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Otra mancha en la reputación de China

Mueren 66 personas al chocar dos trenes en una zona olímpica

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La imagen pública de China volvió a sufrir ayer un nuevo batacazo. La colisión de dos trenes de pasajeros en la madrugada del lunes en una zona rural de la provincia de Shandong, al Este del país, causó la muerte de al menos 66 pasajeros y más de 400 heridos, según informaron los medios estatales.

El siniestro pone en cuestión la seguridad de las infraestructuras de transporte en el gigante asiático cuando quedan poco más de 100 días para los JJOO de Pekín.  

El accidente -el peor en el sistema ferroviario chino de los últimos diez años- se produjo al descarrilar el expreso nocturno que une Pekín con Qingdao, sede de los campeonatos olímpicos de vela y capital de Shandong, y chocar contra un convoy que viajaba en dirección contraria. Entre los heridos hay cuatro ciudadanos franceses, aunque no se informó de extranjeros entre las víctimas mortales. Otro de los pasajeros heridos de gravedad es Hu Weidong, entrenador de la selección china de vela, que se dirigía a las instalaciones deportivas de Qingdao.  

Un eje olímpico

La línea de tren Pekín-Qingdao, que quedó cortada por el accidente, será uno de los ejes de comunicación principales entre las dos ciudades olímpicas. El comité organizador tiene previsto inaugurar a principios de julio una nueva línea exprés que permitirá recorrer los 800 kilómetros que separan las dos ciudades en cuatro horas. Uno de estos convoys atropelló y mató a 18 trabajadores en enero.  

El accidente fue debido a un 'error humano', según informó la agencia oficial Xinhua, pero no especificó más detalles. El desarrollo desenfrenado de las infraestructuras en China durante los últimos años han convertido la posibilidad de que ocurran accidentes de este tipo antes de los JJOO en uno de los principales temores de las autoridades. La tragedia de ayer demuestra que los temores no son infundados, aunque el Gobierno asegura que el número de víctimas mortales por accidentes ferroviarios en 2007 se redujo en un 45% respecto al año anterior, hasta los 2.595.

En los últimos cinco años, se han construido en China miles de kilómetros de carreteras, autopistas, aeropuertos y vías de tren, siendo éste el transporte más popular del país, con 1.360 millones de billetes vendidos en 2007. Una de las prioridades del Gobierno es desarrollar y aumentar las líneas de alta velocidad propias, como la que unirá en el futuro Pekín con Shanghai. Las obras, empezadas el pasado 18 de abril, suponen una inversión de 220.000 millones de yuanes (22.000 millones de euros), que reducirá a la mitad el viaje entre estas dos ciudades, de 10 a 5 horas.  

El accidente ferroviario se produce tres días antes de las vacaciones del Primero de Mayo, en las que se espera que más de 5 millones de chinos se desplacen en tren. Qingdao, una ex colonia alemana junto al Mar Amarillo, es un popular destino turístico, gracias a sus playas y la popularidad de su cerveza, Tsingtao.  

China experimentó en febrero un gran caos cuando un temporal de frío y nieve colapsó la red de ferrocarril en el interior y dejó a millones de trabajadores sin poder regresar a sus casas para pasar las vacaciones de Año Nuevo Lunar. 

Pekín prefirió ayer recurrir a la dureza y la discreción. La cadena de televisión pública CCTV, controlada por el Gobierno, dedicó apenas un par de minutos a la noticia del siniestro. La información destacaba el despido inmediato de dos altos cargos regionales del ferrocarril.

Pero eso no fue el arranque del informativo televisivo. Los veinte minutos previos fueron para informar sobre el relevo de la antorcha olímpica por Corea del Norte y al ascenso del fuego olímpico al Everest.  Cuando se produjo el caos por el temporal de febrero, el Gobierno recurrió a la propaganda para mostrar su solidaridad con los afectados y asegurar la estabilidad social.