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El lavado de cara del Frente Nacional con el que pretende esconder su pasado fascista 

Le Pen propone un nuevo nombre para su formación para conseguir tejer alianzas con otros actores de la derecha francesa.

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Marine Le Pen durante el Congreso Nacional del Frente Nacional.- EFE

“Os propongo que el Frente Nacional se convierta en el Rassemblement national (Agrupación Nacional)”. Marine Le Pen ha propuesto este domingo por la tarde el nuevo nombre con el que quiere rebautizar a la extrema derecha francesa. Durante el discurso de clausura del Congreso nacional del FN, celebrado este sábado y domingo en Lille, norte de Francia, Le Pen ha anunciado la nomenclatura con la que quiere iniciar una nueva etapa del partido ultraderechista, que fundó su padre, Jean-Marie Le Pen, en 1972. La elección del nuevo nombre, que será plebiscitado por los militantes, no sólo refleja la voluntad de alejarse del pasado neofascista de la formación, sino también la obsesión de Le Pen para tejer alianzas con otros actores de la derecha francesa.

“Tenemos que realizar alianzas, ganar sin alianzas es muy difícil en Francia (por el sistema electoral a doble vuelta)”, ha reconocido Le Pen. Ante los militantes y dirigentes de su partido, ha defendido que: “Originariamente fuimos un partido de protesta. Después lo fuimos de oposición. Ahora no debe haber ninguna duda de que queremos ser un partido de gobierno”.

Para erigirse en la principal alternativa al proyecto neoliberal progresista del presidente francés, Emmanuel Macron, Le Pen aspira a liderar el bloque de la derecha nacionalista. Para ello, quiere llegar a acuerdos con dirigentes del decadente partido de Los Republicanos (LR), el equivalente del PP en Francia. Una alianza denegada en repetidas ocasiones por el secretario general de LR, el conservador Laurent Wauquiez, cuyo discurso xenófobo mantiene similitudes evidentes con el de la extrema derecha francesa.

A pesar de sus buenos resultados, la dificultad para llegar acuerdos con otras formaciones ha servido como cordón sanitario en Francia ante el ascenso electoral del FN durante los últimos años. De hecho, el partido de Le Pen ha celebrado el Congreso de Lille, conocido pomposamente como el de “la refundación”, inmerso en una profunda depresión.

Tras su derrota el año pasado en la segunda vuelta de las presidenciales ante Macron, el FN obtuvo unos pobres resultados en las legislativas de junio (13%). Desde entonces, el número dos del partido, Florian Philippot —el principal responsable de la estrategia de normalización—, fue forzado a dimitir en septiembre. La carismática sobrina de Marine, Marion Maréchal-Le Pen, también se ha retirado de la vida política activa (probablemente de manera provisional).

"El fin del ciclo electoral exitoso del FN"

“Estamos probablemente ante el final del ciclo electoral (iniciado en 2012) en que el FN estuvo en el centro de la vida política francesa”, explica la politóloga Christèle Marchand-Lagier, experta en los electores del FN. Según esta profesora de la Universidad de Avignon, “durante los últimos años se ha sobrevalorado la capacidad para alcanzar el poder del FN, cuyo éxito se debió al voto de protesta de las personas decepcionadas con los partidos tradicionales”. Una función de partido de protesta que está siendo reemplazada por el populismo de izquierdas de la Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, que se ha erigido en el principal opositor a Macron, según los estudios de opinión.

Tras la pobre campaña de las presidenciales y el esperpéntico debate televisivo justo antes de la segunda vuelta del 7 de mayo, “la figura de Marine Le Pen cada vez está siendo más criticada dentro de la formación”, afirma Marchand-Lagier. Cada vez más discutida, aislada políticamente y con una imagen pública muy debilitada, las únicas recetas de Le Pen ante la crisis de la extrema derecha son cambiar el nombre y moderar su discurso sobre la Unión Europea y el euro.

“Perdimos en las presidenciales porque los franceses creyeron que éramos antieuropeos”, reconoce en declaraciones a Público Philippe Olivier, la nueva mano derecha de Le Pen. “Pero nosotros no somos antieuropeos, sino que estamos en contra de la idea de Europa de Bruselas, que es carcelaria”, añade Olivier. Por este motivo, los dirigentes frontistas han dejado de defender la conveniencia de celebrar un referéndum sobre la continuidad de Francia en la zona euro y ahora apuestan (en el caso de que llegaran al Elíseo) por un período de transición de cinco años durante el cual renegociarían los tratados europeos.

La mirada puesta en las europeas de 2019

De hecho, el principal consuelo de Le Pen es la buena salud del populismo de derechas en la mayoría de estados occidentales. Las referencias de los dirigentes del FN a los gobiernos neoconservadores de Polonia o Hungría, los buenos resultados de la Liga Norte en Italia o la coalición entre conservadores y ultraderecha en Austria han sido constantes durante el Congreso de Lille. “Habrá que esperar a las próximas elecciones europeas (en la primavera de 2019) para determinar si se ha terminado o no el ciclo electoral exitoso en Francia del Frente Nacional”, defiende el politólogo Jean-Yves Camus, especialista de la extrema derecha y autor de Les Droites extrêmes en Europe.

“Durante las próximas elecciones europeas será la Europa de las naciones contra la Comisión Europea”, ha afirmado Le Pen. La líder de la ultraderecha francesa confía en aprovecharse de las dificultades del Partido Popular en Europa y la crisis de la socialdemocracia para que el grupo de la extrema derecha sea el más numerosos en el futuro Parlamento Europeo.

“La historia está de nuestro lado”, proclamó este sábado por la tarde en Lille Steve Bannon, el antiguo consejero de Donald Trump, que se encuentra de gira por Europa promoviendo los movimientos populistas de derechas. Aclamado como una estrella de rock por los militantes del FN, Bannon también hizo referencia a la gran ausente del Congreso: Marion Maréchal-Le Pen. “Se trata de una de las personalidades más impresionantes que he conocido”, aseguró el ideólogo del trumpismo.

Después de haberse retirado de la vida política en mayo, Maréchal-Le Pen, 29 años, retornó a la arena pública a finales de febrero, cuando realizó una mediática intervención en Estados Unidos en el gran acto anual de los conservadores norteamericanos. Lo que ha incrementado aún más los rumores de que la sobrina de Le Pen desea disputarle a su tía el liderazgo del FN, que funciona prácticamente como un partido dinástico. “A diferencia de Marine, Marion —más liberal y conservadora que su tía—, sí que representaría una aliada creíble para los Republicanos”, asegura Camus.