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Casi 3.000 bengalíes atacadas con ácido en una década

Desde 2002 la Ley de Control del Ácido limita la venta de la sustancia

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Bastaron unos segundos para que la cara de Khodeja se deformara para siempre. El ácido le corroyó la piel, le cegó un ojo, le cambió la vida. Un problema de tierras llevó a un vecino a usar el ácido como venganza. No sólo se lo arrojó a ella, también a su marido y a su hija, de tan sólo 18 días de vida. Ocurrió hace ya siete años, pero Khodeja aún recuerda el tremendo dolor que sintió aquella noche. El espejo y las miradas de la gente se lo recuerdan todos los días.

Ella es una de las más de 2.800 personas, mujeres en el 75% de los casos, que han sido atacadas con ácido en Bangladesh desde mayo de 1999 hasta diciembre de 2008. Negarse a mantener relaciones sexuales o mantenerlas fuera del matrimonio, disputas familiares, problemas domésticos o de tierras son algunos de los oscuros motivos que se esconden detrás de los ataques. Sus propios maridos o familias suelen ser los culpables. La impunidad es la norma.

Desde hace una década, varias ONG y grupos de influencia se han dedicado a la atención a las víctimas y a presionar al Gobierno para que actúe. Fruto de su trabajo es la Ley de Control del Ácido de 2002, que limita la venta de la sustancia, muy utilizada en el país por el gremio joyero. Ahora, sólo los profesionales que acrediten la necesidad de ácido para su trabajo pueden obtenerlo. De momento, han conseguido que el número de ataques descienda, aunque el mercado negro existe, especialmente en el área rural.

Su ejemplo ha calado: en Pakistán, el Tribunal Supremo ha pedido este mes al Gobierno la creación de un marco legal para controlar la venta de ácido, muy usado para atacar a las mujeres también en este país.

En el centro Sodeh de la ciudad bengalí de Satkhira dan apoyo psicológico, económico y legal a las mujeres víctimas del ácido. Allí se reúnen también pequeñas redes de mujeres que usan ese espacio como punto de encuentro para compartir experiencias y ayudarse mutuamente. El director del centro, Madhab Chandra, dice que cada vez es mayor el número de personas que acuden, animadas por una sociedad que va adquiriendo conciencia sobre esta violencia.

Chandra señala la impunidad como el principal obstáculo a vencer: 'Muchos culpables escapan de la justicia. Además, el número de enculpamientos falsos está creciendo. Por ejemplo, los ricos que atacan con ácido culpan a gente pobre, lo que complica mucho más la acción de la justicia'.