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"Italia es un país de viejos hecho para viejos"

El voto de los cuatro millones de italianos en el extranjero puede decantar la balanza

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'La incertidumbre es completa. Ahora todo depende del voto en el extranjero', exclamó, agarrándose el estómago, el popular presentador televisivo Bruno Vespa la noche del 10 de abril de 2006. Era la primera vez que los más de tres millones de italianos que residen fuera de Italia podían votar. Y su voto fue decisivo para la ajustada victoria de la izquierda, como recuerdan muchos emigrantes ante la proximidad de los comicios de los próximos 13 y 14 de abril.

La cooperante Veronica Pensosi se encontraba en Kenia durante la campaña electoral. No se registró para votar. Pero delegó su elección en un amigo durante una votación colectiva en la que participaron otros emigrantes italianos. 'Lo importante era que [Silvio] Berlusconi no nos representase', explica rememorando anécdotas de ese encuentro, como el momento en que le pusieron 'un cuchillo en el cuello amenazándole' con rajárselo si votaba a Il Cavaliere.

El día de las elecciones, Veronica se encontró en El Cairo con su novio, que había ido a votar antes de coger el avión hacia Egipto. Esa noche seguían el recuento electoral en la televisión y el anuncio de empate técnico hecho por Bruno Vespa 'lo recuerdo perfectamente', dice Verónica, 'mi novio apagó la televisión y me dijo: ‘Eres una hija de puta'. Me sentí fatal por no haber votado'.

La ley electoral de voto por correo en el extranjero fue aprobada por el Gobierno de Berlusconi creyendo que la diáspora italiana era conservadora y votaría a la derecha. Pero ocurrió todo lo contrario. Italia se dio cuenta de golpe que que el perfil de emigrante italiano actual no tiene nada que ver con el de la diáspora al Nuovo Mundo a principios del siglo XX o el éxodo masivo durante la posguerra, fijados en el imaginario colectivo a través del cine y la literatura.

 'La mayoría de los que emigramos somos licenciados jóvenes. Italia se ha convertido en un país de viejos hecho para viejos, donde se creen que los jóvenes tienen que trabajar gratis y sin contrato hasta los 30 años', denuncia la napolitana Conchita Dello Ioio, quien reside en Madrid desde hace cuatro años. 'Todo se ha acelerado desde hace dos años. La gente llegó al tope, se ha vuelto insoportable para los jóvenes vivir en Italia y se tiene que decidir: Fly or fight (vuela o lucha). Pero los que se quedan no pueden luchar, tienen las manos atadas', añade.

Los emigrantes que han abandonado Italia en los últimos años conviven en España con una cada vez más numerosa colonia italo-suramericana. Son ya el 65% de los 90.000 italianos registrados en el Consulado italiano en Madrid, en parte gracias a la ley de ciudadanía italiana, que permite transmitir esta nacionalidad hasta la cuarta generación. Susana Crea, candidata de la derecha, es la primera italo-argentina incluida en una lista por Europa, lo que considera 'un reconocimiento implícito de la presencia de miles de italo-suramericanos en España. Por primera vez no sólo tenemos la oportunidad de tener voto, sino de que una voz nos represente en el Parlamento'.

Esta candidata, que vive en Alicante desde 1992, piensa que los italianos procedentes del Cono Sur son más conservadores, pero no es el factor determinante: 'Creo que los italo-sudamericanos estamos más arraigados en los valores tradicionales, pero más que esto, lo que este gran colectivo desea y creo que apoyará será a alguien que sea uno de ellos'.

Los cabeza de lista por Europa han recorrido arriba y abajo el continente en busca de votos. Pero reconocen que hay altas probabilidades de que la participación sea baja.
'Entregar el país a Berlusconi es un peligro para la democracia', advierte convencido Fabio Palma, candidato por la Izquierda-Arco Iris que reside en Barcelona. 'Pero la izquierda tiene una culpa muy grande de la situación del país. Italia necesita reformas urgentes, como una ley del trabajo digna y una reactivación económica del país para frenar la fuga de cerebros', agrega.

La coalición liderada por el magnate Berlusconi, el Pueblo de la Libertad, encabeza los sondeos con una ventaja de entre 5 y 9 puntos sobre el Partido Democrático. Pero entre los jóvenes italianos que viven en España a menudo el desencanto pesa más que el miedo al regreso al poder del hombre más rico de Italia.

'He estado hablando estos días con otros italianos. A casi ninguno nos apetece votar. No siento que haya nadie que nos represente, hace falta una renovación muy profunda. Lo que me gustaría es que hubiese un gran número de votos en blanco', explica Veronica.

También votantes de la derecha han decidido no acudir a las urnas: 'Voté a Berlusconi porque creía que representaba mejor mis intereses empresariales pero esta vez ya me da igual, estoy harto', indica Andrea Guzzi, quien regenta junto a su mujer una tienda de ropa en Barcelona.

'Los italianos veíamos España como un país muy atrasado, muy católico. Pero los roles se están invirtiendo muy rápido. Mucha gente joven admira a [José Luis Rodríguez] Zapatero, incluso se hizo un documental que se llamó Viva Zapatero', señala Conchita y explica contenta que encontró trabajo a los dos meses de instalarse en Madrid.

 'Los conservadores italianos ven a Zapatero prácticamente como el Anticristo, creen que ha minado las bases de la familia y utilizan el término zapaterista para referirse a la extrema izquierda. Los progresistas, justo al revés, le ven con admiración por el avance que ha promovido en el campo de los derechos sociales', describe el candidato Palma.

Casi todos los entrevistados se llevan las manos a la cabeza al pensar en el rumbo que ha tomado el país que han abandonado y bromean sobre los candidatos que les pueden representar. Andrea Verde, reclutado por Berlusconi, ha sido productor de películas porno pero ahora defiende los valores cristianos en su web. Emmanuele Filiberto, nieto del último rey italiano, se presenta por la lista Valor y Futuro diciendo que 'la Casa Saboya ha dado mucho a Italia, no quiero pedirle una lira a los italianos' aunque su familia exigió una indemnización de 260 millones de euros al Estado italiano hace unos meses.

'Algunos amigos se plantean cambiar de país, pero no volver a Italia. Y aún menos si gana Berlusconi. Si gana él, será la muerte del país', sentencia Conchita.