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Kosovo será la espina de Zapatero al frente de la UE

Políticos y diplomáticos extranjeros presionan a Madrid para que lo reconozca como un Estado independiente durante la presidencia española. Pristina intenta integrar a la minoría serbia

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Nezrail Qahili recuerda con horror el 5 de abril de 1999, cuando la Policía Militar serbia entró en Lubishte, un pequeño pueblo del sur de Kosovo. 'Dijeron que estaban buscando armas y gente del Ejército de Liberación de Kosovo, pero acabaron llevándoselo todo: coches, tractores, dinero', cuenta este profesor de 59 años. Como los demás habitantes de Lubishte, Qahili abandonó el lugar ante la purga étnica del Ejército yugoslavo a órdenes de Slobodan Milosevic. A la vuelta encontró casas destruidas y varios cadáveres de vecinos. Casi diez años después ha superado el rencor. 'No todos los serbios son malos. Fueron manipulados por los políticos que querían erradicar a los albanokosovares', cuenta.

La reconciliación entre la mayoría albanesa y la minoría serbia es la principal preocupación de las autoridades de Kosovo, que declaró su independencia de Serbia el 17 de febrero de 2008. Acomodar a los serbokosovares que se niegan a reconocer el nuevo Estado es clave en el proceso de ganar el reconocimiento internacional que puede convertir a Kosovo en un país soberano. 'Desde la declaración de independencia no ha habido casos de venganza contra los serbios, no hubo un éxodo de ellos y respetamos sus derechos humanos', afirma el presidente kosovar Fatmir Sejdiu en la sede de Gobierno en Pristina.

España tendrá que interpretar en nombre de la UE el veredicto judicial

Kosovo ha sido reconocido por 63 países, pero España se opone, al igual que países como Rusia, China y la mayoría de estados latinoamericanos. 'Kosovo no existe como entidad ni realidad política', dice un portavoz del Ministerio de Exteriores en Madrid. En estos momentos, España no tiene ni un solo representante en el país. Grecia y Eslovaquia tienen oficinas de intereses en Pristina, a pesar de que tampoco lo reconocen como Estado.

Políticos locales y diplomáticos extranjeros están preocupados por la actitud del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, sobre todo ante la presidencia española de la UE que comienza en enero. 'España debería mandar un representante. Espero que sean más pragmáticos durante la presidencia', dice un alto cargo de un organismo internacional.

Kosovo inevitablemente ocupará un lugar importante en la agenda de la presidencia europea. En abril, la Corte Internacional de Justicia publicará su veredicto sobre la independencia de Kosovo y le tocará al Gobierno español interpretarlo en nombre de Europa. El presidente Barack Obama presionó a Zapatero cuando se reunieron en Washington en septiembre.

'A Zapatero le convendría reconocer Kosovo ahora y ganarse así un favor de los americanos. Si no, tendrá que reconocerlo más tarde sin ninguna recompensa', comenta un diplomático kosovar. Sin duda, este tema será la espina de la presidencia española de la UE. 'España está perdiendo una gran oportunidad al no mandar a nadie aquí para entender que está pasando', afirma el ministro de Finanzas, Ahmet Shala.

'El ministro Moratinos no tiene ni un minuto para escucharnos, lo cual es el mínimo de educación', lamenta Bajram Rexhepi, ex primer ministro que acaba de dejar el cargo de alcalde de Mitrovica, la ciudad dividida en el norte del país. Es el sitio más explosivo de Kosovo. El puente sobre el río Ibar es un monumento a la división entre los serbios del lado norte y los albaneses en el sur porque ha sido escenarios de muchos enfrentamientos violentos.

'No me fío de los políticos albaneses', cuenta un serbio en Mitrovica

'Nunca voy a la parte albanesa y no me fío de los políticos albaneses', cuenta Vuk, un joven serbio que vive en Mitrovica norte. Pero el ex alcalde Rexhepi asegura que las cosas están mejorando: 'Muchos serbios dicen en privado que les gustaría volver a tener relaciones con sus antiguos vecinos albanokosovares, pero no lo dicen en público por miedo a los grupos radicales'.

El Gobierno serbio mantiene el control sobre el norte de Kosovo, gracias a grupos afines y los salarios para empleados en la administración paralela que paga Belgrado. 'Sin estos sueldos, muchos serbios se marcharían de aquí', asegura Momcilo Arlov, que ha luchado del lado serbio en las guerras de Croacia, Bosnia y finalmente Kosovo, donde se ha quedado. Hoy trabaja en un centro civil. No reconoce Kosovo, pero dice que la situación actual no es sostenible. 'Se nos está acabando el tiempo'.

Desde los graves disturbios en Mitrovica en 2004, la situación se ha calmado bastante, gracias en buena parte a la presencia de la OTAN. 'De momento, no veo motivos para que se produzcan nuevos incidentes', cuenta el comandante de la KFOR, el general alemán Markus Bentler, quien prevé una reducción de los 12.500 soldados el año que viene. Pero Bentler es cauto. 'Aquí puede pasar de todo, el proceso actual no es irreversible', advierte. En este sentido, lamenta la retirada repentina y casi sin aviso de las tropas españolas este verano.

Una de las tareas de KFOR es la vigilancia de los monasterios ortodoxos en los enclaves serbios en el sur, como el pueblo de Gracanica cerca de Pristina. El municipio es un ejemplo del progreso paulatino en la integración de la minoría serbia. En las elecciones locales del pasado domingo, el 26% de los habitantes votó pese a los llamamientos de boicot desde Belgrado.

'La minoría serbia ha sido manipulada durante mucho tiempo', dice el ganador de las elecciones, Bojan Stojanovic, del Partido Liberal Serbio. Durante años, los serbios de Gracanica han rechazado cooperar con las autoridades kosovares, con consecuencias económicas graves. 'La gente no puede vivir de la ideología, hace falta trabajar juntos para mejorar las condiciones de vida', dice Stojanovic, quien también es ministro de Bienestar en el Gobierno de Kosovo como representante de la minoría serbia.

Casi todos los actores en Kosovo han adoptado una actitud pragmática para solucionar el impasse. El Gobierno español, sin embargo, no piensa flexibilizar su política hacia el problema kosovar, a pesar de la responsabilidad europea que asume en enero. 'Gobierno y oposición piensan lo mismo acerca de Kosovo, así que nuestra posición no cambiará', aseguran en Exteriores.

Stojanovic no reconoce la independencia aunque forma parte del Gobierno. 'Sé que parece una contradicción, pero a los serbios no nos queda más remedio que cooperar'.