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Gobierno de Ecuador cambia a toda la cúpula de la Policía tras la sublevación

El presidente Correa afirma que tras el fracaso de la rebelión, el 'Plan B' era matarle

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Tras la sublevación del pasado jueves de la Policía Nacional, con una posible implicación de la oposición del gobierno de Rafael Correa, toda la dirección de la Policía ha sido modificada; hasta seis generales han sido destituídos.

Desde el primer momento en que ocurría la revuelta, el Gobierno de Ecuador decretó el estado de excepción y este viernes declaró tres días de luto porque en los enfrentamientos en torno al hospital fallecieron, al menos, cuatro personas, entre ellas un estudiante universitario con disparos en la cabeza. Ante los cancilleres de la Unasur, Correa lamentó: 'No hay nada que celebrar... Es un día de luto para la patria'

Cuando la situación ha vuelto a la calma, han anunciado que 'Ahora hay una nueva cúpula'. Una fuente del cuerpo policial apuntó que está compuesta por cuatro generales de menor antigüedad que los militares que abandonaron la Policía.

El ministro del Interior, Gistavo Jalkh, ha informado de la renuncia del comandante general de la Policía, Freddy Martínez, y su sustitución por  Patricio Franco. Con su ascenso, los generales que tenían rango superior a él y que trabajaban estrechamente con Martínez han abandonado también el servicio activo de la Policía.

Los cuatro miembros de la nueva directiva visitarán los restos de los agentes que murieron mientras participaba en el operativo para sacar al presidente del hospital donde lo tuvieron recluido los sublevados.

Los cancilleres pertenecientes a la Unasur vistaron Quito para mostrarles su apoyo; ante ellos, el presidente ecuatoriano ratificó que, tras el fracaso de esa estrategia golpista, el 'plan B' era matarle.

El mandatario, que vivió el momento más difícil en sus más de tres años y medio en el poder, revivió este viernes ante los medios de comunicación y los cancilleres suramericanos el cautiverio al que fue sometido.

Los cancilleres de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela y los delegados de Brasil y Guayana, ratificaron en la capital ecuatoriana expresaron su condena al intento golpista y anticiparon su intención de elaborar un estatuto para afrontar este tipo de fenómenos. 'Este hecho no es un hecho aislado, por lo tanto los autores intelectuales y los autores materiales de este intento de golpe de Estado no deben recibir ninguna protección en los países miembros de la Unasur', indicó el canciller boliviano, David Choquehuanca, al englobar el sentimiento de sus colegas de la región.

El mandatario también reconoció que su pueblo, policías y militares fieles a su Gobierno lograron rescatarle del encierro en un hospital policial y que por ello salió victorioso. 'Fracasó la intentona golpista' y 'hemos tenido la unión del mundo' al condenar la revuelta policial, remarcó el mandatario y dijo que fue una 'victoria contundente' contra los 'enemigos de la democracia'.

'Pero fue mucho más lo que se perdió' y admitió que estuvo en juego la estabilidad democrática del país sin dudar en culpar a la oposición como instigadores de la revuelta. Sobre todo identificó al grupo de uno de sus más acérrimos enemigos políticos, el del ex presidente Lucio Gutiérrez, quien personalmente ha desmentido ese extremo y ha culpado a Correa de un eventual malestar social.

Según el juicio de Correa, los sublevados querían provocar un levantamiento general de la policía y los militares, lo que hubiese llevado al país a un caos social. Sin embargo, a los opositores 'les falla esa estrategia de desestabilizar al Gobierno y entonces el 'plan B' era matar al presidente', remarcó el mandatario, que dijo haber escuchado en varias ocasiones esas amenazas durante su retención.

También contó que en un momento en que los sublevados, aparentemente, habían accedido a liberarlo, él se resistió al ver que los agresores le esperaban para fingir un cruce de tiros.

Incluso en el espectacular rescate militar, el auto en el que fue evacuado del hospital recibió cinco impactos de fusil, algunos de ellos apuntando al sitio donde se suponía que Correa estaba, según relató él mismo. El coche blindado soportó el tiroteo.