Dominio público

La democracia soy yo

Ana Pardo de Vera

El rey Felipe VI (i), la princesa Leonor y el emérito Juan Carlos I, de espaldas.- EFE
El rey Felipe VI (i), la princesa Leonor y el emérito Juan Carlos I, de espaldas.- EFE

El emiratí de adopción y rey emérito de España, Juan Carlos I, tiene dos visitas programadas a España en poco más de un mes y sin que a nadie sorprenda ya la desfachatez con la que las ejecuta, esto es, pasándose por el forro las "explicaciones" que el presidente del Gobierno le ha pedido por el desfalco a manos llenas en que incurrió desde y gracias a la Jefatura de Estado que le otorgó su antecesor, el dictador genocida, y nos metieron por la trasera de la Constitución en 1978.

Este lunes 25 de septiembre, el rey emérito debería llegar a Sanxenxo (Pontevedra) para su regata del alma y aunque su hijo, el rey ejecutivo, estará inaugurando el mismo día el Foro de La Toja (oficialmente, Illa da Toxa, a 14,8 km. de Sanxenxo), no consta en agenda que vaya a haber encuentro regio. Este, sin embargo, tendrá lugar, inevitablemente para Felipe VI, el 31 de octubre, el día señalado para que la Princesa de Asturias jure la Constitución como heredera -esperamos que potencial como mucho-.

Ese día, martes, habrá actos oficiales y solemnes en Congreso y Senado, pero Juan Carlos no está invitado a las Cortes Generales: el emérito únicamente puede ir a la fiesta privada que la Familia Real celebrará en el Palacio de El Pardo por encima de nuestras posibilidades y solo con quienes Felipe y Letizia decidan que están invitados/as. No consta, sin embargo, que los reyes vayan a estar muy cómodos con la presencia de Juan Carlos de Borbón, pero el emérito debió de amenazar con plantarse allí igualmente y contener la respiración ante las reales verjas hasta que lo dejaran pasar a palacio, así que mejor evitar la escandalera y abrirle la puerta con tiempo.

Es curioso como nos hemos acostumbrado en este maltratado país a la desvergonzada situación de Juan Carlos, un exjefe de Estado presentado durante décadas como adalid de la democracia y de una especie de monarquía republicana llamada juancarlismo, que después de demostrarse la estafa que supuso su reinado con la complicidad de las instituciones, pueda entrar y salir de España cuando le salga del título de rey (que por ley conserva) después de poner a buen recaudo su oscura fortuna en un Estado offshore que se pasa los derechos humanos por el forro de la kandura.


Lo mejor del choteo regio, no obstante, es que el rey emérito se plante en Madrid para celebrar que la princesa Leonor jura la Constitución, cosa que Juan Carlos no hizo porque ya venía ungido por un demócrata como Francisco Franco, que sí le hizo jurar en 1969 los principios del Movimiento ante la Biblia y las Cortes franquistas en rigurosa oficialidad y siniestra pompa (algo así como "O firmas o me hereda tu padre") El emiratí de adopción nunca se desdijo de su juramento franquista ni confirmó la Constitución de 1978, porque ésta llegó cuando Juan Carlos ya traía la corona puesta y se limitó a rubricarla.

Hubo debate, no crean, sobre si un jefe de Estado heredero de un dictador debía jurar o no una Constitución democrática, aunque ya estuviera nombrado antes que ella. Pero no duró mucho, apenas unos breves en algún periódico que, como Diario 16, recogieron un teletipo de Europa Press asegurando que se estaba "estudiando" la cuestión en el Parlamento. Hasta Alfonso Guerra, azote de feminazis, pedía que el rey jurara de una puñetera vez... La recién aprobada entonces Constitución Española recoge en su art. 61.1 que "El Rey, al ser proclamado ante las Cortes Generales, prestará juramento de desempeñar fielmente sus funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas".

Como decimos, no obstante, el rey ya nos venía puesto y aunque habría sido únicamente un gesto de decencia política la de que Juan Carlos de Borbón jurara la Carta Magna, se descartó para no marear más la perdiz de la legitimidad democrática del hoy emérito y emiratí y luego, con el golpe de Estado de 1981 y el (siempre presunto) decisivo papel del rey para abortarlo, el juancarlismo quedó oficializado. "La democracia soy yo", dicen que se oyó fuera de cámara cuando el rey acabó de hablar por TVE a los amedrentados españoles de bien, la madrugada del 24 de febrero y vestido con uniforme de capitán general de los Ejércitos, ¿recuerdan? Pues ahí sigue, riéndose en nuestra cara. 


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