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Siria Rebeldes sirios se rebelan contra el Pentágono

La ecuación en Siria está experimentando estos días cambios estratégicos de largo alcance que pueden incidir en la resolución de la crisis. El acuerdo que alcanzaron Donald Trump y Vladimir Putin en Hamburgo este mes de julio tiene por objetivo crear una situación que sirva para acabar con la guerra y no con el régimen de Damasco.

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Trump y Putin durante la reunión del G-20.  /REUTERS

Por primera vez en los seis años del conflicto sirio la situación parece progresar en la buena dirección. Este progreso está sucediendo en las semanas que siguen a la cumbre que mantuvieron recientemente en Hamburgo los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin, y que ha creado la esperanza todavía incipiente de que la guerra puede acabarse en un futuro próximo.

El coronel Ryan Dillon, portavoz del ejército americano, ha declarado a la CNN que la coalición internacional que dirige Washington, “solo apoya a las fuerzas que combaten el Estado Islámico”, lo que representa un cambio radical en la política de los últimos años, cuando la CIA y el Pentágono apoyaron de manera encubierta a toda una serie de grupos yihadistas cuya principal misión consistía en atacar al ejército sirio. 

Dillon ha recalcado que Washington ha instado a los rebeldes a atacar únicamente al Estado Islámico y no a las fuerzas del gobierno de Damasco y sus aliados, incluidos los iraníes, pues en caso contrario dejarán de recibir ayuda y entrenamiento de Estados Unidos. 

Conforme el Estado Islámico pierde fuerza y territorio, hay grupos rebeldes que no han encontrado nada mejor que hacer que dirigir a sus combatientes contra el ejército sirio. La administración Trump se ha dado cuenta de esta circunstancia y no ha tardado en prohibirles que no se confundan de enemigo y que centren sus esfuerzos en el Estado Islámico. 

La situación es bastante clara. Este viernes el diario Al Hayat de Londres ha revelado que el Pentágono ha solicitado a una de las facciones rebeldes sirias que abandone la “zona segura” que hay en la confluencia de las fronteras de Siria, Jordania e Irak, donde hay una base en la que los rebeldes son adiestrados por las tropas americanas. 

El rotativo, que cita fuentes del Pentágono, explica que la facción rebelde no quería atacar al Estado Islámico sino al ejército sirio y sus aliados, sin tener en cuenta que las alianzas han experimentado cambios desde el reciente encuentro de Hamburgo entre Trump y Putin. 

Tanto Washington como Moscú desean crear unas condiciones favorables para la resolución de la crisis y en estos momentos el presidente Bashar al Assad se halla en el lado bueno de la ecuación, y debe participar en la resolución del conflicto, tal y como había exigido Moscú y tal como ahora pide también Washington. 

El coronel Dillon ha sido muy claro con los grupos rebeldes que pululan a su antojo de un lado a otro de Siria. “A partir de ahora la coalición solo apoyará a las fuerza que combatan al Estado Islámico”, ha dicho Dillon, expresando una posición que está radicalmente en contra de la que Estados Unidos mantenía hasta este momento, y por supuesto está en contra de las directrices de la administración de Barack Obama. 

Otro funcionario del Pentágono ha manifestado a la CNN que Estados Unidos “no va a iniciar una guerra contra el régimen sirio… sino que nos vamos a concentrar en el Estado Islámico. Esta es la nueva posición de Washington y representa un cambio radical. Además, esta posición también se les exige a los rebeldes que reciben apoyo de la CIA y el Pentágono. 

Por si las cosas no estuvieran lo suficientemente claras, el general Tony Thomas, jefe de las fuerzas especiales de Estados Unidos, ha declarado que “el programa de apoyo a los rebeldes (sirios) se ha acabado”, unas palabras que están en consonancia con las que ha pronunciado en la misma línea el presidente Trump, quien en su cuenta de Twitter ha dicho que el programa en vigor hasta ahora, es decir el de Obama, era “inmenso, demasiado costoso e ineficaz”. 

El cambio ha sido tan radical que las milicias Shuhada al Qariatayn han renunciado a la ayuda del Pentágono y de la CIA para poder seguir por libre su lucha contra el gobierno de Damasco. Estas milicias han abandonado la base aliada que hay cerca de la frontera de Siria, Jordania e Irak, y ahora se las apañarán por sí mismas y sin seguir las instrucciones, el entrenamiento y el dinero de Washington. 

Pero el general Tony Thomas ha ido incluso más lejos al señalar que se acerca el momento, cuando se liquide el Estado Islámico, en que los americanos tendrán que escuchar de los rusos que tienen que abandonar Siria “puesto que hemos entrado ilegalmente”, a diferencia de los rusos, que están en Siria invitados por el gobierno de Damasco. 

El ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, ya dijo no hace mucho, casi con idénticas palabras, que “la presencia americana en Siria es ilegal y esa es una diferencia con respecto a nosotros (los rusos). Ellos (los americanos) llegaron a Siria sin haber sido invitados”. 

El cambio estratégico que se está observando es de grandes proporciones. El 24 de julio el ejército ruso anunció el despliegue de tropas rusas en las “zonas seguras” creadas por Trump y Putin, concretamente en el suroeste de Siria y en la Guta oriental, el oasis que rodea Damasco. Estas tropas rusas tienen como misión principal vigilar el alto el fuego y ayudar a los civiles. 

“El acuerdo entre los EEUU y Rusia muestra que los dos países son capaces de trabajar juntos para la paz mundial”, ha dicho Sergei Lavrov. Según el ministro ruso, el acuerdo muestra que Putin puede trabajar con Trump mejor que con Obama puesto que Trump sabe distinguir entre los terroristas y la oposición moderada, algo de lo que Obama era incapaz.