Publicado: 01.12.2015 08:43 |Actualizado: 01.12.2015 09:22

¿Por qué es tan difícil un acuerdo global contra el cambio climático?

Los líderes mundiales claman por un acuerdo ambicioso y a la altura de las circunstancias, pero las negociaciones de cambio climático son una combinación explosiva de intereses, economía global, corporaciones y lobbies en general.

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El primer ministro canadiense Justin Trudeau, el presidente de Microsoft, Bill Gates, el presidente de EEUU, Barack Obama, el presidente de Francia, Francois Hollande y el presidente de India, Narendra Modi, en la apertura de la cumbre del clima ayer en P

El primer ministro canadiense Justin Trudeau, el presidente de Microsoft, Bill Gates, el presidente de EEUU, Barack Obama, el presidente de Francia, Francois Hollande y el presidente de India, Narendra Modi, en la apertura de la cumbre del clima ayer en París. AFP

PARÍS. - La Cumbre del Clima que reúne en París a los delegados de 195 países de todo el mundo arrancó el lunes con la impresionante comparecencia de 150 jefes de estado pidiendo acción contra el cambio climático y la necesidad de alcanzar un acuerdo global para mitigarlo. Se oyeron, entre otras, las demandas de Barack Obama y Xi Jinping, los presidentes de las dos economías más contaminantes del planeta. Pero también las de Vladimir Putin, Angela Merkel o Narendra Modi apelando a la necesidad de impulsar estas negociaciones que deben durar dos semanas.

Christiana Figueres, Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC) dijo en la ceremonia de inauguración que 2015 marca un cambio hacia una economía resiliente y baja en carbono, y que este cambio es ya irreversible.

“Este momento es realmente remarcable, pero el trabajo no ha terminado aún. Depende de ustedes capturar este progreso y diseñar un camino hacia adelante, con un destino claro, metas y un calendario para responder a las demandas de la ciencia y la urgencia del desafío” dijo en el plenario.

Pero una cosa son las buenas palabras y otra lo que de ellas quede finalmente. Si se va a alcanzar un acuerdo es todavía una incógnita ¿Por qué es tan difícil alcanzar un pacto?

Las negociaciones de cambio climático son una combinación explosiva de intereses de países, economía global, corporaciones y lobbies en general. Ponerse de acuerdo no es en absoluto sencillo. Para empezar, hay algunos países que han llegado a París sin los deberes hechos.

Cada uno de los 195 países que son parte CMNUCC debía presentar antes del 1 de octubre su contribución con los esfuerzos de reducción de emisiones y de adaptación al cambio climático que cada país logrará para 2025 o 2030. Por ejemplo, la Unión Europea se ha comprometido a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 40% en 2030 respecto a los niveles de 1990.

Aunque antes de que arrancara la cumbre este lunes un total de 181 países que representan más del 90% de las emisiones globales han presentado sus propuestas, hay un puñado de naciones que no lo han hecho. Algunas por falta de capacidad técnica, como es el caso de Panamá o Nepal, y otros como Cuba, Venezuela o Nicaragua por razones ideológicas. Estos países de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de las Américas (ALBA), con una posición más radical en las negociaciones, se resisten a adoptar compromisos de reducción de emisiones argumentando que son los países con más emisiones históricas, es decir, los países desarrollados, quienes deben hacerlo. En el primer día de la COP21 anunciaron que el proceso basado en las contribuciones de reducción de emisiones está destinado al fracaso. “No queremos ser cómplices de llevar al mundo a 3 o 4 grados de calentamiento y a la muerte y destrucción que eso representa” ha dicho el negociador por Nicaragua.



Esto nos lleva a uno de los temas más complicados de esta y todas las cumbres: la diferenciación.

Dentro del lenguaje de Naciones Unidas, ‘diferenciación’ se refiere a decidir quién reduce más emisiones y quién empieza a hacerlo antes. En el Protocolo de Kioto era muy claro: los países listados en el Anexo I eran los desarrollados, y los únicos que debían reducir emisiones de forma vinculante.

