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Zapatero: Llama al "esfuerzo colectivo" y evita anunciar nuevas medidas contra la crisis

"España vive un momento crucial para su futuro inmediato y de las próximas décadas"

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'España vive un momento crucial para su futuro inmediato y de las próximas décadas'. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, trazó ayer un relato circular que arrancó con esta expresión de gravedad y cerró con la misma llamada al 'esfuerzo colectivo' para encarar el desafío por el camino de una obligada transformación del modelo económico.

'El momento es decisivo. Podemos negarnos a acometer esta modernización y languidecer, o afrontar la necesidad de los cambios', abundó Zapatero. 'Nuestro destino está en nuestras manos, aunque nos cueste, y nos va a costar esfuerzos', advirtió el jefe del Ejecutivo en una intervención que duró 62 minutos, y en la que huyó de cualquier anuncio de propuestas y de pronósticos sobre el desenlace de la crisis.

El jefe del Ejecutivo reprimió desde el pragmatismo 'Hacer de la necesidad virtud', lo llamó guiños a la izquierda en materia fiscal y se limitó a un aplauso de oficio al papel de los sindicatos y al 'conjunto de valores que respaldaron los ciudadanos con su voto' en las últimas elecciones, aval que fijó como su 'pauta de actuación'. Tampoco los mercados brillaron como culpables en la intervención de un presidente que, consciente de su capacidad de acecho, eligió no soliviantarlos con acusaciones directas.

A cambio de esta tibieza, Zapatero cuajó su discurso de llamadas al consenso político seis invitaciones en su intervención inicial. El presidente apeló a un sacrificio colectivo con 'equidad y justicia' en su reparto. Premisas que tendrán 'manifestaciones en el proyecto de Presupuestos de 2011', según adelantó sin detallar su contenido. Cuentas públicas que recogerán, según adelantó también, una reducción de gasto de todos los ministerios 'por encima del 15%'.

'Es el momento de mirar con determinación hacia el futuro que queremos para nosotros y para nuestros hijos, cada uno desde su responsabilidad y con el concurso de todos', subrayó en su epílogo.

Atrás quedaba un relato con el término reforma como concepto más repetido. Si en el debate sobre el ajuste del déficit Zapatero habló a los mercados, ayer trató de dirigirse al corazón del país. 'Se lo digo a todos los ciudadanos: para crear empleo, mantener e incrementar nuestro bienestar y asegurárselo a nuestros hijos, tenemos que lograr un crecimiento más sólido sin incrementar el gasto público', introdujo el presidente. Y para 'crecer así', completó, 'hay que aplicar reformas que aumenten nuestra productividad' especialmente en cuatro capítulos: 'Sistema financiero, reforma laboral, del sistema de pensiones y de sectores específicos ligados a la competitividad', enumeró Zapatero.

En estos cuatro capítulos, el jefe del Ejecutivo reclamó a la oposición 'un amplio apoyo parlamentario'. Ninguna de sus intenciones constituye en sí una novedad, aunque, consciente de la incertidumbre que suscita, Zapatero abundó en pedagogía sobre la necesidad de estudiar una reforma de las pensiones animado 'no por la crisis', sino por el 'ciclo demográfico'. 'No es un problema de hoy, pero es un problema que debemos resolver hoy', enfatizó. ¿Cómo? Dos son los campos principales de actuación, según señaló: elevar de forma progresiva durante 12 años la edad de jubilación desde los 65 a los 67 años e introducir 'medidas que mejoren el grado de contributividad' del sistema.

Libre del corsé presidencial de su intervención inicial, Zapatero se creció hasta hacerse reconocible en su réplica a Mariano Rajoy. Con las pensiones en la diana del PP, el jefe del Ejecutivo recordó que el poder adquisitivo de las pensiones mínimas ha subido un 24% en los seis años de gobierno socialista, en contraste con el 3% que aumentó durante los ocho años de 'bonanza' de Aznar.

Al margen de la economía, sólo la sentencia del Constitucional sobre el Estatut se abrió paso en el capítulo de propósitos confirmados por el jefe del Ejecutivo, que dedicó a este punto el arranque de su intervención para conferirle mayor relevancia: 'Evaluaré la posibilidad de que algunos aspectos declarados inconstitucionales puedan ser abordados por el cauce constitucionalmente procedente', se comprometió.

'Me dispongo a seguir contribuyendo al desarrollo y aplicación del Estatut', solemnizó después. 'El tiempo ha servido para comprobar que con el Estatut no se rompía España', zanjó dirigiendo sus palabras a la bancada del PP.

Si la política tiene algo de teatralidad -y el Congreso es una cámara de representación también en la novena acepción del diccionario: 'obra dramática'-, el debate sobre el estado de la nación es la mejor ocasión para comprobarlo. Los aplausos miden cada intervención. Zapatero cosechó los del PSOE en diez ocasiones con su primera intervención -seis con su discurso económico y cuatro al hilo de otros asuntos-. Aún fríos, los socialistas le aplaudieron en pie al término de su discurso durante 55 segundos. Tendrían que esperar al duelo con Rajoy, ya por la tarde, para calentar palmas y adjetivos.