Publicado: 09.10.2016 08:43 |Actualizado: 09.10.2016 08:43

"La cárcel no nos va a dar la paz que Colombia necesita. Los acuerdos sí"

Erika Antequera, periodista y víctima de la guerra en Colombia, apuesta en 'La Tuerka' 
por el diálogo con quienes votaron No a la paz el pasado domingo.

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Erika Antequera, durante el debate de En Clave Tuerka 'Colombia, más allá del silencio de los corderos'.

Erika Antequera, durante el debate de En Clave Tuerka 'Colombia, más allá del silencio de los corderos'.

MADRID.- “En Colombia tenemos que dejar de matarnos y empezar a dialogar. Es lo básico”. Es la opinión de Erika Antequera, periodista y víctima de la guerra en su país, cuyo padre, José Antequera (destacado líder de la Unión Patriótica en los años 80) fue asesinado hace ahora 27 años.

Es por eso que a Antequera le gusta hablar con serenidad, escuchando y dialogando, pues esto es lo que cree que ha faltado durante todas estas décadas, y es también lo que está segura que debe hacerse ahora, con todos. Con los que votaron Sí y con los que votaron No en el referéndum celebrado el pasado 2 de octubre en Colombia, cuyo objetivo era refrendar los acuerdos de paz alcanzados (tras cuatro años de negociaciones) entre el Gobierno y las FARC-EP (las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y el Ejército del Pueblo).



“En todos los países hay personas de izquierdas y de derechas. Y lo normal es que puedas sentarte en una mesa y escucharlos. Pero en Colombia esto no es así. No puede ser que cada vez que alguien se salga de las líneas básicas del bipartidismo en mi país sea asesinado”, declara la periodista a La Tuerka tras participar en el debate de En Clave Tuerka Colombia, más allá del silencio de los corderos.

Y Antequera no habla por hablar, sino por triste experiencia, la de su familia, la de su padre, víctima de un atentado como consecuencia de la defensa de sus ideales políticos. En su caso del lado de la izquierda y de la defensa de los que menos tenían. “Mi madre siempre nos inculcó respeto, orgullo por nuestro padre. Pero también capacidad para ponernos en los zapatos de los otros. Y la fuerza suficiente para no albergar rencor. Porque no es útil. Lo útil es reconvertir tu estigma de víctima y usarlo para contar tu historia y defender la paz, para que no haya otras víctimas”.

Por eso Antequera defiende con avidez los acuerdos de paz sellados el 24 de agosto en La Habana y firmados el 26 de septiembre en Cartagena de Indias. Y en ese sentido no es una excepción. Su voz representa también la de miles de víctimas (de todos los bandos) que votaron masivamente a favor de la paz en el plebiscito. Un voto que quedó manifiesto a través de las asociaciones, y también del territorio, pues precisamente fueron las áreas más golpeadas por el conflicto las que dieron masivamente un Sí a la paz. “No todas las víctimas están de acuerdo. Pero el universo de víctimas sí está muy representado en los acuerdos de La Habana”, confirma Antequera.

Preguntada por su capacidad para perdonar, Antequera es clara. “Es necesario, pero no es fácil”. “Yo me sentí muy mal cuando vi a Salvatore Mancuso (antiguo paramilitar, narcotraficante y criminal colombiano) en el Congreso de mi país, vestido de Channel, aplaudido. Me sentí muy triste y muy ofendida en mi condición de víctima de los grupos paramilitares y de los agentes estatales”. “Por eso yo sé que no es fácil. Yo sé que, del otro lado, a la gente le cuesta entender que Iván Márquez ─comandante de las FARC─ pueda llegar al Congreso. Pero el acuerdo contempla ciertas normas específicas para su participación en política”. Además, recuerda, que dicha participación es una deuda histórica con la antigua Unión Patriótica (cuyos dirigentes fueron exterminados, entre ellos su padre).

La cárcel no es el camino

Y es que no hay que olvidar que la guerra en Colombia ha atravesado a generaciones enteras y que incluye a numerosos grupos guerrilleros, como el M19 ─ya desmantelado─ o el ELN ─el Ejército de Liberación Nacional─, que sigue un proceso paralelo a los acuerdos de La Habana. Detrás quedan conflictos tan graves, como la desnutrición, el reparto desigual de la tierra, el paramilitarismo, o el narcotráfico.

Una guerra tan larga cuyas cifras provocan escalofríos: casi 8 millones de víctimas de una lista de crímenes que aterroriza: desplazamiento forzado, homicidio, mutilaciones, secuestro, tortura, reclutamiento de menores, despojo de tierras, agresión sexual, amenazas, atentados, robo de bienes… Por eso, afirma Erika. “La cárcel no es el camino. La cárcel no nos va a dar la paz que Colombia necesita. Los acuerdos sí. Y la respuesta está en nuestras manos. Como sociedad, y como víctimas”.