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París ve su influencia tambalearse en su antiguo patio africano

Frente al empuje de China y de Estados Unidos, la ex potencia colonial gala quiere y no puede seguir dominando

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De Chad a Suráfrica, Nicolás Sarkozy atravesó el continente negro con dos misiones del triple salto mortal: en Yamena, el presidente efectuó una escala destinada a reparar los destrozos ocasionados por la zozobra del Arca de Zoé, por la rebelión armada y por el títere levantisco Idriss Déby, el presidente chadiano; en la pujante SuRáfrica, París intenta seducir a un posible aliado de peso y de futuro que -¡milagro!- no tiene ninguna razón para acusarle de colonialista.

Francia se tambalea en lo que fuera en su día su patio trasero africano. De un lado, el irresistible ascenso económico de China está robando influencia y oportunidades a las empresas francesas, ya sea en el uranio nigerino, en el petróleo chadiano, en el algodón saheliano o en las actividades portuarias de todo el continente. De otro lado, el multimillonario desembarco militar estadounidense, mediante la Iniciativa Pansaheliana, la creación de centros antiterroristas y la puesta en marcha del Mando Militar Africano ha demolido el monopolio de la instrucción militar con que contaban los franceses.

Nueva estrategia

Frente a esa tenaza, Sarkozy ha diseñado una estrategia compleja y no exenta de titubeos. Uno: 'salir del cara a cara colonial' en el Sahel, auténtica obsesión de los nuevos africanistas del Elíseo y de parte del aparato diplomático del Quai d'Orsay, conscientes de la somalización progresiva de una región en la que antes París hacía y deshacía todo sin despeinarse. Dos: 'multilateralizar las crisis', por ejemplo con abanderando la fuerza europea en Chad y República Centroafricana, con bandera de la ONU en Costa de Marfil, y eso en una región ex imperio, en la que, durante décadas, Francia negó cualquier injerencia occidental.

La breve escala de Nicolás Sarkozy ayer en Chad reunió todas las piezas de ese embrollo con una puesta en escena ubuesca. El dictador Idriss Déby, convertido en garante del Estado de derecho por obra y gracia de los acuerdos judiciales franco-chadianos, tenía en su poder la concesión de una gracia presidencial para sacar de la cárcel, en Francia, a los seis franceses aventureros kouchnerianos del Arca de Zoé, condenados por la justicia chadiana.

Sarkozy, por su parte, tenía en su mano todos los elementos para reclamar la liberación de oponentes pacíficos detenidos, desaparecidos y probablemente torturados por el ex-títere Déby. Podía poner sobre la mesa el peligro que corre Déby de tener que sentarse, un día de estos, en el banquillo de un tribunal penal internacional. Pero con el agravante de que, si París tiene esas pruebas, ello se debe precisamente a su presencia militar en Chad.

Susto rebelde

Los militares franceses dejaron que la rebelión diera un susto al dictador hace unas semanas, para luego intervenir indirectamente contra los guerrilleros, suministrar armas a Déby y finalmente transmitirle los informes de inteligencia que le permitieron golpear sin miramientos.

Idriss Déby se encuentra hoy en la posición, a la vez idonea y frágil, con la que ya jugaron otros dictadores africanos en la época del enfrentamiento entre bloques: Una potencia presente, Francia, y otra en ciernes, China, a la que ha concedido prospecciones petrolíferas y un acuerdo de asistencia militar, por mucho que Pekín esté apoyando al vecino y rival Sudán. El jefe de la subasta -de momento Déby- pregunta '¿Quién da más?' Y espera a que lluevan las ofertas.

Para salir de ese 'cara a cara colonial', ahora que le es desfavorable, París ha apostado por el vector de la injerencia humanitaria, auspiciando la creación de una Fuerza Europea (Eufor). Autorizada por el Consejo de Seguridad de la ONU y el Consejo Europeo, contará con 3.700 soldados con el objetivo de proteger los campos de refugiados de Darfur y de desplazados internos en Chad y en República Centroafricana. La fuerza ha comenzado a desplegarse y Francia aporta más de la mitad de los soldados necesarios.

A la vista de la crisis de hegemonía que hace frente París, es pertinente apostar por futuras solicitudes de uniforme europeo para los soldados galos.

A finales de enero pasado, los rebeldes tuareg del Movimiento de los Nigerinos por la Justicia (MNJ) anunciaron la 'batalla del uranio' contra la firma francesa Areva, heredera del Comisariado de la Energía Atómica galo, en el preciso instante en que firmas chinas obtenían los primeros contratos de prospección del preciado mineral. En Mali, Pekín ha obtenido contratos de prospección. En Mauritania, es Al Qaeda-Magreb quien, a finales de 2007 y primeros de 2008, puso en jaque el rally París-Dakar y asesinó a cuatro franceses.

Thabo MBeki, el presidente sudafricano, no es amigo de Nicolas Sarkozy. Quizá por ello ésta sea la última oportunidad que le queda al marido de Carla Bruni para convertirse en un estadista serio.

Socio necesario

Fuentes diplomáticas consultadas por la agencia AFP estimaron que la primera potencia económica africana es 'un socio que se impone a Francia' si París 'desea mantener una política seria en Africa', cosa que equivale a decir que lo hecho hasta ahora, como la Eufor, por ejemplo, no es cosa seria.

Sarkozy, que necesita desesperadamente relanzar su imagen, no carece, esta vez, de ases en la manga. Suráfrica atraviesa una crisis energética cuya solución podría hallarse en las centrales nucleares que los franceses saben construir y explotar como nadie. Y Thabo Mbeki, por su particular situación de presidente negro de un país ex-segregacionista, podría ofrecer a Sarkozy algo que le urge: la bendición de un presidente negro que le permita arrancarse definitivamente el pellejo de neocolonialista que le quedó pegado tras su discurso de Dakar el verano pasado, cuando habló del 'hombre africano que no se proyecta nunca hacia el futuro'.