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Poligamia Una ley para perseguir la poligamia entre los beduinos de Israel

Un elevado número de beduinos del sur de Israel practica la poligamia. Este fenómeno, que crea numerosos problemas en los hogares beduinos, está prohibido por la ley israelí, pero las autoridades han hecho la vista gorda hasta que hace dos meses se puso en marcha una iniciativa legislativa.

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Mujeres ante sus hogares demolidos en el pueblo beduino de Umm al-Hiran, en el desierto de Neguev. / REUTERS

El caso de Fatma es extremo. Está casada con un hombre que estuvo casado antes con cuatro mujeres y que después se casó con dos más. Se divorció de todas ellas menos de Fatma y los dos tienen cinco hijos. Él también tiene dos hijas de otra esposa. Fatma, su marido y sus cinco hijos viven en un pueblo del Neguev no reconocido por Israel.

Su caso también es singular porque Fatma es una beduina del Sinaí egipcio que entró ilegalmente en Israel hace 19 años. Carece de documentos israelíes y sus hijos tampoco están reconocidos como israelíes. El principal objetivo de su vida es justamente obtener la nacionalidad israelí para sus cinco hijos, algo que no le resultará fácil.

La poligamia está relativamente extendida entre los beduinos del Neguev. “Un hombre que tiene hijos no debería casarse con más de una mujer”, explica Fatma, que tiene 40 años y que como la mayoría de las mujeres beduinas considera válido que un hombre se case con una segunda esposa si no tiene hijos con la primera.

Ansaf Abu Shareb, la directora del centro de Maek, es una abogada beduina que combate la poligamia en la zona de Bersheba, desde un modesto local que asiste a las mujeres víctimas de la poligamia. “En Israel la poligamia es ilegal, pero las autoridades no han adoptado ninguna medida para combatirla hasta hace dos meses”, dice.

En Maek se trata el fenómeno de la poligamia que afecta a un elevado número de mujeres. No hay estadísticas fiables, pero en los pueblos beduinos no reconocidos por Israel (unos 46 pueblos con 120.000 habitantes) es muy frecuente. “En su mayor parte es el resultado de problemas sociales y económicos”, dice Ansaf.

Generalmente, los primeros matrimonios se registran según la ley israelí, pero si el hombre decide tener más esposas únicamente registra los siguientes matrimonios según la charía o ley musulmana. Estos matrimonios no están reconocidos por Israel aunque todo el mundo sabe que existen y que en la práctica muchos hombres y mujeres mantienen esas relaciones.

“La situación está cambiando rápidamente y la poligamia ya no es tan frecuente como antes. Mi abuelo estuvo casado con tres mujeres, mi padre con dos y yo con una”, cuenta el jeque Yusuf Zayadin, presidente del consejo de pueblos beduinos no reconocidos del Neguev. “Si el marido de mi hija se casara con una segunda mujer y mi hija lo aceptara, yo también lo aceptaría, aunque la verdad es que no me gustaría”.

Yusuf ve la poligamia como una “tradición” que practicó Mahoma y que desde entonces ha estado vigente en las sociedades musulmanas, al menos hasta recientemente. “En las sociedades occidentales, un hombre puede tener una amante, algo que no está permitido en el islam. En el islam, las relaciones maritales tienen que ser legales. Además, mediante la poligamia, los beduinos tienen la sensación de que pertenecen a una tribu”, dice Yusuf.

La ministra de Justicia de Israel, Ayelet Shaked, ha puesto en marcha una iniciativa legislativa para perseguir la poligamia. En el parlamento israelí, la Kneset, hay dos diputados beduinos que están casados con dos mujeres cada uno y ellos han sido quienes más han combatido la iniciativa legislativa.

“Ayelet Shaked no pretende ayudar a los beduinos. Si quisiera ayudarnos, no habría demolido cientos de casas de los beduinos. Su verdadera preocupación es que ve la poligamia como una amenaza demográfica para los judíos, de ahí que se oponga. Si realmente la ministra se preocupara por nosotros, tendría que aumentar las inversiones para los beduinos del Neguev”, explica Yusuf.

Según Yusuf, el 80 por ciento de las mujeres beduinas están sin trabajo, y esta circunstancia les obliga a aceptar la poligamia para poder vivir. El índice de paro entre los hombres beduinos es del 30 por ciento aproximadamente. Es un desequilibrio grande que juega en detrimento de las mujeres. “En un mundo perfecto, la poligamia no se practicaría o se practicaría muy poco”, dice Yusef. “La practicarían muy pocos hombres y lo harían por tradición”.

En el centro Maek se atiende a mujeres que sufren el fenómeno. Maek es una ONG que intenta paliar el problema. Pese a que no hay estadísticas fiables, la directora, Ansaf, considera que la poligamia se da en un treinta o cuarenta por ciento de los hogares beduinos. “La dirección política y la dirección religiosa no combaten esta práctica porque creen que existen otros problemas más acuciantes, como la confiscación de tierras o la demolición de casas beduinas. Es lo que nos dicen nuestros líderes”.

Hadra, de 46 años, se casó cuando tenía 16 años y es madre de doce hijos. Su esposo, que tenía 27 años cuando se casó con Hadra, volvió a casarse con una segunda mujer cuando ella tenía 22 años. Como consecuencia del segundo matrimonio, Hadra tuvo que trabajar limpiando en hospitales para alimentar a sus hijos.

Hadra se separó de su marido y durante cuatro años vivió con sus padres. Luego llegó la reconciliación y volvió con su marido. Unos años después volvieron a separarse temporalmente y ella ahora vive con sus hijos. Su marido no le pasa dinero y Hadra mantiene a la familia con lo que ella gana. El marido la visita regularmente aunque también visita a su segunda esposa, con la que tiene siete hijos.