Publicado: 15.09.2015 18:42 |Actualizado: 16.09.2015 07:00

Jeremy Corbyn inquieta y siembra incertidumbres en Israel

El nuevo líder del Partido Laborista británico no comulga con los clichés sobre Oriente Próximo que circulan por Europa. Sus ideas son claras y contrarias a las que han conducido la región al peor momento de su historia.

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El nuevo líder del Partido Laborista, Jeremy Corbyn, muestra su solidaridad con los refugiados. / EFE

El nuevo líder del Partido Laborista británico, Jeremy Corbyn, muestra su solidaridad con los refugiados. / EFE

JERUSALÉN.- Los dirigentes israelíes han optado por guardar silencio en público a raíz de la victoria de Jeremy Corbyn en las elecciones laboristas del Reino Unido, pero fuera de micrófonos no ocultan su inquietud. Abierto simpatizante de Karl Marx, y con más de 32 años de experiencia en el Parlamento, Corbyn se ha expresado sistemáticamente en contra de la ocupación y a favor de un embargo de armas al Estado judío.

La ironía del destino quiso que la victoria de Corbyn, de 66 años, se anunciara al día siguiente de la visita del primer ministro, Benjamín Netanyahu, a Londres, donde no paró de intercambiarse arrumacos con su colega conservador David Cameron.

En lo tocante a Oriente Próximo, Corbyn es justamente lo contrario de Cameron, como también es lo contrario de los dos últimos primeros ministros laboristas, Tony Blair y Gordon Brown, quienes se han destacado, y en el caso de Blair sigue haciéndolo hoy, por seguir el juego a los dirigentes israelíes y tolerar la ocupación con grandes sonrisas.

Por supuesto, Corbyn ha sido acusado de “antisemita” en más de una ocasión. Estos últimos días las acusaciones se han redoblado, especialmente entre la comunidad judía británica. Un líder judío mencionado por la prensa hebrea asegura que “el laborismo se ha suicidado” al elegir a Corbyn. Por su parte, el Yediot Ahronot ve como una señal de mal agüero que Corbyn suceda al frente del partido al “judío Ed Miliband”, que recientemente perdió las elecciones a manos de Cameron.

Es natural que la era Corbyn siembre incertidumbres puesto que sus ideas sobre Oriente Próximo difieren sensiblemente del “consenso occidental” que ha conducido esta región a la situación actual, la peor con diferencia de cuanto los más viejos pueden recordar , no solo en el conflicto árabe-israelí sino en toda la zona y probablemente en toda la historia.



Corbyn está en contra de los bombardeos contra el Estado Islámico a causa de la muerte de civiles, ha denunciado que la guerra de Irak, que el laborista Blair lanzó alegremente de la mano de George Bush y José María Aznar, estaba “basada en la mentira”, es partidario de disculparse ante el pueblo iraquí, quiere un Oriente Próximo libre de armas nucleares, propone el embargo de armas a Israel y lamenta sinceramente la escabechina de Siria.

Por si esto fuera poco, sus ideas con respecto al conflicto árabe-israelí no pueden ser más claras. Son ideas que se alejan de la hipocresía a la que estamos acostumbrados y que no solo sostienen los líderes europeos individualmente, sino el conjunto de la UE, que permite con los brazos cruzados la desposesión sistemática y creciente de los palestinos.

Y aún más. Corbyn ha calificado a los dirigentes de Hamás de “compañeros que trabajan para la paz” y defiende que tanto Hamás como Hizbolá participen en una mesa de negociaciones donde se trate de resolver los numerosos conflictos de la región.

Un analista israelí destaca que Corbyn es distinto de sus antecesores en la medida que estos condujeron al laborismo británico a unas políticas “proclives a los negocios e indistinguibles de los conservadores, tanto en relación con el libre mercado como en relación con el imperialismo”. Justamente esto es lo que más preocupa en Israel.

En medios políticos israelíes se le ha calificado como “el enemigo más amargo de Israel, un enemigo que ha criticado a Israel sin descanso durante los 32 años que ha pasado en el Parlamento”. Esta acusación es generalizada y como es habitual tacha de enemigo de Israel a quien en realidad es enemigo de la ocupación y de las políticas imperialistas.

Corbyn ha visitado la Franja de Gaza y Líbano, ha dialogado con Hamás y con Hizbolá, insistiendo siempre en lo mismo: estas dos fuerzas deben incorporarse a la negociación para la resolución de los conflictos, una posición que no solo está en las antípodas de Cameron, sino en las antípodas del conjunto de la UE.

El nuevo líder laborista ha recordado que Israel ha negociado con Hamás el alto el fuego de la guerra del verano pasado, ha condenado las sucesivas invasiones de la Franja de Gaza y es partidario de que se investiguen los presuntos crímenes de guerra que Israel comete, no solo en las guerras, sino también entre las guerras.

“Nunca he oído a Israel declarar cuáles deberían ser sus fronteras finales. En cada negociación, Israel rechaza decir dónde deberían estar sus fronteras”, ha manifestado recientemente Corbyn acerca de un asunto que no parece preocupar en absoluto a los líderes europeos.

“Una resolución del conflicto debe comprender mucho más que el reconocimiento del Estado de Palestina. La gente debería recordar Sabra y Shatila en 1982 y la Nakba en 1948. Las víctimas de esos procesos todavía viven en campos de refugiados en Líbano, Jordania y Siria. La diáspora palestina por el mundo es impresionante. Ellos también tienen derechos. También tienen el derecho a volver a casa y el derecho al reconocimiento. Esto es muy importante. Nunca se debería olvidar”, ha dicho Corbyn.

En Israel se consuelan diciendo que Corbyn “está muy lejos de llegar al 10 de Downing Street”, que es la residencia del primer ministro en Londres. Ahora bien, son conscientes de que la claridad de sus ideas puede hacer daño al Estado judío aunque Corbyn nunca logre la victoria en las elecciones.

Hay israelíes que no solo le acusan de “antisemita” a él sino al conjunto del partido laborista. Así, un comentarista recuerda que hace más de una década se tildó a Tony Blair de pertenecer a “la banda de los judíos” que gobierna el Reino Unido, lo que en su momento se denunció como una prueba del antisemitismo latente en ese país.

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