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La inteligencia noruega sostiene que el asesino de Utoya actuó solo

El primer ministro anuncia la creación de una comisión para investigar la matanza del 22-J

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El afán de Anders BehringBreivik de seguir aterrorizando a la sociedad noruega después de haber sido detenido está alcanzando su final. Tras ser apresado, el fundamentalista cristiano que asesinó a 76 personas el pasado viernes, había proclamado que existían otras dos células de su organización.

'No tenemos indicios de que sea parte de un movimiento más amplio, que esté en conexión con otras células, ni que existan esas otras células', declaró ayer a la BBC la jefadel Servicio de Inteligencia noruego, Janne Kristiansen.

Breivik afirmó a la Policía que pertenecía a una red internacional

En los textos que dejó escritos, Breivik se había vanagloriado de pertenecer a una amplía organización con la que había mantenido reuniones en Reino Unido.

La Policía de Oslo emitió ayer un comunicado en el que se retractaba de lo dicho el martes, cuando afirmó que estaban buscando a un trastornado con vínculos con Breivik. Las autoridades policiales informaron ayer de que ese hombre no tiene ninguna relación con el ultraderechista.

Su abogado, Geir Lippestad,alegó, tras reunirse con su defendido, que se trataba de una persona enferma. 'Cree que está en una guerra y cree que, cuando estás en una guerra, puedes hacer cosas como las que hizo sin declararte culpable', afirmó Lippestad.

Alarma infundada en la Estación Central de Oslo por una maleta sospechosa

Pero la jefa de la Inteligencia noruega considera que más que un enfermo se trata de una persona calculadora que busca tener protagonismo. 'No creo que haya ningún límite para el mal en la cabeza de esa persona. No podemos darle ninguna oportunidad', dijo Kristiansen.

También defendió la respuesta de la Policía de Oslo, que ha sido criticada por tardar más de una hora en detener a Breivik tras recibir el aviso de la matanza que estaba teniendo lugar en Utoya, a 30 kilómetros de la capital.

Según Kristiansen, 'la isla está un poco lejos de Oslo' y los agentes llegaron 'lo antes posible'.

En cualquier caso, el temor parece haberse instalado en la hasta ahora tranquila Noruega. Ayer se evacuó la Estación Central después de que alguien se dejara una maleta en un autobús. Las fuerzas de seguridad informaron de que no se encontró nada sospechoso en la maleta.

Antes, a primera hora del día, las fuerzas de seguridad habían hecho estallar de forma controlada los explosivos que Breivik había almacenado en su granja, situada a cien kilómetros al norte de Oslo. Las autoridades noruegas creen que el fundamentalista había preparado su bomba a base de fertilizantes comprados usando la granja como tapadera.

Mientras tanto, se sigue estudiando si el edificio de 17 plantas en el que se encuentra la oficina del primer ministro en el centro de Oslo será demolido o reconstruido. En la explosión del coche bomba plantado por Breivik murieron ocho personas.

El Gobierno ha decidido retomar su trabajo en el Ministerio de Defensa. El primer ministro noruego, Jens Stoltenberg,anunció ayer la creación de una comisión de investigación sobre lo sucedido el pasado viernes.

Stoltenberg añadió que era muy pronto para estudiar nuevas leyes en materia de seguridad. 'Ahora es el momento de arropar a aquellos que han perdido miembros de su familia y amigos y de ayudar a aquellos que están todavía heridos', dijo el primer ministro.

La imagen de Stoltenberg ha salido muy reforzada por su comportamiento tras la masacre. Poco después de conocerse la magnitud de la matanza, afirmó que la respuesta debía ser 'más apertura y más democracia'.

Según una encuesta publicada ayer por el diario VerdensGang, el 80% de los noruegos considera que Stoltenberg ha actuado 'extremadamente bien' tras la matanza de Utoya.

El primer ministro, que conocía personalmente a varias de las víctimas, ha sabido conectar con el sentimiento general de los noruegos y, durante sus intervenciones, en las que pedía unidad en torno a los valores democráticos, se ha mostrado emocionado y con la voz entrecortada. 'Sí, he llorado', contestó al ser preguntado sobre su reacción tras el ataque. Pero ayer se reafirmó: 'Los noruegos queremos defendernos de la violencia demostrando que no le tenemos miedo'.