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Berlusconi piensa en el 'Tea Party' como salvación

El primer ministro italiano quiere copiar el modelo ultra de los republicanos de EEUU y tiene su propia Palin

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El pasado domingo, en un mitin en Roma, Silvio Berlusconi acusaba a los suyos de haber provocado la crisis de Gobierno que estuvo a punto de abrir el camino a las elecciones a finales de septiembre.

Il Cavaliere piensa que su partido, el Pueblo de la Libertad (PdL), necesita un cambio. Una renovación. Y valora la posibilidad de un Tea Party al estilo republicano, para ganar los votos suficientes a unos comicios adelantados que probablemente se celebren la próxima primavera.

Según el diario La Repubblica, Berlusconi habría pedido información durante el pasado verano sobre la formación, estructura e ideario del Tea Party. En realidad, tal y como están las cosas ahora mismo en el panorama político italiano, esta podría ser la única tabla de salvación del primer ministro.

De una parte, la ruptura total con Gianfranco Fini, su colega de viaje en el PdL hasta que en julio fue expulsado por criticar los tejemanejes de 'il Cavaliere' con la Justicia, ha llevado la incertidumbre a la coalición de Gobierno. 

El ejecutivo italiano está formado por tres grupos políticos principales: el PdL, el Futuro y Libertad, creado a la postre por Fini como respuesta a su ruptura con Berlusconi, y la xenófoba y separatista Liga Norte de Umberto Bossi. Además, Berlusconi cuenta con el apoyo de varios partidos minoritarios del grupo mixto que le dan un puñado de votos insuficiente para gobernar en caso de que le falle una de las dos patas básicas.

La moción de confianza demostró el poder de Fini en las decisiones del GobiernoA finales de septiembre Berlusconi se sometió a una moción de confianza ante el Parlamento. El Gobierno se salvó claramente al voto a favor de los finianos, lo que significa que cualquier decisión que quiera tomar a partir de ahora el primer ministro, tendrá que contar con el consenso de Fini, presidente de la Cámara.

Este hecho ha fomentado que los partidos de izquierda en la oposición pidan sin cesar un gobierno de transición que promueva una reforma de la ley electoral y acabe por convocar a las urnas a los italianos para el mes de mayo. Berlusconi resiste, pero los movimientos a su alrededor indican que todo está listo para los comicios.

Fini, días después de la moción de confianza, unió a los suyos para cerrar las bases del partido y conformarlo como alternativa política de 'centro derecha europea'. La izquierda también se está moviendo al mismo ritmo. El pasado lunes, los líderes del Partido Democrático Pier Luigi Bersani y del Izquierda y Libertad, Nichi Vendola, comieron juntos y pactaron una coalición de izquierdas que acabe con el 'berlusconismo'.

Sin Fini, con el país levantado contra Bossi por sus constantes ataques a todo lo que no sea del norte, y con la izquierda organizada, a Berlusconi no le quedaría otra que crear un grupo independiente para equilibrar la balanza.

De ahí que la idea del Tea Party que propone La Repubblica sea una opción muy viable. Según el diario, Berlusconi habría elaborado ya un sondeo de opinión y, visto el éxito del Tea Party en EEUU, gracias a la colaboración de Sarah Palin y el altavoz que obtiene gracias a la Fox de Rupert Murdoch.

Daniela Santanché se convertiría en la Sarah Palin italiana Contando con que Berlusconi tiene los medios informativos para promocionarse, le faltaría una persona que encarnase a la propia Palin. Esa persona encargada de mover a las bases más conservadoras tiene un posible nombre: Daniela Santanché. 

Santanché, ex de la Alianza Nacional de Fini, simpatizante de la extrema derecha italiana y repescada por 'Il Cavaliere' para la causa, encarna la imagen de mujer conservadora, católica, batalladora y recta de Palin. Y con el aparato mediático y la imagen montados, sólo faltaría el ideario.

Según La Repubblica esto es lo más sencillo de todo. El Tea Party a la italiana sería el encargado de recuperar la confianza de las mujeres de derechas desencantadas con Berlusconi por sus escándalos sexuales; de recapitular a todos los votantes católicos que se quedaron sin representación significativa tras el escándalo de Tangentópolis en los 90, que descabezó a la política italiana dando origen al imperio Berlusconi; y de posicionarse contra la inmigración, a favor de las familias tradicionales y la bajada de los impuestos. Una versión del 'dios, patria y ejército' que defiende Sarah Palin.