de este mundo sin ser 'alcalde de Córdoba, porque tengo que hacer muchas cosas por mi ciudad'.

Gómez, de 66 años y procedente del popular barrio cordobés de Cañero, fue cabrero de niño, emigrante en Francia y joyero que dio el gran salto empresarial al pasarse al ladrillo en los años del champán, cuando era popular y dadivoso. Son muchas las historias de regalos espontáneos, relojes de oro incluidos, o de cómo sacaba de apuros a los vecinos de Cañero pagando, por ejemplo, bodas de hijos. Esa forma de comprar voluntades le sirvió para sacar a la calle a cientos de personas en manifestaciones cuando a partir de 2006 empezó a acuciarle la justicia.

Ayer afirmó que su candidatura no persigue ningún interés personal ni económico y que no se trata de una presión a los políticos locales para anular la sanción de 24 millones que pesa sobre su menguado imperio. 'Me importa tres pepinos la multa, vine en cueros al mundo y me voy en cueros, jamás he estado apegado al dinero, sólo tengo obligaciones con mis proveedores y mis trabajadores, pero tengo que partirme los cojones por mi ciudad. La multa, ahí están las leyes', expresó, volcánico e histriónico. Él, por si acaso, la ha recurrido ante todas las instancias posibles.

Sobre su procesamiento por soborno alegó: '¿Quién no está en Malaya? Yo no he hecho nada'. En su aparición, dejó además frases que demuestran su mesianismo. 'La gente se abraza a mí, me estaban esperando'; 'no soy político y no me interesa la política, pero tengo la obligación de hacerlo', 'la construcción de las naves fue para apoyar al pueblo'. Los partidos encajaron su presencia como pudieron. IU, que gobierna Córdoba, cree que es 'oportunista'. Para el PP 'ni fu, ni fa'. Y el PSOE lo comparó a Gil y Ruiz mateos. Gómez, mientras, amenaza: 'No tiraré de la manta'.