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Japón espera la resurrección

El futuro primer ministro toma las riendas de un país con cifras récord de desempleo y déficit

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La amenaza de un ligero tifón sobre Tokyo parecía ayer el anticipo del cambio histórico que ha elegido emprender la sociedad japonesa. La victoria arrolladora del Partido Democrático de Japón (PD) en las elecciones parlamentarias del domingo ha puesto fin a medio siglo de gobierno casi ininterrumpido del Partido Liberal Democrático (PLD), pero también ha dejado a la expectativa a millones de japoneses que han confiado en la oposición para sacar adelante una economía que atraviesa su peor momento desde los años sesenta.

El líder del PD, Yukio Hatoyama, que en breve será nombrado primer ministro, es consciente del gran reto que tiene por delante: justificar que el 'cambio' de Gobierno era necesario. Un cambio que ha basado en dar prioridad a 'las personas' en lugar de perseguir el crecimiento económico a costa de reducir los servicios sociales, como ha hecho el Gobierno del PLD.

En su manifesto, el PD promete aumentar las inversiones en seguridad social y educación, ofrecer ayudas a las familias con el fin de aumentar el consumo doméstico y frenar el envejecimiento de la población. Pero no es con su manifesto con el que el PD ha conseguido una victoria arrolladora, sino con los votos de castigo de millones de japoneses 'disgustados con la situación económica que ha dejado el Gobierno actual', reconoció el mismo Hatoyama.

Uno de los primeros retos que deberá afrentar el PD, una coalición de tránsfugas del PLD y partidos de izquierdas y derechas, sin experiencia en gobernar, es el aumento del paro, que en el mes de julio alcanzó la cifra record del 5,7%, y la rápida precarización del empleo. 'El nuevo Gobierno debería llevar adelante una reforma completa del sistema laboral pero no creo que ocurra', explica a Público Inoue Masayuki , secretario del sindicato de trabajadores temporales de Tokyo. La expansión de la subcontratación laboral y los empleos temporales, los llamados haken, se han convertido en uno de los mayores problemas de la sociedad japonesa en los últimos siete años.

'El PLD permitió la expansión del trabajo temporal porque ayudaba a hacer crecer la economía y las empresas lo pedían, pero con la crisis el problema se ha desbordado', explica Masayuki, en su pequeño despacho lleno de archivadores. El sindicato recibe alrededor de 180 denuncias al mes de trabajadores subcontratados que han sufrido algún tipo de abuso.

'La mayoría de estos contratos son ilegales, no tienen indemnización por despido, ni seguridad social, ni paro, ni las horas extras pagadas. Así es imposible que alguien llegue a fin de mes', explica Togashi, portavoz de Moyai, una asociación dedicada a buscar alojamiento a estos 'trabajadores pobres'. Al no tener un contrato laboral indefinido, la mayoría no pueden conseguir el aval para alquilar un piso y muchos se ven obligados a dormir en los cibercafés 24h por el precio de alquilar un ordenador, o pasar la noche en el parque.

Por una pequeña cuota al mes, Moyai se compromete a avalarles el alquiler y a tramitar la seguridad social. El PD se ha comprometido a eliminar los contratos temporales de la industria manufacturera y a establecer contratos mínimos en otros sectores, pero Togashi cree que no es suficiente, porque sólo supondrá un mayor número de parados.

'Lo que hace falta es una nueva regulación en el mercado del alquiler y mejorar el sistema de seguridad social y educación para reintegrar a estos trabajadores en la sociedad', añade Togashi. En Japón hay alrededor de un millón y medio de 'trabajadores pobres', según cálculos de Moyai, pero el número podría ser mucho mayor si el Gobierno realizara un recuento oficial, algo que no ha hecho en los últimos 40 años.

EL PD también ha prometido garantizar el sistema universal de pensiones, hacer gratuita la escuela secundaria, eliminar los peajes de las autopistas y aumentar los subsidios a las familias dependientes de la agricultura para reanimar las zonas rurales.

Otro gran reto del PD será llevar a cabo estas medidas, orientadas a estimular el consumo doméstico y frenar problemas crónicos del país, sin disparar el elevado déficit público japonés, equivalente al 180% del PIB, el más alto del mundo desarrollado.