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Después de la caída de Alepo, ¿qué hará Trump?

Reducidos a unos pocos barrios del sureste de Alepo, los yihadistas tratan de ganar tiempo. Al encontrarse sitiados, el generoso apoyo que en otro tiempo recibieron de EEUU ya no les llega. Para complicar las cosas, quien dirige la política exterior en Washington ya no es Obama sino Trump, y es una política radicalmente distinta a la del presidente saliente.

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Varias personas andan por una calle del este de Alepo destrozada por los bombardeos. REUTERS

JERUSALÉN – La tregua temporal para Alepo declarada el jueves ha pasado la pelota al tejado de Donald Trump, quien debe decidir la posición de Estados Unidos en este conflicto. Durante la campaña, Trump se ha expresado claramente en contra de los yihadistas que constituyen casi la totalidad de los insurgentes, lo que en la práctica le ha colocado del lado del presidente Bashar al Asad.

La situación de los rebeldes es dramática en Alepo. Algunos estiman que solo conservan el 20 por ciento del territorio que controlaban el 21 de noviembre, cuando se inició la última ofensiva del régimen, aunque fuentes gubernamentales les conceden incluso menos terreno, solo 10 de los 90 kilómetros cuadrados que tenía hace tres semanas.

En más de una ocasión Trump ha dicho que desea desembarazarse del conflicto sirio, y sobre todo acabar con esas innumerables organizaciones yihadistas

Ahora se especula con un posible acuerdo entre Trump y el presidente Vladimir Putin, incluso se dice que es posible un compromiso entre los dos mandatarios que expulse al Estado Islámico de Siria, algo que es esencial para Moscú que tiene dentro de sus fronteras el germen islamista, a cambio de excluir a Irán de la posguerra siria.

Sin embargo, parece muy difícil que tanto Damasco como Moscú le hagan una jugarreta de esa naturaleza a los iraníes después de todo lo que Teherán ha invertido en el conflicto. Su ayuda ha sido esencial para garantizar la supervivencia de Asad en los momentos más difíciles de la guerra y con casi todo el mundo en su contra.

Después de las elecciones americanas de hace un mes, Moscú confirmó que durante la campaña había mantenido contactos discretos con el equipo de Donald Trump, lo que abunda en la idea de que esos contactos han continuado después de la victoria del republicano, máxime en un asunto tan destacado y crítico como Siria.

En más de una ocasión Trump ha dicho que desea desembarazarse del conflicto sirio, y sobre todo que desea acabar con esas innumerables organizaciones yihadistas que operan en el suelo de ese país, desde el Estado Islámico hasta Al Qaeda pasando por un sinfín de grupos que son quienes han tenido en su poder el este de Alepo desde 2012.

Si el este de Alepo termina de caer y, como ha dicho un responsable sirio, Damasco ya ha tomado una decisión en ese sentido, es muy posible que queden bolsas de resistencia yihadista más allá del territorio que aún ocupa el Estado Islámico, y que esas bolsas no constituirán una amenaza para el régimen aunque sí serán un incordio, una molestia que nadie sabe cuánto tiempo podrá durar.

Los insurgentes se han quedado sin el apoyo de Estados Unidos y sus aliados en el momento más crítico, y no está claro si en el último instante, abandonarán el este de Alepo en dirección al norte de Siria o a la provincia de Idlib. Su posición se ha debilitado tanto en las últimas semanas que cualquier cosa es posible.

Una humareda asciende desde una zona controlada por los rebeldes en Alepo. REUTERS/Abdalrhman Ismail

Trump ve al gobierno sirio como un aliado en la lucha contra los yihadistas 

Tampoco sabemos lo que hará el ejército sirio si Alepo termina por caer, particularmente no sabemos si Damasco lanzará a sus tropas contra el Estado Islámico. Una de las conjeturas que circulan por algunos medios árabes es que Putin y Trump, que coinciden en la necesidad de erradicar a los yihadistas, se partirían el trabajo quedándose los rusos con la misión de aniquilar al Estado Islámico en Siria y los americanos en Irak.

Federica Mogherini, la representante de la política exterior europea, ha hablado esta semana de “pragmatismo” y ha recordado que la UE ha impuesto más de 230 sanciones a Siria. Sin embargo, la actitud de Europa ha sido justamente la contraria al pragmatismo que defiende Mogherini ante la prensa, y se ha encarrilado en función de los intereses particulares de los principales Estados y no en función de los intereses generales de Europa, ni más ni menos como ocurre en el conflicto israelo-palestino o con cualquier otra crisis.

Lo más nuevo es que Donald Trump ve al gobierno sirio como un aliado en la lucha contra los yihadistas y, si se mantiene está visión, esto tendrá repercusiones importantes en las relaciones entre Washington y algunos de sus históricos aliados regionales, en especial Arabia Saudí y Turquía. También significa que la política que ha montado Barack Obama se desmoronará de un día para otro.

Otra cuestión de la que se está hablando con fuerza es el tema de la reconstrucción, un apetitoso pastel que se pone en la mesa del occidental poco después del pastel iraní. El secretario de Estado John Kerry ha mencionado un montante de “miles de millones de dólares”. Otras estimaciones señalan “más de 250.000 millones de dólares”, que no es poca cosa para economías que necesitan más y más mercados sin descanso.

Ahora bien, ¿quién pondrá todo ese dinero sobre la mesa? No parece que vaya a ser Siria, que está destrozada, el lugar de donde salgan tantos dólares. Un país que podría servir de banquero es Arabia Saudí, a pesar de que no atraviesa sus mejores momentos, pero sin duda los saudíes pedirán algo a cambio de su dinero.

Lo que los saudíes pueden pedir a cambio es naturalmente un régimen adicto al islamismo wahabí que con tanta resolución está exportando el islam al resto del mundo, y eso significaría crear en Siria un nuevo Estado suní mucho más sectario que el actual, sin comparación, debido a la involución que está experimentando el sunismo en todo Oriente Próximo.