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La heredera de los Bhutto denuncia a sus familiares

Fatima revela en un libro los recovecos de la dinastía de políticos más influyente de Pakistán

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'Con una familia como ésta [Bhutto], no se necesitan enemigos', murmura Fatima Bhutto, de 28 años, menuda, frágil y con sentido del humor. Subida a unos zapatos detacón de aguja, habla con fuerza y convicción de su familia, la dinastía más influyente en la historia de Pakistán, y lo que la rodea: asesinatos, corrupción y política. Y mantiene la esperanza de que en un par de generaciones su país será distinto con respecto a la política y la violencia.

Fatima es nieta de Zulfikar, el presidente paquistaní ejecutado en 1979 bajo la dictadura del general Zia ul Haq. También es hija del que podía haber sido su sucesor, Murtaza, si no hubiese sido asesinado en 1996, según Fatima, con el visto bueno de su hermana Benazir, entonces primera ministra y rival electoral, y su marido Asif Zardari, actual presidente paquistaní.

'Pakistán carece de escuelas y agua potable, pero es una potencia nuclear'

Criada a caballo entre Kabul, Trípoli, París y Damasco, tenía 14 años cuando su padre fue acribillado cerca de su casa de Karachi, al sur de Pakistán. Con su muerte desapareció la única referencia fija en su vida, dado que su madre biológica se había alejado, tras divorciarse, cuando ella tenía sólo tres años. El presunto complot familiar fue uno de los motivos del distanciamiento entre tía y sobrina, hasta la muerte de Benazir, víctima de un sangriento atentado preelectoral en diciembre de 2007.

Con este bagaje familiar como alforjas, Fátima emprendió hace seis años un viaje que ha dado como resultado el libro Songs of Blood and Sword (Canciones de sangre y espada), título tomado del poeta iraní Khosrow Golsurkhi, ejecutado en 1972 bajo el régimen del Shah.

El texto denuncia la represión de los gobiernos de su abuelo y de su tía. 'Ser crítica con mi abuelo no implica ser desleal. Él hizo cosas extraordinarias, pero también cometió errores, como el trato que tuvo con las minorías', explica Fatima, quien recorre la historia de su familia de forma paralela a la de Pakistán, desde la división de India (1947), el conflicto de Cachemira, la Guerra Fría, la invasión soviética de Afganistán (ella nació en Kabul) y el Pakistán posterior al 11-S.

'Mi abuelo Zulfikar cometió errores, como el trato con las minorías'

'Hoy, Pakistán tiene 180 millones de habitantes, carece de infraestructuras, escuelas, agua potable y electricidad. En cambio, es una potencia nuclear y nos conocen por el cricket', cuenta de un tirón en la Casa de Asia en Londres. En su documentado libro acusa a Benazir y a Zardari de estar implicados en la muerte de su padre, e insinúa, con el abogado francés JacquesVergés, que Benazir también tuvo algo que ver con el envenenamiento de su hermano menor, Shahnawaz.

Al final del relato, leyendo lo que está haciendo el actual presidente con el legado de los Bhutto y el PPP (Partido Popular de Pakistán), el lector llega a creer que Zardari está detrás del asesinato de su esposa. Pero eso Fatima no lo afirma. 'La vida de mi padre estaba marcada por la muerte de su padre y de su hermano. Las palabras dictador, asesino, ley marcial, cárcel eran parte de nuestro vocabulario cotidiano. Mi padre era muy crítico con el Gobierno de su hermana', cuenta, preocupada por su propia seguridad y por la de su hermano Zulfikar, de 20 años, el único varón Bhutto aún con vida, a pesar de que Zardari haya cambiado a Bhutto el apellido de su hijo y sus dos hijas.

Fatima teme también por la seguridad de las personas identificadas en el libro y opuestas al Gobierno actual. 'Recibo muchos mensajes de Pakistán diciéndome que no regrese, de momento'. El autoexilio, como la cárcel, es también habitual en la familia Bhutto.

Su padre y su tío aspiraban a heredar el liderazgo del PPP y formaron el Comité por la Libertad de Zulfikar Bhutto en 1976 cuando fue encarcelado. El comité se entrevistó con el senador TedKennedy, con Yasir Arafat, con Giscard d'Estaing y con Margaret Thatcher.

Pero la diplomacia no salvó al presidente Bhutto, y los hermanos optaron por la lucha armada desde Afganistán. 'No estoy de acuerdo con aquella decisión, aunque entiendo que estaban desesperados por vengar la muerte de su padre', explica Fatima, escéptica con la eficacia de la diplomacia. 'Mi padre quería ser Che Guevara', añade. Ella no quiere meterse en política, asegura. Prefiere 'ser una voz desde fuera del sistema'.