Publicado: 02.03.2016 15:02 |Actualizado: 02.03.2016 15:02

Un "pasillo humanitario" prevé llevar mil refugiados sirios a Italia

El lunes llegaron casi cien personas, en una iniciativa del Gobierno italiano y las asociaciones humanitarias Comunidad de Sant'Egidio, Federación de Iglesias Evangélicas de Italia (FCEI) y Tavola Valdesa.

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Refugiados afganos llegan en balsas a una playa de la isla griega de Lesbos. REUTERS/Giorgos Moutafis

Refugiados afganos llegan en balsas a una playa de la isla griega de Lesbos. REUTERS/Giorgos Moutafis

ROMA. -Casi cien refugiados sirios, entre ellos 41 niños, entraron el lunes legalmente a Roma por vía aérea procedentes de Beirut en un "pasillo humanitario", una iniciativa con la que se prevé que lleguen a Italia unos mil refugiados en los próximos dos años.

Las 93 personas de este grupo serán hospedados en casas de acogida, recibirán clases de italiano y los más pequeños serán escolarizados, según esta iniciativa del Gobierno italiano y las asociaciones humanitarias Comunidad de Sant'Egidio, Federación de Iglesias Evangélicas de Italia (FCEI) y Tavola Valdesa.

Se trata en total de 24 familias que se encontraban en campos de refugiados de Líbano después de escapar de la guerra en Siria y proceden en su mayoría de Homs, aunque también los hay que proceden de Idlib y Hama.

Es el primer grupo numeroso después de que la familia Al Hourani, integrada por los padres y dos niños, uno de ellos con un tumor grave, llegase a Roma el pasado 4 de febrero con este mismo programa.

En este plan, que prevé la llegada también de personas desde Marruecos y de Etiopía, las autoridades italianas se encargan sólo de tramitar la documentación de estas personas, ya que el gasto de viaje y de alojamiento lo cubrirán las asociaciones humanitarias que forman parte del proyecto.

Los refugiados, a quienes se les ha entregado una copia de la Constitución italiana traducida a sus respectivas lenguas, serán alojados en casas de acogida de las regiones del Lazio (centro), Emilia-Romagna (norte), Trento (norte) y Piamonte (norte).

Se trata de una iniciativa "muy importante porque con ella lanzamos el mensaje a Europa de que para hacer frente a esta crisis migratoria no sirven los muros y las vallas", dijo a la prensa el ministro de Exteriores italiano, Paolo Gentiloni, que acudió a recibirlos.

Para Gentiloni existen "muchas soluciones a la crisis migratoria, y ésta es una solución más de otras tantas que debemos aplicar".

"Hacen falta acciones diversas, más cooperación con África, empeño para el alto al fuego en Siria y hacer compartir estas iniciativas sobre el tema migratorio a nivel europeo sin decisiones unilaterales", añadió.

Gentiloni expresó su deseo de que esta iniciativa sirva como modelo a seguir para otros países.

La llegada al aeropuerto de Fiumicino se produjo entre carteles y pancartas de bienvenida que habían sido colocadas por las paredes de la instalación aeroportuaria.




El primero en pasar los controles de identificación fue un hombre con su hijo en brazos con la bandera de la paz rodeando su cuerpo, seguidos por el resto de las familias que saludaban con gesto feliz con la mano a la prensa, convocada para esta ocasión, y otros bajaban la mirada al entrar oficialmente en Italia.

Un matrimonio y sus cinco hijos no se limitaron a dar la mano al personal que le esperaba a su llegada, sino que les abrazaron y besaron.

Como bienvenida, todos ellos recibieron bolsas de alimentos y bebidas.

Esta imagen "explica cómo podría ser la Europa del mañana, basada en los principios de la solidaridad y la paz", dijo emocionado el presidente de la Comunidad de Sant'Egidio, Marco Impagliazzo.

Entre las historias personales se encontraba la de Fátima, procedente de Homs y madre de dos hijos, uno de dos años y otro de apenas quince días: "ahora que estamos aquí en Italia nos sentimos mucho más tranquilos", dijo a Efe.

Afronta su futuro en territorio italiano con "esperanza e ilusión ante nuestra nueva vida", aunque confesó pensar continuamente en los parientes que todavía están en Siria.

Fátima respondió con la voz entrecortada, preguntada si volvería a su ciudad, que allí "no queda nada, está todo destruido, es muy difícil, intentaremos empezar de cero aquí y que nuestros hijos puedan jugar e ir a la escuela, hacer vida normal".

También Yusef, de 35 años y padre de dos hijos pequeños, deseó que sus hijos sean escolarizados y poder darles "una infancia normal".