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Los católicos se alinean a la espera del final de 'Il Cavaliere'

Sin los católicos y el apoyo del Vaticano en Italia es imposible gobernar a gusto

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¿Una refundación de la Democracia Cristiana? Quizá sea exagerado. Pero que la Unión de Centro de Pierferdinando Casini heredera del partido que se desintegró con el proceso Tangentopolis allá por 1994 esté cobrando tanto protagonismo cuando los sondeos le dan menos del 10% en intención de voto, tiene una explicación muy simple. Sin los católicos y el apoyo del Vaticano en Italia es imposible gobernar a gusto. Y Silvio Berlusconi lo está viviendo en sus propias carnes.

Hoy, por las consecuencias de la crisis económica y la incapacidad del Gobierno para hacerle frente, como dejaba claro un sondeo de la revista Familia Cristiana ayer en su web: tres de cada cuatro italianos repudia a Berlusconi.

Pero es obvio que entre las bases más tradicionales del electorado, los escándalos sexuales de los últimos tiempos no han ayudado.

La Iglesia lleva unos meses haciendo saber que es necesario recuperar la moralidad en política y las voces que llaman a Berlusconi a dimitir dentro del Pueblo de la Libertad provienen en su mayoría precisamente de la corriente exdemocristiana que hoy engrosa las filas del Gobierno.

El objetivo principal es que una vez caiga Il Cavaliere se conforme un Partido Popular a la europea con todas las vertientes moderadas y católicas italianas.

Pero la izquierda, que tiene muchos votantes creyentes, se lo ve venir, y por eso Pierluigi Bersani, del Partido Democrático, lleva meses cortejando desde hace meses a Casini para conformar una coalición ante la perplejidad de sus socios progresistas Nichi Vendola y Antonio di Pietro, que si bien son católicos confesos, tienen otros planes menos divinos para el futuro de Italia.