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Zapatero aviva con su ajuste la idea de adelanto electoral

El presidente se apuntala con Blanco de portavoz. La vicepresidencia se amortiza y Camacho asume Interior

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El reajuste del Gobierno anunciado ayer por José Luis Rodríguez Zapatero, que amortiza la Vicepresidencia primera y se limita a cubrir las vacantes creadas por la renuncia de Alfredo Pérez Rubalcaba, ha reforzado en círculos gubernamentales y socialistas la impresión de que el adelanto de las elecciones generales al otoño es un escenario cada vez más probable, condicionado únicamente por la inestabilidad económico-financiera de la zona euro. El propio presidente contribuyó a ese pronóstico al evitar, durante la comparecencia en la que anunció los nuevos nombramientos, comprometerse con el agotamiento de la legislatura.

La gran novedad del nuevo Gobierno es que la portavocía será asumida por José Blanco, ministro de Fomento y vicesecretario general del PSOE, cuyo nombre se había manejado en algunos círculos socialistas como una opción para sustituir a Alfredo Pérez Rubalcaba como vicepresidente primero. Sin embargo, esta vicepresidencia se suprime, como un gesto de austeridad, aunque el protocolo jerárquico sitúa a la vicepresidenta económica, Elena Salgado, como sustituta del presidente en caso de ausencia o necesidad. También se mantiene Manuel Chaves, como vicepresidente para Política Territorial.

Zapatero evita ahora comprometerse a agotar la legislatura

El nombramiento de Blanco como portavoz se interpreta como un síntoma más de que el fin de ciclo de Zapatero se acelera. Tras la renuncia de Rubalcaba para dedicarse en exclusiva a su nuevo papel como candidato electoral del PSOE, las quinielas apuntaban de manera unánime a la promoción como portavoz de Ramón Jáuregui, reclutado por Rubalcaba en la crisis del 20 de octubre de 2010, cuando fue presentado como una suerte de 'viceportavoz'.

Pero algunas indiscreciones atribuidas al ministro de la Presidencia en momentos cruciales para la hoja de ruta de la sucesión lo pusieron en el disparadero y Zapatero ha preferido afrontar el último repecho de su mandato teniendo de portavoz a alguien que conjuga la doble condición de ser una persona de su estricta confianza y un peso pesado del partido.

Destaca la gravedad de la incertidumbre financiera en la zona euro

Blanco no sólo es el número dos del PSOE sino también uno de los dirigentes que acompaña a Zapatero desde que, en 2000, decidió competir por el liderazgo de su partido. También pertenecen a aquel grupo original Nueva Vía otros tres ministros Carme Chacón, Trinidad Jiménez y Leire Pajín, mientras que en su primer Gobierno sólo contó con tres Jesús Caldera, Jordi Sevilla y Juan Fernando López Aguilar. De aquel primer Gabinete sólo se mantiene Salgado y del que formó tras las últimas elecciones generales sólo siguen en el mismo cargo Chacón, Sebastián y Garmendia.

Blanco, aunque dirige una cartera de carácter sectorial, en su condición de vicesecretario del PSOE no ha dejado de pronunciarse sobre todo tipo de asuntos. Hasta el congreso de 2008, fue el portavoz del partido. Ahora, al convertirse en portavoz del Gobierno sin dejar de ser el vicesecretario general del PSOE, le tocará ejercer como bisagra para intentar conciliar las ya evidentes diferencias entre la política del Gobierno y el proyecto electoral de Rubalcaba.

Zapatero, al explicar su designación, argumentó 'dos razones fundamentales: conoce bien la acción global que el Gobierno está llevando adelante; y es una persona que tiene conmigo una confianza muy directa y trabada durante mucho tiempo'.

