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La crisis del ladrillo no afecta a la colonización de Palestina

En Cisjordania se construyen muchas más casas de las que cubrirían el "crecimiento natural"

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Hoy es un día de verano muy caluroso en la desértica zona que se sitúa al este de Jerusalén, pero el despacho de Hizky Zisman está fresco. El aire acondicionado trabaja al máximo en todo el edificio. Encima de la mesa hay centenares de expedientes y, a la derecha, una pantalla plana de un ordenador. Zisman gira de un lugar a otro y atiende el teléfono.

Maale Adumim es la mayor colonia judía de Cisjordania. Su población ha ido creciendo vertiginosamente en los últimos años, mientras Israel decía negociar con los palestinos, hasta alcanzar los 37.000 habitantes. Está a unos seis kilómetros de Jerusalén, en dirección al mar Muerto, extendida sobre una colina.

'Todas las viviendas en construcción ya se ha vendido', dicen en la asociación de colonias

Cuando se menciona la condición de colonia de Maale Adumim, Zisman, el secretario del Ayuntamiento, levanta el brazo y extiende el pulgar. 'Maale Adumim no es un asentamiento, es una ciudad', puntualiza.

A mediodía, el sol cae con fuerza, pero las arterias de Maale Adumim muestran un mundo de colores donde prima el verde y donde brillan flores diversas, algunas exóticas. De vez en cuando se ven jardineros trabajando para mantener el festival de colores. No son judíos, son palestinos.

Maale Adumim, la mayor de Cisjordania, se amplía para llegar a unirse a Jerusalén Este

El Ayuntamiento es una mole de cuatro plantas que recuerda una fortaleza. Frente a ella hay árboles, incluidos algunos olivos frondosos, varias veces centenarios, con troncos rugosos y retorcidos. Eran olivos palestinos, pero los colonos los compraron o los robaron para lucirlos frente al edificio de la municipalidad.

Quemar, robar, incendiar, talar o arrancar los olivos de los palestinos es una actividad corriente de unos colonos que cada vez cuentan con más apoyo entre la población de dentro de Israel. El último sondeo publicado muestra que la mayoría de los israelíes no tiene el menor interés en desmantelar las colonias y que no teme un enfrentamiento directo con Estados Unidos por esta cuestión. El 56% de los encuestados afirma que Israel no debe abandonar los asentamientos bajo ningún concepto.

La expansión de Maale Adumim se lleva a cabo desde hace varios años en una dirección, donde se edifica la urbanización Nofei Sela. En este barrio se construyen ahora mismo 3.500 viviendas, pero existen planes para expandir la colonia en otras direcciones, con el objetivo final de unirla al sector ocupado de Jerusalén. La pasada primavera incluso se fundó un museo: el primer museo de la ocupación. Se encuentra a pocos kilómetros de Maale Adumim.

'Son obras de calidad que se venden a buen precio', dice Zisman con confianza. 'Una vivienda de cuatro habitaciones cuesta un millón y cuarto de shekels (unos 250.000 euros), bastante menos que en Jerusalén. Hay una gran demanda. Muchos deben esperar bastante tiempo para acceder a una vivienda. Maale Adumim ofrece una gran calidad de vida y está a sólo cinco minutos de Jerusalén'.

Israel esgrime que sólo construye asentamientos para atender el llamado 'crecimiento natural' de las colonias, es decir, para que los hijos de las familias que ya viven en ellas puedan adquirir viviendas cerca de sus padres. En realidad, las obras se multiplican por todas partes, no sólo en los grandes asentamientos que Israel dice que se va a quedar cuando haya paz, sino en otras muchas colonias distribuidas a lo largo y ancho de la Palestina ocupada.

En Ariel, en el norte de Cisjordania, con más de 17.000 habitantes, se construyen actualmente 27 naves industriales y 220 viviendas, y la colonia dispone de una universidad. En Shila se construyen 40 viviendas; en Givat Zeev, al norte de Jerusalén, hay 750 casas en construcción. En Modiin Ilit se construyen 617 viviendas y en Elkana 52. Es una pequeña lista de algunas de las muchas colonias donde se construye sin descanso en los territorios ocupados, y no sólo para satisfacer el 'crecimiento natural'.

Los datos de la Oficina Central de Estadísticas de Israel revelan que, en 2007, el 36% de los nuevos colonos habían llegado desde territorio israelí o desde el exterior. Las estadísticas oficiales contradicen el argumento israelí de que continúa la construcción de asentamientos sólo para acomodar el crecimiento de las familias que ya viven allí.

Las obras han puesto nervioso al presidente estadounidense Barack Obama y han desencadenado un pulso entre las dos administraciones cuyo resultado es incierto. La magnitud del crecimiento de las colonias en los últimos años no tiene precedentes en todo el periodo en el que se ha llevado a cabo la colonización de Cisjordania, puesta en marcha tras la guerra de 1967 por el actual presidente israelí, Shimon Peres, y otros dirigentes laboristas.

Cuando terminó el mandato del moderado primer ministro Ehud Olmert, el pasado febrero, había en Cisjordania cerca de 300.000 colonos judíos. Tres años antes sólo había 250.000. En apenas tres años, el número de colonos ha crecido en 50.000. Nada que ver con el 'crecimiento natural', un eufemismo que la Administración Obama ha combatido en las últimas semanas.

Durante las negociaciones para formar la coalición de gobierno, el actual primer ministro, Binyamin Netanyahu, y su titular de Exteriores, Avigdor Lieberman, acordaron impulsar la construcción de 3.000 viviendas en la zona E-1, entre Maale Adumim y Jerusalén. La orden todavía no se ha dado, tal vez por la oposición de Obama, pero puede llegar en cualquier momento.

Según Pinhas Walershtein, director general de Yesha, la asociación de colonias judías de Cisjordania, el número de viviendas en construcción es insuficiente para satisfacer la demanda. 'Cada una de esas viviendas ya se ha vendido y no se puede encontrar ahora ni una casa vacía', explica Walershtein.