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El Papa equipara el ateísmo con el nazismo

Benedicto XVI denuncia la exclusión de la religión de la vida pública y la "dictadura del relativismo". El pontífice lamenta la falta de «vigilancia» de la Iglesia con la pederastia

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Benedicto XVI no tardó mucho tiempo en el comienzo de su visita a Reino Unido en hacer un llamamiento a sus fieles para que planten cara a las fuerzas del laicismo. Poco más de una hora después de que su avión aterrizara en Edimburgo, el Papa se adentró en territorio minado con una referencia al nazismo y la Segunda Guerra Mundial.

Fue en el discurso de la recepción que dio junto a la reina Isabel II a las autoridades políticas y religiosas británicas. En un guiño al pasado glorioso que los británicos nunca olvidan, recordó la victoria en la guerra contra 'una tiranía nazi que deseaba erradicar a Dios de la sociedad', y a los religiosos 'que se opusieron a los nazis y lo pagaron con su vida'.

Decenas de miles de personas asistieron a la misa en Glasgow

Su intención quedó clara cuando acabó estableciendo un paralelismo entre el nazismo y el ateísmo: 'Al reflexionar sobre las lecciones del extremismo ateo del siglo XX, no olvidemos que la exclusión de Dios, la religión y la virtud en la vida pública llevan al final a una visión truncada del hombre y de la sociedad'.

La visita de Estado quedaba muy pronto convertida en lo que es: un intento de la Iglesia de rearmarse ideológicamente en una sociedad, la británica, en la que sólo un millón de personas en un país de 61 millones acude cada domingo a las iglesias católicas.

El Papa se puso un tartán escocés y pronunció unas palabras en gaélico

La invisibilidad de la religión en la vida pública británica es algo que deja perplejo al Vaticano. La táctica parece ser responsabilizar a una supuesta minoría y a su perversa influencia. Lo mismo hizo el Papa en el sermón de la misa que dio en el parque de Bellahouston, en Glasgow, ante decenas de miles de personas. 'La evangelización de la cultura es aún más importante ahora cuando una dictadura del relativismo amenaza con oscurecer la verdad inmutable sobre la naturaleza del hombre y su destino', dijo.

El ataque directo contra los activos sectores laicos de la sociedad británica no quedó sin respuesta, como era previsible. No en vano siempre han criticado con dureza la negativa de la Iglesia a reconocer los derechos de los homosexuales o el encubrimiento de los religiosos implicados en numerosos casos de abusos sexuales por todo el mundo.

La idea de que es el ateísmo de los nazis lo que está detrás de los que hoy no creen en Dios fue calificada como 'libelo' por la Sociedad Humanista. Es sencillamente 'surrealista', dijo, que el Papa diga eso viniendo de 'una institución que impone su estrecha visión de la moralidad y ataca los derechos de mujeres, niños, gays y otras muchas personas'.

No será sólo con comunicados como los sectores laicos denuncien la presencia del Papa en Gran Bretaña. Este sábado, se reunirán en una concentración en Hyde Park, muy cerca del lugar en el que horas más tarde el Papa celebrará una vigilia.

No hubo referencias en la misa de Glasgow al escándalo de la pedofilia, pero Benedicto XVI quiso afrontar el problema desde el primer momento. En el avión que le llevaba a Escocia, se refirió en términos duros a la responsabilidad de la Iglesia en estos delitos. Dijo que había recibido con tristeza los últimos casos conocidos, 'tristeza también porque las autoridades de la Iglesia no vigilaron como debían ni reaccionaron con la rapidez necesaria y firme a la hora de tomar las medidas adecuadas'.

Desgraciadamente para el Papa, otros miembros de la jerarquía aún responden con una actitud que sólo puede provocar rechazo. Sólo un día antes, el arzobispo católico de Liverpool, Patrick Kelly, se esforzaba en negar la evidencia. 'Merece la pena preguntarse lo que estaban haciendo en esos mismos años otras organizaciones que trabajan con jóvenes', dijo a la BBC. Kelly insistió en que la mayoría de los abusos se producen dentro de las familias, como si eso sirviera de excusa para analizar el comportamiento de la Iglesia.

En cualquier caso, los católicos escoceses recibieron con inmensa alegría la visita de Ratzinger. Miles de personas salieron a la calle en Edimburgo para saludar el recorrido del papamóvil. Para la ocasión, el Papa se puso sobre los hombros un tartán escocés en un gesto destinado a ganarse su afecto. Y cerró su homilía de Glasgow con unas palabras en gaélico escocés, incluido un 'Dios bendiga a Escocia'.

Unas 70.000 personas, según un primer cálculo ofrecido por la BBC, asistieron a la misa, una cifra inferior a las previsiones de la Iglesia hechas hace varios meses. Aun así, la ceremonia cumplió con el objetivo de reunir a la comunidad católica escocesa, para la que el de ayer fue un día inolvidable del que nunca pudieron disfrutar sus antepasados.

No faltaron ciertos detalles de las guerras religiosas del pasado, esta vez ya de forma sólo anecdótica. El ex primer ministro del Ulster, el reverendo unionista Ian Paisley, fue a Edimburgo a manifestarse contra el Papa. En 1982, blandió una Biblia contra Juan Pablo II. Esta vez se limitó a quejarse de que la visita no hubiera sido discutida en la Cámara de los Comunes.