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Manuel Valls, el socialista que nunca lo fue

El ex primer ministro francés estudia una propuesta de Ciudadanos para presentarse a la Alcaldía de Barcelona. Su trayectoria política está marcada por representar las posturas más conservadoras del Partido Socialista galo, del que salió por la puerta de atrás tras 37 años de militancia, y por su dura política migratoria durante sus años de ministro del Interior.

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El ex primer ministro francés Manuel Valls. - EFE

Manuel Valls guarda en el armario su disfraz favorito, el de socialista. Situado siempre en el sector más conservador del socialismo francés, el que fuera primer ministro galo se terminó de quitar la careta al fracasar en las primarias del que fuera su partido y perder la opción de presentarse como candidato al Elíseo. Tras las legislativas de junio de 2017, se incorporó al partido del liberal Emmanuel Macron como diputado afiliado y este viernes ha dado un paso más al anunciar que estudia presentarse como candidato por Ciudadanos a la Alcaldía de Barcelona en las municipales de 2019.

"Me interesaría continuar con el debate independentista", ha defendido Valls al ser preguntado en Los Desayunos de TVE por la oferta del partido de Albert Rivera. "El proyecto separatista ha muerto por la respuesta del rey y de Europa, pero las ideas independentistas seguirán y el proceso va a ser largo porque la sociedad está muy dividida", ha incidido el político, nacido, precisamente, en Barcelona y que ha participado en numerosos actos contra la independencia de Catalunya.

Valls, número dos del expresidente François Hollande hasta diciembre de 2017, encarna la ruptura de la izquierda francesa

Valls, número dos del expresidente François Hollande hasta diciembre de 2017, encarna la ruptura de la izquierda francesa. En pocos meses pasó de líder del Partido Socialista (PS) a proscrito de la formación en la que militó 37 años. Su caída en desgracia se aceleró en las elecciones primarias de la agrupación de enero, en las que el exministro Benoît Hamon, representante del ala más izquierdista, le batió claramente en la segunda ronda.

Su posicionamiento en las presidenciales a favor de Macron hizo que los socialistas no lo invistieran en las legislativas de junio, donde se presentó como candidato independiente y ganó con apenas el 50,3% de los votos frente al aspirante de la izquierdista La Francia Insumisa. Aunque el partido del actual presidente francés, La República en Marcha, rechazó en un principio incluirlo en sus filas, Valls finalmente se unió a ese grupo parlamentario como diputado afiliado, situación que le permite disfrutar de ciertas ventajas logísticas y administrativas.

Autoritario y con imagen de hombre crispado, Valls se valió de la gestión que hizo como alcalde de la ciudad de Evry, a las afueras de París, para ganar popularidad y méritos para hacerse cargo del Ministerio del Interior, cartera que ocupó entre 2012 y 2014. En esos dos años, explotó las posturas más conservadoras en el PS, con una dura política migratoria con la que se granjeó el rechazo de buena parte de la formación.

El ex primer ministro francés siempre se ha mostrado ideológicamente alejado de muchos compañeros de su antiguo partido

Partidario de armar a la policía municipal, Valls se centró en la lucha contra la criminalidad con la creación de "zonas de seguridad especiales" en barrios conflictivos y nunca escondió su postura favorable a la expulsión de inmigrantes. Sonada fue tanto la polémica como las críticas recibidas incluso dentro de su propio Gobierno tras el caso de una joven de 15 años de origen kosovar, expulsada del país durante una excursión escolar. 

Antes, también provocó protestas y divisiones entre los socialistas con el desmantelamiento de campamentos de gitanos rumanos y búlgaros y la expulsión de Francia de sus ocupantes. Medidas con la que Valls, que llegó a decir que Rumanía y Bulgaria "no estaban preparadas" para integrarse en el espacio  Schengen de la UE, sacaba pecho al asegurar que los índices de delincuencia habían bajado gracias a sus decisiones

El ex primer ministro francés siempre se ha mostrado ideológicamente alejado de muchos compañeros de su antiguo partido. En 2007, incluso estuvo a punto de entrar en el primer Gobierno de Nicolas Sarkozy. Valls prefirió plegarse a la disciplina del partido, pero no abandonó la línea crítica con la dirección del PS francés.

Hasta su salida de la formación, ha mantenido discrepancias y enfrentamientos con sus compañeros de partido. Con la caída del PS, decidió arrimarse al caballo ganador de Macron. En junio de 2017, tras las elecciones legislativos, Valls dijo que "sólo quería una cosa: el éxito del quinquenio (de Macron) y el éxito de Francia". Hasta hoy, cuando su trayectoria política parece dirigirse a Barcelona.