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Los Hermanos Musulmanes preparan un contraataque a Trump en EEUU

Preparan una campaña informativa para contrarrestar la posición de altos funcionarios americanos que los consideran una organización terrorista similar al Estado Islámico. Perseguidos en Egipto y en otros países de Oriente Próximo, no quieren correr la misma suerte en Occidente.

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Seguidores del movimiento de los Hermanos Musulmanes, en una imagen de archivo. REUTERS

Mientras se multiplican las declaraciones de la nueva administración de Estados Unidos contra los Hermanos Musulmanes, la principal organización islamista del mundo árabe se prepara para defenderse y para mostrar al pueblo americano que sus intenciones no pasan por métodos violentos sino puramente democráticos.

En opinión de Talaat Fahmi, portavoz de la organización en Egipto, existe un corriente radical en Estados Unidos muy afín al presidente Donald Trump que aspira a imponer la idea de que los Hermanos Musulmanes son violentos. En declaraciones al periódico cairota Al Misriyun, Fahmi ha denunciado esa “corriente racista” que está en auge en Estados Unidos.

Los Hermanos Musulmanes no descartan que la Casa Blanca declare ilegal a la organización por lo que están preparando una campaña publicitaria y explicativa con la que no solo se desean llegar a los corredores de poder sino también al pueblo americano en su conjunto.

El objetivo de la campaña es explicar que los Hermanos Musulmanes son una organización moderada cuyos objetivos son compatibles con las urnas tal y como demostraron en Egipto tras la caída del presidente Hosni Mubarak a principios de 2011, cuando se hicieron con el poder por decisión popular.

Para estos ideólogos de Israel y de Occidente, el problema hay que buscarlo en el llamado “islam político”, que ven más peligroso incluso que el yihadismo

El mayor movimiento islámico del mundo árabe renunció a la violencia hace muchos años. Atrás ha quedado la época del llamado Aparato Secreto, que adquirió su esplendor durante la presidencia de Gamal Abdel Nasser en los años cincuenta, de la mano del ideólogo Sayyid Qutb. El objetivo del Aparato Secreto era dar un golpe de estado y arrebatar el poder a los militares. A diferencia de eso, los actuales dirigentes insisten en que quieren alcanzar el poder mediante las urnas.

La cuestión de si los Hermanos Musulmanes constituyen una organización terrorista o no ha estado sobre la mesa casi desde su fundación pronto hará un siglo. En algunos países, como Egipto o Siria, se les considera terroristas y están proscritos. No obstante, en Occidente todavía son legales aunque existen corros de poder que buscan su ilegalización.

Un laborioso informe realizado a petición del gobierno de Londres en el año 2015, concluyó que los Hermanos Musulmanes no son una organización terrorista. Ese informe es la investigación más seria que ha tenido lugar en un país occidental sobre la organización que fundó Hassan al Banna.

La dirección de los Hermanos Musulmanes busca contrarrestar las campañas islamófobas que a menudo son incitadas desde los ámbitos de poder. La reciente medida de Donald Trump de prohibir la entrada en Estados Unidos de ciudadanos de media docena de países de mayoría musulmana, es un buen ejemplo de lo que los Hermanos Musulmanes desean combatir.

No obstante, la islamofobia está muy arraigada en Estados Unidos, donde solo hay tres millones de musulmanes, menos del 1 por ciento de la población, mientras que en la Unión Europea viven unos 16 millones. El consejero para la Seguridad Nacional que ha dimitido esta semana, Michael Flynn, era uno de los islamófobos más destacados de la administración.

Pero existen otros muchos. En primer lugar hay que colocar al estratega jefe del presidente Trump, Steve Bannon, cuyas furibundas declaraciones contra el islam han sido moneda corriente durante los últimos años. Bannon se presenta a sí mismo como un defensor a ultranza de la “civilización judeo-cristiana”.

En una teleconferencia delante de grupos católicos conservadores en el Vaticano, Bannon se mostró muy preocupado por lo que considera un peligroso avance del islam en Europa, y manifestó que no quiere que ocurra lo mismo en Estados Unidos. Sus palabras coinciden en un cien por cien con las que expresan ideólogos israelíes radicales que tienen una gran influencia en Estados Unidos y Europa.

El secretario de Estado, Rex Tillerson, ha declarado en más de una ocasión que los Hermanos Musulmanes son “un grupo extremista al que hay que combatir”

Para estos ideólogos de Israel y de Occidente, el problema hay que buscarlo en el llamado “islam político” que ha sido desarrollado en primer lugar por los Hermanos Musulmanes. En su opinión, el islam político constituye una gran amenaza, tal vez la mayor amenaza, a la que se enfrenta Occidente y la “civilización judeo-cristiana”. Para muchos, el islam político moderado es un peligro mayor que el yihadismo.

En la región hay varios países que han sido o son gobernados por formaciones islamistas, como Túnez, Turquía, Kuwait, Irak e Irán, de manera que no está muy claro por qué se singulariza a los Hermanos Musulmanes. En Egipto los Hermanos Musulmanes ganaron unas elecciones democráticas de manera impecable, aunque posteriormente fueron apartados del poder por los militares.

El secretario de Estado, Rex Tillerson, ha declarado en más de una ocasión que los Hermanos Musulmanes son “un grupo extremista y radical al que hay que combatir”. En este sentido, Tillerson no establece ninguna diferencia entre los Hermanos Musulmanes y otros grupos que defienden la yihad, como es el caso del Estado Islámico.

El discurso de Bannon y sus imitadores no distingue el islam político del yihadismo, y esto es algo que los Hermanos Musulmanes quieren aclarar en la campaña que piensan llevar a cabo. Occidente, por su parte, deberá decidir si acepta la participación del islam político en el juego democrático de Europa.

Naturalmente, los europeos han de determinar cuanto antes si lo que pretenden es perseguir a quienes defienden el islam político, como es el caso de los Hermanos Musulmanes, tal y como se está haciendo en Egipto y en otros países, o por el contrario se avienen a permitirles que participen en las instituciones del viejo continente.