La vicepresidenta Salgado sustituirá al presidente en caso de ausencia

Para asumir la cartera de Interior, Zapatero ha optado por la promoción de Antonio Camacho, secretario de Estado para la Seguridad desde 2004, cuando le nombró José Antonio Alonso. De él dijo el presidente que tiene 'un perfil muy adecuado' para asumir esa tarea por su 'dilatada trayectoria' como número dos del Departamento, especialmente en todo lo relacionado con la lucha contra el terrorismo. En este punto, reivindicó que, gracias a la política del Gobierno y el trabajo de las Fuerzas de Seguridad, 'la debilidad de ETA es profunda', por lo que no habrá cambios de estrategia.

Aunque Zapatero no comunicó hasta ayer mismo los nombramientos a los afectados, el presidente reveló que el miércoles pasado, durante su habitual despacho semanal, ya se los anticipó al rey. En su comparecencia ante los medios de comunicación, el presidente no ocultó ayer su preocupación por las nuevas turbulencias financieras, que por primera vez desde la creación del euro llevaron a que la prima de riesgo española se situara por encima de los 300 puntos.

'Tiene que haber una clarificación rápida y precisa', reclamó Zapatero, quien explicó que la reacción de los mercados está sobre todo vinculada a la indefinición en torno a la aportación del sector privado al rescate de Grecia. Pero, según agregó, la incertidumbre hace que 'la tensión y la desconfianza se extiendan a más países, de la importancia de Italia', y también a España.

'Hoy más que nunca necesitamos una respuesta europea, una respuesta de la zona euro', dijo en vísperas de reunirse hoy, en la Moncloa, con el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy.

En esta coyuntura de incertidumbre económica y financiera, Zapatero se reafirmó en la necesidad de mantener los objetivos de consolidación fiscal y culminar cuanto antes la reestructuración bancaria, así como las demás reformas en marcha. 'Necesitamos más esfuerzo, todo el esfuerzo de las fuerzas políticas y la máxima dedicación del Gobierno', dijo Zapatero, para quien el Ejecutivo no sólo 'sigue trabajando a pleno rendimiento', sino que tiene en estos momentos una 'tarea apremiante'.

El presidente repitió este mensaje con otras formulaciones similares. Así, reiteró que el objetivo del Gobierno 'es trabajar y cumplir los compromisos, todas aquellas cuestiones que tenemos por delante'; o que, a la vista de la referida incertidumbre, 'suena más razonable que nunca el triple objetivo de mantener la estabilidad, ganar la recuperación y crear empleo'.

Pero evitó, a diferencia de otras ocasiones, comprometerse con el agotamiento de la legislatura. En su lugar, apuntó que el Gobierno ha de trabajar 'pisando el acelerador' y se remitió a lo que dijo durante el Debate sobre el Estado de la Nación, cuando se limitó a hablar de 'llegar hasta el final', algo que podría juzgarse cumplido si las elecciones se celebraran a fin de año. Si finalmente se produce el adelanto, las fechas barajadas por los socialistas son el 27 de noviembre y el 30 de octubre, como adelantó Público.

La convocatoria para esas fechas obligaría a disolver las Cortes a finales de septiembre si fueran en noviembre o comienzos de ese mes si fueran en octubre, lo que entorpecería la aprobación parlamentaria de algunas reformas. De acuerdo con el calendario elaborado por el Grupo Socialista, hasta septiembre no será posible concluir la aprobación de la reforma de las políticas activas de empleo ni la de la negociación colectiva. Esto hace que, en caso de adelanto, las apuestas se inclinen hacia noviembre.

En cuanto al riesgo de colisión entre los mensajes del Ejecutivo y los del PSOE, Zapatero subrayó la necesidad de 'tener claros los planos'. Así, reivindicó que el Gobierno, 'gobierna'; y el partido, 'tiene la tarea de formular su proyecto político de cara a las próximas elecciones'. 'Los espacios están nítidamente marcados', sostuvo.

De la propuesta para crear una tasa a los bancos y cajas con el objeto de financiar la creación de empleo, Zapatero defendió que su calendario de aplicación es 'la próxima legislatura' y una vez que se haya concluido el proceso de saneamiento de las entidades financieras, por lo que, a su juicio, no entra en contradicción con la política del Gobierno. 'Cada legislatura tiene su programa', argumentó Zapatero.