Publicado: 21.07.2014 16:14 |Actualizado: 21.07.2014 16:14

"Nos están fumigando como si fuéramos insectos"

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"Las bombas han destruido mi casa completamente por segunda vez. Sin embargo, nadie se preocupa por nosotros. Un primo mío ha muerto en los bombardeos sobre Shuyaiya y su cuerpo todavía está en la calle. No tengo adonde ir y aquí espero a que traigan su cadáver a la morgue", dice Abu Muhammad. "Nos están fumigando como si fuéramos insectos".

Abu Muhammad es un hombre de unos 45 años que está sentado en el bordillo de una de las calles que rodean el hospital Al Shifa, el mayor de Gaza, pero no está solo. El pequeño parque de detrás de Al Shifa está lleno de familias enteras, y lo mismo ocurre con las calles adyacentes.

Hadra Abu al Ata, de 42 años, madre de nueve hijos, está sentada a pocos metros de Abu Muhammad con otros miembros de su familia, incluidos varios niños de corta edad. Su casa en el barrio de Shuyaiya, al este de la ciudad de Gaza, pegado a la frontera con Israel, también fue destruida el sábado y no tiene adonde ir, o por lo menos piensa que no hay mejor lugar que los alrededores del hospital.

A las 8 de la tarde del sábado empezó el bombardeo. Todas las familias de Shuyaiya se preparaban para el iftar, la comida de la tarde con que se rompe el día de ayuno durante el mes de ramadán. Una de las primeras bombas destruyó una buena parte del edificio. Hadra y algunas otras personas bajaron a la primera planta, que se salvó de las bombas.

"Nos quedamos hasta las 8 de la mañana. No nos pasó nada porque la primera planta fue la única que no se derrumbó. Éramos 19, la mayoría niños. Al final decidimos salir todos juntos y conseguimos escapar. Un helicóptero se acercó y disparó muy cerca de nosotros pero no nos quiso dar. Nos podía haber matado fácilmente", explica Hadra.

"Estamos aquí porque no tenemos otro lugar. La gente nos trae comida y ropa. Vamos a asearnos a los cuartos de baño de las casas de alrededor. Vamos a seguir en esta calle hasta que la guerra se acabe. Es el sitio más seguro. Es más seguro que los refugios que la UNRWA ha abierto en las escuelas. No sería la primera vez que Israel bombardea las escuelas de la UNRWA", dice limpiándose una lágrima.

"He pasado la noche aquí. En el hospital están ingresados algunos familiares y amigos. He dejado a mi mujer y a mis hijos en casa de unos parientes, no muy lejos. Espero noticias de los heridos. Ya no podremos volver a Shuyaiya porque nuestra casa ha resultado dañada por las bombas", explica el albañil Hussein Abu Hamad.

"La mentalidad israelí parece haberse creado para destruir. Destruyen las casas y talan los árboles. ¿Por qué nos cortan la luz o destruyen la red de distribución de agua potable? Los bombardeos han acabado con muchos depósitos de agua así que hemos tenido que marcharnos", continúa.

"Espero y deseo que la resistencia siga luchando, que los milicianos no descansen ni un momento, que capturen a más soldados, que maten a más soldados, como ellos hacen con nosotros, que la resistencia se comporte con los israelíes exactamente como los israelíes se comportan con los palestinos, hasta en los mínimos detalles", remata.

El doctor Ashraf al Qedra, portavoz del ministerio de Sanidad, dice lo siguiente: "El domingo hubo 72 muertos y más de 400 heridos en Shuyaiya. En el hospital Al Shifa hemos tenido que atender a muchos heridos en el suelo porque no tenemos suficientes camas para hacer frente a la avalancha. Nos faltan medicamentos. Hay amplias zonas de Shuyaiya que siguen cerradas y los heridos que llegan nos cuentan que en las calles hay cadáveres que no se han retirado porque el ejército no permite el acceso de las ambulancias".

En la morgue de Al Shifa, en la parte trasera del hospital, hay una actividad constante. Las ambulancias llegan de tanto en tanto con cadáveres, algunos en proceso de descomposición porque han permanecido mucho tiempo en las calles. A veces transportan simplemente pedazos de carne humana. La gente, hombres y mujeres que aguardan los cadáveres de sus familiares, se tapan la nariz para no respirar el aire corrompido.

De la morgue salen los cadáveres envueltos en piezas de plástico blanco, se colocan en furgonetas o en pequeños camiones y enseguida parten para el cementerio. Los familiares y los amigos de los difuntos se suben a las furgonetas y a los camiones para acompañar a sus seres queridos hasta su última morada.

Rafiq Mahdi, de 64 años, trabajó durante muchos años en Israel como aparejador. Está frente a la morgue esperando a que salgan los cadáveres de siete familiares que murieron en Shuyaiya, en el bombardeo del sábado, justo unos minutos antes de que comenzara el iftar. Acompaña a Mohammed Yaakub. Los muertos son la hermana de éste, sus cinco hijos y la suegra de la hermana.

"Trabajé durante 30 años en Israel y ahora, viendo lo que están haciendo con nosotros, me arrepiento de no haberme convertido en un suicida. La única solución es que los palestinos recuperemos toda Palestina, desde el río Jordán hasta el mar. Ellos no son de aquí. Pregunte a Netanyahu de dónde ha venido", dice alterado Mahdi.

"Por supuesto que tengo amigos israelíes. Hablo con ellos frecuentemente, pero ¿qué me van a decir cuando los aviones hace unos días destruyeron una pequeña casa que tengo cerca de la playa?, ¿qué me van a decir cuando su gobierno dice que está matando a terroristas pero en realidad está matando a civiles?, pregunta Mahdi.

Mohammed, un hombre de mediana edad, espera frente a la morgue los cadáveres de una familia cercana. Eran doce personas, de las que murieron ocho. "Vivían en Shuyaiya pero cuando empezó todo decidieron irse a Rimal (un barrio de Gaza), que consideraban más seguro. Y fue en Rimal donde los mataron las bombas", dice Mohammed.