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Lesbos De niño refugiado moldavo a juzgado en Lesbos como traficante de personas

En el juicio a los bomberos españoles de ProemAid, 7 de mayo en Lesbos, se juzgará también a dos miembros de la ONG danesa Team Humanity: Mohammad Abbassi y Salam Aldeen, el único retenido en Grecia de enero de 2016 a agosto de 2017.

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Salam Aldeen desembarca a una niña en Lesbos - Kevin McElvaney

Cuando este lunes 7 de mayo comience, en el Tribunal 9 de Mitilene (Lesbos), el juicio a los tres bomberos españoles de la ONG ProemAid acusados de “tentativa de tráfico de personas” por el rescate de una balsa jamás hallada el 14 de enero de 2016, en plena “crisis de los refugiados, Manuel Blanco, Julio Latorre y José Enrique Rodríguez se reencontrarán con los dos miembros de la ONG danesa Team Humanity en cuya lancha, esa noche, navegaban: Mohammad Abbassi, uno de sus treinta voluntarios y el fundador y patrón de la embarcación: Salam Kamal Aldeen.

Él es el único de los cinco a quien se impuso una fianza de 10.000 euros en vez de 5.000, y a quien, una vez pagada, se le obligó a quedarse en Grecia de enero de 2016 a agosto de 2017, dieciocho meses. Un desconocido en España, aunque presente en rescates de los telediarios y hasta protagonista, para su sorpresa, de la campaña de venta de CD “El refugio del sonido” en El País para Médicos sin Fronteras, por la fotografía con que Santi Palacios ganó el V Premio Nacional de Fotoperiodismo de la Asociación de Informadores Gráficos.

Ni Salam Aldeen, ni su ONG, Team Humanity, han recabado respaldo equivalente al de los bomberos de ProemAid, que irán a juicio tras tener eco en la Comisión y el Parlamento europeo, arropados por la consejera de Justicia andaluza, Rosa Aguilar, delegaciones del Parlamento andaluz y el Ayuntamiento sevillano. Además del apoyo del cónsul de España en Grecia, Juan Sáenz de Heredia, el Defensor del Pueblo y el Parlamento de Andalucía, el consistorio de Sevilla o el de Madrid, la presidenta andaluza, Susana Díaz, y dos ministros del Gobierno español: el de Exteriores, Alfonso Dastis y, el del Interior, Juan Ignacio Zoido.

Los funcionarios del cuerpo de bomberos cuentan, además, con simpatía generalizada de la isla. Sobre Salam Aldeen, en cambio, una parte de la ciudadanía de Lesbos extiende sombra de duda. Fuentes de las fuerzas de seguridad, algunos periodistas e incluso activistas apuntan que, desde noviembre de 2015, Aldeen recorría a gran velocidad las carreteras, en coches que, tras percances de tráfico, sustituía de inmediato, haciendo alarde de una solvencia financiera llamativa para una ONG que él había creado en un mes. Si bien, otros voluntarios, locales y extranjeros, le señalan como el más entregado rescatador, incluso en los peores meses del invierno. “Un semi-Dios”, se llega a escuchar.

Campaña El refugio del Sonido, en EL PAIS para Médicos sin Fronteras con la fotografía de Salam Aldeen con que Santi Palacios ganó el V Premio Nacional de Fotoperiodismo.

Partidarios y detractores prefieren preservar su identidad. Entre ambos extremos, instituciones como el británico Institute of Race Relations le incluyen -en pie de igualdad a Abassi, Blanco, Latorre y Rodríguez-, como uno de los 40 activistas europeos que, según su informe Humanitarism: the unacceptable face of solidarity, sufren la criminalización de la ayuda humanitaria, a los que se han sumado los casos de Helena Maleno en Marruecos y Proactiva en Italia.

La responsabilidad de Salam Aldeen se dilucidará en el juzgado, pero la semblanza de su vida, según él la cuenta a Público en entrevista telefónica, arranca con su nacimiento hace 36 años, 1986, en Moldavia, el país de su madre, Zinaida, donde ésta conoció Adel, un iraquí que cursó Ingeniería Técnica Agrícola en la Unión Soviética. La pareja tuvo tres hijos, Salam, Samer y Anis. Pero, cuando en 1991 estalló la Guerra civil moldava, se vio impedida para huir.

