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Kazajstán aprende a vivir con el monstruo nuclear

El primer país en abandonar las armas nucleares lucha con las consecuencias de cuatro décadas de pruebas atómicas

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'No me imagino mejor lugar para recibir esta noticia'. Ban Ki-moon se acababa de enterar en el medio de la estepa kazaja de que Barack Obama había anunciado que EEUU renunciaba a desarrollar nuevas armas nucleares. El secretario general de Naciones Unidas aprovechó su visita el martes pasado al inhóspito polígono nuclear de Kurchátov en el este de Kazajstán donde los militares de la Unión Soviética hicieron su primera prueba con la bomba atómica en 1949 para instar a los participantes de la conferencia sobre seguridad nuclear que termina hoy en Washington a deshacerse de sus arsenales. 'Pido a todos los países que sigan el ejemplo de Kazajstán', dijo Ban a dos kilómetros del epicentro de aquella explosión que convirtió a la URSS en una potencia nuclear.

Kazajastán fue el primer país que voluntariamente abandonó su arsenal nuclear, una herencia de la URSS tras ganar la independencia en 1991. En Washington, Obama intenta recabar el apoyo de 47 estados para luchar contra la proliferación nuclear.

El antaño ultrasecreto polígono de Kurchátov, un territorio del tamaño de Extremadura al este de ese enorme país de Asia Central, sirve hoy un doble propósito. El sitio alberga un centro de investigación sobre energía nuclear y sus sistemas de sismografía permiten detectar explosiones sospechosas en países tan lejanos como Corea del Norte.

Además, toda la región es un recuerdo doloroso de la devastación que causan las armas nucleares. Durante tres décadas se hicieron 456 pruebas una buena parte en la superficie que han provocado niveles de radiación mayores que los del accidente de Chernóbil en 1986.

'Llegó una ola de calor por el suelo que me segó las piernas'

Nina Kolesnikova escuchó la advertencia en la radio en 1954 hasta entonces los militares no habían informado de sus pruebas y la gente creía que los temblores que regularmente sacudían la región eran terremotos. 'Nos dijeron que selláramos las ventanas con papel y que nos quedáramos en casa', cuenta la anciana. Pero al escuchar la explosión, salió fuera para ver qué había pasado. 'Entonces llegó una ola de calor por el suelo y me segó las piernas. No fui capaz de levantarme', recuerda Kolesnikova, que vive hoy en una residencia en Semey (la antigua Semipalatinsk), la ciudad más cercana del polígono. Ella ha sobrevivió los daños pero su hijo de 54 años murió de cáncer hace cuatro meses.

Cuando los soviéticos convirtieron esta región en el mayor laboratorio nuclear de la historia vivían allí 1,5 millones de personas, la gran mayoría de etnia kazaja. En 1957 Moscú abrió un centro para evaluar el impacto de la radiación. No se ordenó el traslado de la gente afectada para poder observar la evolución de sus patologías. Se convirtieron en cobayas humanas.

Con los vientos de cambio bajo Mijáil Gorbachov a finales de los años ochenta, los kazajos empezaron a movilizarse contra el polígono. 'Todos sabíamos de las pruebas pero durante años nadie se atrevió a decir nada. Esto cambió con la perestroika', cuenta Sultan Khudaibergenov, que trabaja para la ONU en la región.

El 29 de agosto de 1991, exactamente 42 años después de la primera prueba nuclear, Nursultan Nazarbayev, entonces secretario general del Partido Comunista de Kazajstán y hoy presidente del país, ordenó el cierre del polígono. La ONU ha convertido esta fecha en el Día Internacional contra las Pruebas Nucleares.

Los científicos y militares rusos abandonaron el pueblo en masa, pero antes se encargaron de destruir documentos sensibles. La localidad, donde el físico Andréi Sájarov desarrolló la bomba de hidrógeno, se convirtió en un pueblo fantasma. 'Nos dejaron solos con todos los problemas del sitio', cuenta Kairat Kadyrzhanov, el director del Centro Nuclear Nacional que gestiona el polígono.

En diciembre de 1991, con el colapso de la URSS, Kazajstán ganó la independencia y con ello heredó todo el arsenal nuclear soviético que se encontraba en su territorio. De la noche a la mañana, ese país de 15 millones de habitantes de mayoría musulmana se convirtió en la cuarta potencia atómica del mundo. Sus 1.040 cabezas nucleares eran más que las de China, Francia y Reino Unido juntos.

