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El Estado cubano encoge para salir de la crisis

El Gobierno pide comprensión para el plan de recortes en el empleo público  

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Radio Bemba alcanza audiencias históricas estos días en La Habana. El popular boca a oreja callejero, que nutre de noticias y chismes a la sociedad cubana, intenta saciar los miedos e inquietudes que ha provocado la oficialización del plan de ajuste económico.

Sabedores de que se enfrentan a una encrucijada histórica, la mayoría de los cubanos se pregunta si va a estar incluido entre el medio millón de los primeros despedidos, cómo será el paso a la actividad privada y, una vez en ella, quién procurará los créditos a cuentapropistas y cooperativistas, o dónde se podrán conseguir las materias primas ahora desaparecidas. Una zozobra que muchos ya equiparan con la caída del Muro de Berlín y la imposición del Periodo Especial (crisis que siguió a la desaparición de la Unión Soviética) en los años noventa.

Los cubanos comparan la actual zozobra con la caída del Muro de Berlín

Las escasas explicaciones de los medios estatales, empeñados en una nueva pelea contra Obama y en la enésima campaña para liberar a los cinco agentes cubanos condenados en Florida, ha disparado mil conjeturas en torno a la 'actualización del socialismo', como ya se ha bautizado al plan.

Uno de los que más pistas ha dejado es Pavel Vidal, experto del Centro de Estudios de la Economía Cubana. Vidal, en declaraciones a Radio Rebelde, reconoció que 'aceptamos que el modelo económico cubano necesita de este sector no estatal', en referencia a los cuentapropistas, eufemismo inventado para explicar el embrión de capitalismo que Carlos Solchaga, por encargo de Felipe González, inventó para Fidel Castro a principios de los años noventa con el objetivo de paliar el fin de las subvenciones soviéticas.

Distintos analistas y cubanólogos coinciden en señalar que lo que ahora se pone en marcha en Cuba supone mucho más que un plan de ajuste. Ya se habla de un nuevo modelo económico, se buscan parecidos, sobre todo con Vietnam, incluso los más atrevidos sostienen que el socialismo de Estado cubano (que hasta ahora manejaba el 90% de la economía) dará paso a un nuevo socialismo de mercado. Y todo ello días después de que a Fidel se le escapara (en una entrevista con un periodista norteamericano de la revista The Atlantic) la ya famosa frase 'el modelo cubano ya no funciona ni para nosotros' después negó haberlo dicho afirmando que se refería al capitalismo.

Los analistas señalan que se trata de algo más que un mero plan de ajuste

Serán los 'ojos y oídos de la Revolución', tal y como el propio Castro bautizó a los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), los encargados de explicar las medidas que van a cambiar la vida de varios millones de cubanos. Así lo solicitó el Partido Comunista de Cuba: 'Trasladar la confianza y hacer que se comprendan las medidas, en especial la eliminación de plantillas infladas'.

Complicada misión, pese a que todo el mundo sabe en Cuba que la economía del país es demasiado parecida a sus viejos coches americanos de los cincuenta: se le ha ido colocando parches durante 20 años, ha contado con la gasolina de Venezuela y con el ingenio cubano para resolver a duras penas, pero en caso de arrancar tras otra reparación corre grave riesgo de estrellarse en cualquier esquina.

La hoja de ruta del descomunal plan ha sido filtrada en La Habana a distintos medios de comunicación y diversos diplomáticos. Y empieza por donde más duele: el despido en seis meses de 500.000 personas, el 10% de los trabajadores de la isla.

Nadie en la isla piensa en la posibilidad de una huelga general

Y no serán los únicos: en tres años. la cifra se alargará hasta 1.200.000, tal y como avisó el presidente, Raúl Castro, en una de sus contadas apariciones de los últimos meses. El aviso a navegantes no afecta sólo a la clase trabajadora: en las últimas horas, ha sido relevada Yadira García, ministra de Industria Básica, 'atendiendo a deficiencias en la dirección del organismo'.

Con una economía al borde de la quiebra, el Estado no puede seguir pagando a tantos empleados en sectores ruinosos. Pero ¿cómo podrá superar el país tal hecatombe? Con la llegada de 465.000 trabajadores al sector no estatal, ya sea como cuentapropistas, asalariados o cooperativistas. Una medida que Fidel Castro se negó a tomar en 1992, pese a los intentos del entonces secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, Carlos Lage, e, incluso, de Raúl Castro. Esa es la idea, que ya cuenta con muchos detractores, incluso ortodoxos que han levantado su voz en webs afines al Gobierno.

La bancarrota es de tal calibre que la cartilla de racionamiento, que durante 48 años ha abastecido de alimentos básicos a los cubanos, seguirá languideciendo hasta su casi extinción en un par de años.

No se prevén ni huelgas ni manifestaciones: en Cuba, sólo existe una central obrera, alineada con las tesis gubernamentales. Nadie piensa en la isla en la posibilidad de un 29-S. Empezando por Salvador Valdés, secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba, que este sábado garantizó 'franqueza, racionalidad y transparencia' en el temido reajuste laboral. Para que no quepa duda alguna, el líder sindical parafraseó, durante la clausura del Congreso del Transporte, al propio Raúl: 'La Revolución no dejará a nadie desamparado'.