“Yo tenía 9 años cuando, de la noche a la mañana, se acabó la vida normal”, rememora Salam Aldeen. “Adiós al colegio, dejamos todo atrás y empezamos a caminar, cruzando incluso los Balcanes, también en guerra, ¡recuerdo los aviones!, buscando dónde vivir una vida normal”. El lugar acabó siendo la capital danesa, Copenhague, donde la familia Aldeen ha vivido 26 años, la mayor parte de ellos, gracias al restaurante familiar, Azori, “que la crisis se llevó por delante”.

De Copenhague a Lesbos en 2015 en plena “crisis de los refugiados”.

En septiembre de 2015, Salam Aldeen consideraba montar una empresa de albañilería, cuando “dos días antes de mi 33 cumpleaños vi en el telediario la imagen de Aylan Kurdi que, como a tantos, incluido el bombero Onio Reina, de Sevilla, me revolvió la conciencia”, explica. “Pensé que no quería fiesta ni regalos de cumpleaños, sino ir una semana a Lesbos a ver qué estaba pasando”.

Al día siguiente, 4 de septiembre, compró el vuelo y el 5, día de su aniversario, aterrizó en la capital, Mitilene. “A las tres horas estaba sacando a mujeres y niños del mar”. Sin formación de socorrista, “nadando desde la orilla. Pero es que fue un shock llegar a la playa y ver barcas a rebosar y ninguna estructura oficial de rescate. ¿Dónde estaban las autoridades de salvamento, la policía, ONGs grandes como Cruz Roja? Ayudaban voluntarios y turistas, ante algún cámara y periodista”. La faceta mediática de Salam Aldeen es otra de las aristas que, para bien o mal, como herramienta de denuncia o rasgo de vanidad, se resalta en su perfil.

Pasada esa semana, de vuelta a Dinamarca, sacó la licencia de barco de hasta 15 metros, en un curso intensivo de tres días, hizo gestiones para que el holandés Menco Bolt le procurara una embarcación y creó “con Reda ZamZam, Lykke May y Walid Walle” la ONG Team Humanity, con cuya incipiente organización volvió, en noviembre. “A Mohammad Abbassi me lo presentaron, como uno de nuestros treinta voluntarios, tres días antes de volver yo a Lesbos”.

Los bomberos de ProemAid llegaron a Lesbos el sábado 3 de diciembre de 2015, recuerda su co-fundador -con Manuel Blanco y el ahora desvinculado José Pastor-, José Antonio (Onio) Reina. “Entonces el flujo de dinghys llegaba por el norte de la isla, a sólo a 12 kilómetros de Turquía, y allí rescataban organizaciones como Proactiva que nos indicó que nos quedáramos en el sur”.

Pero cuando la agencia europea de fronteras, Frontex, desplegó dos barcos en ese estrecho, los traficantes turcos empezaron a lanzar balsas por la zona ancha del Egeo, a 25 kilómetros, hacia el sur de Lesbos. Con lo que al poco, Proactiva, los daneses de Team Humanity y los holandeses de Boat Refugee Foundation también bajaron.

“Desde que Salam llegó, nos tendió la mano”, recuerda Reina. “Yo respondo por el trabajo que le he visto desde diciembre. Si me preguntan por antes o habladurías de alguna llamada a Turquía, respondo la verdad: que de eso no sé nada. Pero lo que sí sé, lo que siento, es que no conozco a nadie con su capacidad de trabajo y en condiciones tan extremas: agua helada que dolía y echaba atrás a otros rescatadores y tanto sufrimiento emocional. Nada paga eso. No se hace por dinero, sale del corazón. Estoy dispuesto a testificarlo ante cualquier tribunal y así se lo he dicho a Salam”.