Durante la URSS se hicieron 456 pruebas atómicas en la estepa kazaja

Nazarbayev, ya como presidente del país, no estaba cómodo con ese potencial destructivo. 'Los misiles tenían algo de satánico', contaba el líder autoritario a su biógrafo Jonathan Aitken. 'Me daba la sensación de que podrían volverse en contra de su dueño en cualquier momento'.

Había mucha presión desde dentro del país para mantener el arsenal. Y desde fuera algunos países musulmanes, como Libia, instaron a Nazarbayev a quedarse con la 'bomba islámica'. Un estado del Golfo Árabe llegó a ofrecerle 6.000 millones de dólares, según el libro de Aitken. Pero la presión combinada de Rusia y EEUU muy preocupados por la posibilidad de que las bombas podrían acabar en manos de alguien con malas intenciones acabó convenciendo al líder kazajo que negoció un multimillonario paquete de ayudas. Las armas fueron destruidas in situ o trasladadas a Rusia.

Las secuelas de tres décadas de experimentos con la bomba son muy visibles todavía hoy y tardarán generaciones en desaparecer. Hay un millón de personas afectadas, según cifras de la ONU. La tasa de cáncer de la región de Kazajstán Este es un 30% mayor que la media del país. Si las primeras personas afectadas desarrollaban cáncer del sistema intestinal porque ingerían material contaminado, hoy se ven más casos de cáncer por vía hormonal.

En la Universidad de Medicina en Semey se investiga las consecuencias de la radiación en en una estrecha cooperación con instituciones en Hiroshima donde se observan los mismos problemas. 'El 70% de las mujeres embarazadas tienen algún problema', explica Kulyash Dzhaksalova, la jefa de pediatría, delante de una macabra vitrina llena de fetos deformados en formol.

Muchos jóvenes de la ciudad hacen pruebas de ADN antes de tener una familia. 'Mi novia y yo nos queremos casar pero antes haremos un test para asegurarnos de poder tener un niño sano', dice Ustan, un voluntario en un centro de juventud de Unicef. Hay un registro de los afectados que reciben tratamiento gratuito, aunque algunos expertos creen que la sanidad en la región es insuficiente.

El Gobierno kazajo con ayuda de la Unesco quiere convertir el polígono de Kurchátov en un gran museo para conservar la memoria de los horrores atómicos. Además, la siniestra experiencia de cientos de pruebas, así como las instalaciones en un terreno amplio, ofrecen buenas condiciones para la investigación. También se ofrece formar a observadores internacionales que inspeccionan instalaciones sospechosas en países como Irán.

Muchos jóvenes de la ciudad hacen pruebas de ADN antes de tener una familia

Los cuatro reactores de prueba en el polígono sirven para desarrollar el uso civil de la energía nuclear. A pesar de ser uno de los primeros productores de petróleo del mundo, Kazajstán planea tener sus propias centrales nucleares.

Mientras, la estepa dónde explotaron las bombas atómicas se recupera poco a poco. Las autoridades kazajas consideran que el 80% del polígono ya está lo suficientemente limpio para la ganadería y la minería. Pero un 5% del territorio sigue tan contaminado que los efectos tardarán unos mil años en desaparecer.

'El sitio todavía es un monstruo', admite el director del centro de Kurchátov, Kadyrzhanov. 'Pero hemos estudiado cómo se comporta y sabemos controlarlo'.

EEUU
En el desierto de Nevada
Con más de mil pruebas nucleares, Estados Unidos es el país que más tests ha realizado en la historia. El sitio más usado fue el desierto de Nevada. La última prueba se hizo en 1992. El Pentágono también usó las islas Marschall y otros territorios en el Pacífico para experimentar con la bomba atómica.

Francia
Sáhara y Mururoa
El ejército francés se aprovechó de su colonia Argelia para probar bombas en el Sáhara. Recientemente se ha sabido que se desplegaban tropas de infantería muy cerca de las explosiones. París también hizo tests en Mururoa en el Pacífico hasta 1996 .

Reino Unido
Cooperación con EEUU
Los militares británicos ‘sólo’ hicieron 45 tests nucleares, la mayor parte en Australia y otros en EEUU, en cooperación con sus colegas norteamericanos.

Otros
Asia entra en el club
Pekín ha experimentado con la bomba nuclear en la provincia occidental de Xinjiang, fronteriza con Kazajstán. India y Pakistán también han hecho tests. El último país en entrar en el club fue Corea del Norte.