El acuerdo de París pretende que todos los países del mundo contribuyan a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y, por lo tanto, el hecho de la diferenciación desaparece.

Países parte del grupo de negociación BASIC, como China o India, entienden que la diferenciación es la clave del nuevo acuerdo de París, así no tendrán la responsabilidad de reducir las emisiones tan drásticamente. En el lado opuesto está la Unión Europea, que pide que el acuerdo tenga objetivos de reducción de emisiones para todos los países, aunque esta reducción puede ser menos importante para algunos países menos responsables. Y en medio la propuesta de Estados Unidos, que es la que siguen las contribuciones que se han presentado este año, es decir, cada uno decide lo que quiere reducir.

En su discurso inaugural, Barack Obama ha señalado precisamente este tema, subrayando: “Pongámonos objetivos que son para cada uno de nosotros y por cada uno de nosotros. Una estrategia que da a cada uno de nosotros la confianza de que todos estamos cumpliendo nuestros compromisos”.

La forma legal del acuerdo

También hay opiniones muy dispares sobre la fórmula legal que debería tener el acuerdo. Aunque Naciones Unidas no tenga la capacidad de obligar a los países a tomar acuerdos ni de penalizarlos si no los cumplen, hay diferentes formas de entender el acuerdo por lo que se refiere a su definición legal.

La Unión Europea cree que el futuro acuerdo de París “debe estar en la forma de un protocolo con el fin de consolidar la voluntad política y proporcionar previsibilidad y durabilidad" y, por lo tanto, que sea de obligado cumplimiento.

En cambio, Estados Unidos pide que el acuerdo tenga ‘fuerza legal’, pero no que sea vinculante, ya que así evita que el Senado pueda no aceptar la propuesta de reducción de emisiones.

El post-acuerdo: finanzas y revisión

Si en algo están de acuerdo la mayoría de los países es el hecho que París no es el final del camino donde se cierra el acuerdo, sino que significa el inicio de un trabajo colectivo para implementar lo acordado y hacerlo cada vez más ambicioso.

Como dijo Xi Jinping, presidente de China, en el primer dia la COP: “La conferencia de París no es el objetivo final, es el punto de partida. Que París nos inspire para que cada nación contribuya en la medida de sus posibilidades.”

Esto implica que los países considerados desarrollados deberían proveer financiación a los países menos desarrollados, para que estos puedan reducir sus emisiones y adaptarse mejor al cambio climático. Es sabido que un acuerdo sin financiamiento claro y con unas metas definidas será directamente rechazado por los países en vías de desarrollo, desde China hasta las islas del pacífico.

El acuerdo deberá ser revisado periódicamente para incrementar la ambición de los objetivos y compararlos con la ciencia más reciente. Es por esto que la Unión Europea pide que el acuerdo sea revisado con normas de cumplimiento muy claras y estrictas.

Para algunos países esta revisión es vista como un ataque a la soberanía nacional, y países como China e India tienen como líneas rojas la verificación de la reducción de sus emisiones y las revisiones de cumplimiento, especialmente si no hay financiación adicional para ayudarlos a cumplir con estos requerimientos.

Llegar a un acuerdo

En definitiva, hay muchos detalles que forman parte del mismo proceso de Naciones Unidas que hacen difícil el proceso de toma de negociaciones. Los acuerdos que se tomen deben incluir muchas formas diferentes de entender el mundo, realidades sociales distintas, y todo debe decidirse por consenso.

Además de los intereses de los países, debemos sumar al proceso de negociación la influencia de todos los observadores de las negociaciones, que se reúnen continuamente con los delegados. Desde ONGs, sociedad civil, industrias, empresas… todos tratan de influenciar en su favor las negociaciones, desplegando su poder económico y mediático dentro y fuera de la conferencia.

Quedan casi dos semanas enteras de discusiones muy técnicas sobre palabras, comas y puntos del texto que debería ayudar al mundo a frenar el cambio climático. Como expresó Laurent Fabius, el ministro de exteriores francés: "Lo que nos jugamos es demasiado, la amenaza del cambio climático es demasiado grande para nosotros como para estar contentos con un acuerdo minimalista.”