Reina es el único contacto de Salam Aldeen en ProemAid. “Entiendo y respeto”, explica Aldeen, “que el abogado de ellos (Haris Pétsikos) les habrá aconsejado caminos separados”. Algo que han confirmado los tres bomberos españoles y su letrado. “Pero tanto yo como mi abogado, Fragkiskos Ragkousis –Mohammed Abbassi ha informado a este diario de que a él le representa el tándem greco-danés de Themistoklis Kefalas y Knud Foldshack-, entendemos que la situación es la misma: no cometimos delito alguno. Ante un aviso de auxilio en un grupo de WhatsApp de rescatadores, yo llamé a ProemAid porque su barco necesitaba arreglos y salimos a buscar a los náufragos”.

Salam Aldeen denuncia que el arresto, la acusación y la instrucción del caso han sido malintencionados, “corruptos”, por obra de los guardacostas griegos, “con quienes siempre colaborábamos. Sólo 48 horas antes del arresto rescatamos a 51 personas con su permiso. Tengo vídeo donde dan luz verde”. Una vez detenidos, “me obligaron a firmar una declaración en griego, pese a que me opuse porque no la entendía, donde se consigna su acusación de que me dedico a traficar. Un procedimiento corrupto total”.

Dudas sobre la financiación o prejuicios

Niega no ya tener oscuras fuentes de financiación, sino hasta esa abundancia de fondos que se menciona en Lesbos, incluso entre quienes le defienden y apuntan “que nada malo habría, si alguien rico, de países árabes, para ayudar a atender a otros musulmanes, hubiera financiado la ONG de Salam”. “El dinero que manejábamos”, responde él, “era de nuestras aportaciones como voluntarios y nuestras familias. Pagábamos el combustible del barco y agua y comida para los rescatados, algo que debían haber hecho el Gobierno griego y las instituciones europeas”

“Yo me enganché”, señala, “a sacar gente del agua. Las miradas de los rescatados, el reencuentro, en la orilla, de familias que se creían perdidas, me emocionan aún. Me influyó, claro, haber sido yo refugiado con 9 años, mis raíces musulmanas, hablar árabe, además de ruso y danés. No podía parar de rescatar”. Y aunque evita las palabras “racismo” o “prejuicio”, subraya que las autoridades danesas no le han apoyado ni contactado diciendo: “Supongo que, aunque llevo 26 años en Dinamarca y tengo la residencia, por mi nombre, aspecto y origen sigo considerado un extranjero. Y el gobierno es menos protector con ciudadanos como yo”.

La llegada del juicio es una cita “que afronto tranquilo porque no tengo qué temer” –palabras idénticas a las enviadas por mensaje a Público por Mohammad Abbassi-. “Deseando que acabe esta pesadilla”, añade Aldeen, “una experiencia muy dura, para mí y mi familia, mental, física y económicamente”. Alude así a los dieciocho meses en Grecia en los que, al principio, siguió en Lesbos “rescatando ya no en alta mar, sino en la orilla”, para ir luego a la zona continental, Idomeni “y un campamento para 1.500 refugiados en Oreokastro”. Sin ingresos, en todo ese lapso, proveniente de un empleo.

¿Qué espera del juicio y qué planes alberga tras la sentencia? “Como no hubo delito, no puede haber prueba, así que tienen que absolvernos”, contesta. “¿Luego? Acabo de casarme este febrero con Amal Mahmut, a quien conocí siendo ambos voluntarios en Grecia, una ciudadana alemana, ella misma refugiada yazidí iraquí. Merecemos celebrar la boda como no hemos podido”. En el horizonte “viajar a Moldavia donde mi abuela vive todavía”. ¿Y a largo plazo? “Mi vida va a estar ya para siempre vinculada al rescate, en un lugar u otro. No se puede regresar a lo que llamamos vida normal, de antes, cuando has visto lo que yo, has sacado a tantos del mar. Buscaré dónde soy de más utilidad para seguir salvando”.

La historia de Salam Aldeen está siendo rodada por el danés Jonas Bruun, que asistirá al juicio donde, en principio, está prohibido tomar imágenes y, según informa a Público, tiene previsto estrenar su película, en el Festival Internacional de Documentales de Copenhague CPH:DOX, en marzo de 2019, con el título de La Odisea de Salam.