Las carga el diablo

28 de febrero en Andalucía. Nada que celebrar

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, interviene durante el Foro Joly, en el Hotel Westin Palace, a 19 de septiembre de 2022, en Madrid (España). Foto: Marta Fernández / Europa Press
El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, interviene durante el Foro Joly, en el Hotel Westin Palace, a 19 de septiembre de 2022, en Madrid (España). Foto: Marta Fernández / Europa Press

Nada que celebrar mañana en Andalucía. Cinco años ya sin nada que festejar. Se admiten ideas para tirar algún que otro cohete, porque... ¿qué podemos celebrar este 28-F? ¿Acaso que somos una de las autonomías más pobres, menos desarrolladas, con mayores índices de precariedad del país y aún así no se nos ocurre otra cosa que votar en tromba a la derecha?

¿De verdad hay quien cree que Moreno Bonilla va a mejorar alguna vez la vida de los más débiles? ¿De verdad hay quien se crea que la eterna brecha andaluza entre los que más y los que menos tienen va a disminuir con el PP en el poder? Si no es así, ¿me quieren decir por qué extraña conjunción astral hemos brindado mayoría absoluta a quienes más pronto que tarde dejarán la sanidad, la educación y la dependencia hechas unos zorros? Se me ocurren pocas respuestas que me dejen el cuerpo con ganas de celebrar nada este 28 de febrero.

¿Me pueden decir qué es lo que ha mejorado en los cinco años que lleva la derecha instalada en el palacio de San Telmo? Mayoría absoluta desde junio del año pasado, es verdad, así que nada que objetar desde el punto de vista democrático, pero eso es lo que refuerza mi necesidad de proclamar que no tenemos nada que celebrar, ¿de verdad quienes los votaron han mejorado su vida en algo, salvo las pocas familias que llevan decenios, incluso siglos, manejando el cotarro, los terratenientes de siempre, los señoritos a caballo y escopetas de caza de siempre?

¿Me pueden explicar qué demonios ha pasado con la izquierda en Andalucía para que este momento de festín neoliberal y de desmantelamiento de los servicios públicos que estamos viviendo haya sido posible? Lo único que se puede decir es que lo socialistas desaprovecharon nada menos que cuarenta años seguidos al frente de la Junta. Establecieron como prioridad básica permanecer en el poder cuanto más tiempo mejor y se dedicaron a potenciar ferias y fiestas, engrandecer la semana santa o promover romerías convencidos de que esa era la manera más fácil de retener el voto de los retrógrados. Antepusieron durante cuarenta años la búsqueda de clientelismo a la consolidación de las conquistas sociales o la promoción de la actividad industrial así que, cuando fueron desalojados de las poltronas, la derecha se encontró con prácticamente todo el trabajo sucio hecho.

Seguíamos siendo los más pobres, pero en el Rocío se reunían más de un millón de personas; teníamos los salarios más bajos, pero la semana santa es todo lujo y esplendor desde Ayamonte hasta Pulpí, teníamos uno de los índices de paro más ínfimos del país, pero en Canal Sur podías escuchar coplas y flamenqueo casi todo el día, o disfrutar de Juan y Medio intentando emparejar personas de la tercera edad todo el tiempo. ¿No es maravilloso?

Le dejaron el cortijo tan a huevo Susana Díaz y Manuel Chaves a Moreno Bonilla que este no ha tenido más que rematar la faena. Le faltó tiempo para envolverse en la bandera andaluza consiguiendo así confundir a tanto despistado como pulula por esos pueblos perdidos y, en el colmo de la desfachatez, hasta se atrevió a reivindicar la figura de García Caparrós, el joven malagueño asesinado durante la manifestación que reclamaba para Andalucía una autonomía que la derecha nunca quiso.

Hasta el legendario Alejandro Rojas Marcos le ha acabado siguiendo el juego (tampoco es que resulte tan de extrañar) y ahí tenemos a Moreno con el viento a favor despojándose ya de la piel de cordero y acometiendo sin escrúpulo alguno el neoliberalismo más salvaje: promoviendo universidades privadas completamente innecesarias, recurriendo ante el Tribunal Supremo el impuesto a las grandes fortunas, haciendo que se froten las manos especuladores de la peor ralea o anunciando que acabaremos pagando en sanidad hasta los servicios de atención primaria.

Con absoluta impunidad, quien consiguió hacer creer a la mayoría del electorado que era una especie de mosquita muerta, está sacando ya su verdadera cara. No, no hay nada que celebrar mañana 28 de febrero en Andalucía. No hay nada que celebrar porque quien preside la Junta no está interesado en mejorar la vida de quienes peor lo pasan, tampoco en combatir la desigualdad, ni la injusticia ¿A quién se le pudo ocurrir pensar que, con el PP en el palacio de San Telmo, esa Andalucía a la que la derecha mantuvo en la miseria durante siglos iba a hacerles salir de ella?

Mañana, tras otorgar las medallas de hijos predilectos a David Bisbal, y a título póstumo a Lola Flores, manda narices, sonará el himno de Andalucía en el lugar donde se celebre el acto. Tanto Moreno Bonilla como toda su cohorte no tendrán ningún reparo, ya lo verán, en cantar a voz en grito:

Andaluces, levantaos,
Pedid tierra y libertad.

¿No les parece una profanación, un descaro casi pornográfico? Pues eso, que mañana, al menos yo, no tengo nada que celebrar.

J.T.

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