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Conflicto Israelí-Palestino El futuro de Jerusalén trasciende a la política israelí y palestina

El alto voltaje que habitualmente nutre el conflicto israelo-palestino en cuanto se menciona Jerusalén, ha subido de tono este viernes con tumultos que no se veían desde hace mucho tiempo. Los disturbios han recordado que el futuro de Jerusalén está en juego y en su mayor parte depende de una intervención enérgica de la comunidad internacional.

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Un herido durante las protestas en Palestina es evacuado.REUTERS/Ibraheem Abu Mustafa

El espectáculo que Jerusalén ha dado este viernes no se veía desde hace muchos años. Decenas de miles de palestinos, a quienes Israel ha impedido el acceso a la mezquita al Aqsa, han hecho el rezo del mediodía en las calles de la ciudad santa, extramuros del casco viejo, sobre el asfalto ardiente.

Después del rezo se produjeron desórdenes característicos de una intifada, y algunos medios hablan de hecho de la tercera intifada, aunque no está nada claro si esta situación va a prolongarse durante mucho tiempo o va a desaparecer de la noche a la mañana.

Israel ha acusado a la Autoridad Palestina y al Waqf de incitar a la violencia a los ciudadanos palestinos de Jerusalén. Las autoridades hebreas exigen a la dirección palestina que les ayuden a restaurar el orden, una petición que no deja de ser cínica puesto que esas mismas autoridades hebreas no reconocen ninguna autoridad sobre Jerusalén en la dirección palestina.

Es más, las provocaciones de Israel están a la orden del día. Esta misma semana el ayuntamiento judío ha anunciado el establecimiento de un nuevo asentamiento para colonos en el sector norte del municipio, en los territorios ocupados, una nueva provocación de las que se oye hablar cada semana y a veces cada día.
La presunta incitación a la violencia de los palestinos que denuncian al unísono el primer ministro Benjamín Netanyahu y otros líderes israelíes, no tiene apenas consistencia si se compara con la principal causa de la incitación: la continuada expansión colonial en el sector ocupado de Jerusalén.

Por eso no deja de ser paradójico que políticos como Yair Lapid, de Yesh Atid (Hay un Futuro), hayan insistido en las últimas horas en la incitación palestina. Según Lapid, el causante de los disturbios generales del viernes no son las medidas israelíes derivadas de la ocupación, de las que no habla en ningún momento, sino el presidente palestino, Mahmud Abás.

Manifestantes palestinos corren después de que las tropas israelís lanzasen bombas de gas lacrimógeno. REUTERS/Ammar Awad

Lapid es un periodista astuto que quiere erigirse en sucesor de Netanyahu, de manera que es natural que compita con Netanyahu en radicalismo. En algunos países europeos Lapid lleva a cabo una campaña propagandista en la que se presenta como un político de centro y en esos términos concede numerosas entrevistas a medios afines que se encargan de lavar su imagen en el extranjero.
En estas entrevistas Lapid se cuida mucho de mencionar la ocupación que tantos problemas ha causado en la región y fuera de la región. Presenta a Israel como una avanzadilla de Europa en el territorio hostil del islam y esto le sirve para solicitar ayuda a los dirigentes europeos para consolidar la ocupación, algo que Israel consigue fácilmente.

La reciente crisis se cuajó hace más de una semana, cuando un comando integrado por tres árabes israelíes de la Galilea mató en Jerusalén a dos policías. Acto seguido la policía cerró la Explanada de las Mezquitas y el pasado domingo colocó portales electrónicos para detectar metales, una medida que los palestinos rechazaron.
El argumento de Israel es que de esta manera detectarán las armas si alguien quiere meterlas en la Explanada. El argumento de los palestinos es que esta medida significa un cambio en el statu quo de Jerusalén, un cambio unilateral y por tanto inadmisible.

El mantenimiento de los detectores fue decidido en la madrugada del mismo viernes, apenas unas horas antes de la oración del mediodía. El ejército y los servicios secretos del Shin Bet se opusieron, pero fue la posición de la policía la que se ganó la voluntad de Netanyahu, concretamente la del ministro para la Seguridad Interior, Guilad Erdan.

Erdan, que en más de una ocasión ha reconocido que aspirará a suceder a Netanyahu cuando proceda, defendió con ahínco las puertas electrónicas, argumentando que son necesarias para mantener la seguridad. La posición del ejército y del Shin Bet de retirarlas inmediatamente fue desoída por el primer ministro, siempre proclive a dar un paso más en la dirección de la ocupación.
Ahora, la élite política israelí acusa a los palestinos de causar el desorden y pide la intervención de Mahmud Abás para apaciguar el caldeado ambiente que se ha instalado en Jerusalén. Después de los tres palestinos muertos y los centenares de heridos del viernes, Abás dijo por la noche que suspendía los contactos políticos con Israel.

Casi simultáneamente un palestino mató a tres colonos judíos en el asentamiento de Halamish, al noroeste de Ramala, con lo cual la preocupación de Netanyahu y su entorno creció considerablemente. Los dirigentes israelíes redoblaron entonces su petición a Abás para que calme las revueltas aguas.

Con toda seguridad, Abás acabará cediendo una vez más sin obtener nada significativo a cambio. La construcción israelí continuará adelante en todos los territorios ocupados, incluida Jerusalén, y otra vez quedará en evidencia que la solución del conflicto no depende de israelíes ni palestinos sino de una intervención enérgica de Occidente, y más concretamente de Europa.