Público
Público

3.096 días de secuestro y 200 golpes a la semana

La austriaca Natasha Kampusch publica esta semana el libro en el que evoca su secuestro

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

Natasha Kampusch, la austriaca que fue secuestrada durante ocho años por un hombre que se arrojó a las vías del tren cuando ésta consiguió escapar, ha plasmado en las 284 páginas de 3.096 días la violencia, los abusos y las humillaciones a las que le sometió su captor, que le obligó a llamarle 'mi señor' cada vez que se dirigía a él.

El libro, por el que se especula que Kampusch ha cobrado 1,2 millones de euros, saldrá a la venta en Austria el 8 de septiembre con una tirada inicial de 50.000 copias y será traducido al español. La presentación, el próximo jueves, correrá a cargo de la propia Kampusch en una librería de la capital austríaca.

Pese a que la joven rememora su infacia, la parte que la mayoría de los lectores quiere leer es la referida al secuestro y posterior fuga, en agosto de 2006.

Fueron días, meses, años en un sótano 'frío, húmedo, repugnante' en el que el captor, Wolfgang Priklopil, la metió desde el primer día. Las primeras horas fueron de angustia, pese a que era sólo una pequeña de diez años.  '¿Vas a abusar de mí?', le preguntó a su captor, que replicó con un no: 'Eres demasiado joven para eso'. 'Ya no vas a ser por más tiempo Natasha. Ahora me perteneces', le amenazó.

A partir de entonces todo fueron obligaciones: a raparse la cabeza o a trabajar semidesnuda como una esclava del hogar. 

'A los 14 años había intentado varias veces estrangularme con prendas de ropa'

Kampusch, que confiesa que intentó suicidarse en varias ocasiones ('A los 14 años había intentado varias veces estrangularme con prendas de ropa. A los 15, traté de cortarme las venas con una aguja de coser'), relata en el libro cómo su cuerpo estaba repleto de contusiones derivadas de las numerosos golpes —hasta 200 por semana, asegura— que sufrió a lo largo de su cautiverio.

Huesos rotos y marcas, como las producidas en las muñecas al ser atada a los barrotes de la cama.'Odiaba cuando me ponía a llorar', relata la joven que ahora tiene 22 años. 'Entonces me agarra del cuello, me arrastra al fregadero y me metía la cabeza bajo el agua y me apreteba hasta que casi perdía el conocimiento', evoca. Golpes y humillación, como la que sintió cuando tuvo su primera mestruación: 'Me trató como si fuera una leprosa'.

La alternativa que halló para minimizar la pesadilla fue salir de sí misma y contemplar los hechos como si fuera una mera espectadora. Espectadora de una película de terror. 'Abandonaba mi cuerpo y veía desde muy lejos lo que se hacía conmigo', apunta.

Kampusch explica que su secuestrador hablaba de entregarla a 'los otros' y luego desentenderse de ella. La afirmación reabre la especulación, descartada por la investigación oficial, de que hubiera más implicados en el caso.

'Quería impedir que me desarrollara como adulta. Era paranoide, enfermo, pobre. De lo contrario, no habría necesitado secuestrar a una niña', cuenta Kampusch.