Publicado: 25.10.2014 08:00 |Actualizado: 25.10.2014 08:00

Uruguay, sin izquierdas firmes en el horizonte

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

"Uruguay se juega la vida". Semejante sentencia proviene del presidente uruguayo José "Pepe" Mujica en alusión a las elecciones que se celebran este domingo no en su país, sino en Brasil. El gigante sudamericano fue en 2013 el segundo destino de las exportaciones uruguayas por detrás de China, y es también su segundo mayor proveedor de bienes. Uruguay, en todo caso, no depende sólo de Brasil para determinar la continuidad del proyecto que comenzara hace diez años la coalición oficialista del Frente Amplio.

En coincidencia con la segunda vuelta entre la presidenta brasileña Dilma Rousseff y su contrincante Aécio Neves, más de 2,6 millones de votantes votarán en la República Oriental del Uruguay no sólo para elegir un nuevo presidente entre los siete postulantes presidenciales, sino también para renovar todos los escaños de las dos cámaras del Parlamento. Ninguna encuesta nacional confía en que la coalición gobernante de izquierdas pueda mantener la mayoría parlamentaria que sostenía desde 2004.

Los escrutinios también dan por segura una segunda vuelta electoral el 30 de noviembre. El expresidente Tabaré Vázquez (2004-2009) y candidato oficial por el Frente Amplio no alcanzaría el 50% de los sufragios emitidos, pero se sitúa primero en intención de voto con una diferencia de entre 11 y 15 puntos sobre el representante del Partido Nacional Luis Lacalle Pou, hijo del ex mandatario Luis Alberto Lacalle Herrera (1990-1995).

Tercero en adhesión de sufragios, muy por detrás de Lacalle, quedaría Pedro Bordaberry, candidato presidencial por el Partido Colorado, como lo fue en 2009, e hijo del dictador Juan María Bordaberry (1973-1976), quien lideró el golpe de Estado con el que irrumpió la última dictadura que conoció Uruguay. Su hijo confía hoy en convertirse en el Aécio Neves uruguayo, que sorprendió al desplazar del segundo lugar a Marina Silva en las elecciones brasileñas del 5 de octubre.

En Uruguay no está permitida la reelección consecutiva del presidente. En este contexto, nadie olvida que el oncólogo Tabaré Vázquez, de 74 años, consiguió en 2004 romper con el bipartidismo del Partido Nacional y el Partido Colorado que venían alternándose en el poder durante casi dos siglos. El Frente Amplio, creado tres décadas atrás, llegaba al poder por primera vez en su historia, en la primera vuelta de las elecciones y con mayoría en el Parlamento.

Es difícil ignorar que en esta primera década de Gobiernos de izquierda, encabezados primero por Tabaré y luego por su sucesor Mujica, el país ha conseguido mejorar los principales indicadores de justicia e inclusión social. Uruguay, sin lugar a dudas, es la nación con mejor redistribución del ingreso de toda América Latina, y el que menos población tiene malviviendo en la indigencia (un 1,1 %).

Junto con Venezuela, Uruguay ostenta el índice Gini (que mide la desigualdad) más bajo de toda la región. Sin un crecimiento económico descollante, el país consiguió reducir la pobreza del 39% al 11% en estos diez años, y el desempleo pasó del 22% en 2005 al 6,5% en 2013.

Pero Vázquez y Mujica se distinguen en varios aspectos que inciden en el tipo de políticas que impulsó cada uno durante su Gobierno. Fue Mujica quien impulsó la despenalización del aborto, el matrimonio homosexual, y la legalización del cannabis, en lo que fue un hito histórico que por ahora no ha repetido ningún otro país del mundo.

Mucho más descontracturado que su antecesor, Mujica ha mostrado su apoyo a Vázquez durante toda la campaña, pero las desavenencias latentes entre ambos los han dejado en evidencia a pocas horas de las elecciones.

Durante una entrevista, Vázquez dio a entender que habían existido dos equipos económicos enfrentados en el Gobierno de Mujica y que en su eventual Gobierno "nadie iba a dudar" de que la política en ese rubro estaría a cargo del actual vicepresidente, Danilo Astori, al que Vázquez apoyaba hace un lustro para sucederlo como presidente. Mujica no se hizo el sordo. Desmintió que hubiera confrontación entre sus responsables económicos, y atribuyó estas opiniones a que Vázquez "no estaba informado".

La comercialización de la marihuana, por otro lado, es un sapo difícil de digerir para el expresidente. Reconoció que consideraba "increíble" su venta en farmacias, y aseguró que seguiría de cerca la aplicación de la ley en caso de que hubiera que hacer posibles correcciones. "Problema de él, que lo discuta con el Parlamento", atajó Mujica, y redondeó: la ley "es hechura del Parlamento, así que tienen que discutirlo, usted [en referencia a un periodista], Vázquez y la mar en coche".

Todo esto sería "chismografía barata", en palabras del presidente saliente, pero la anécdota refleja las contradicciones internas de una coalición de izquierdas tan heterogéneas como las que confluyen en el Frente Amplio.

En las elecciones de 2009, era nítida la diferencia que representaba un guerrillero tupamaro de carácter sincero y carismático y el expresidente Lacalle, un claro representante de la oligarquía que gobernó en los 90 con un programa de corte neoliberal. Mujica, no obstante, tuvo que encajar a Danilo Astori como vicepresidente muy a su pesar para mantener cohesionado el Frente Amplio.

En 2014, en cambio, la coalición de izquierdas ha optado por moverse más al centro. Por algo Vázquez se impuso en las elecciones internas del partido frente a la senadora Constancia Moreira, más audaz en sus propuestas de izquierda y por ello apoyada por el escritor Eduardo Galeano y el cantautor Daniel Vigletti.

Cuando Tabaré Vázquez accedió a la presidencia en su primer Gobierno acompañado por su ministro de Economía, Danilo Astori, ninguno de los dos tuvo reparo en confesar que Uruguay debía emular el modelo económico chileno, que confiaba en un planteamiento macroeconómico más ortodoxo. El país, en cualquier caso, sorteó de soslayo la crisis económica global, y Vázquez dejó la presidencia orgulloso de tener la aprobación del 61% de la población.

La Concertación chilena que lideraba por entonces Michelle Bachelet mutó para las elecciones presidenciales de 2013 en la coalición Nueva Mayoría, que esta vez incluía al Partido Comunista. Un Ejecutivo similar podría construir Tabaré Vázquez, quien de nuevo tomará el Frente Amplio bajo su control pero con la diferencia de que la izquierda más enérgica dentro de la coalición uruguaya todavía debe pujar por tener peso propio dentro del eventual Gobierno.

El Ejecutivo saliente, y lo reconoce Mujica, hubiera querido contar con un mayor margen de maniobra para profundizar ciertas políticas. Hasta dos impuestos, uno a los grandes terratenientes y otro a los bienes rurales, trataron de revertir la concentración de la tierra que provoca el modelo agroexportador, pero la Justicia uruguaya determinó este año que el primer gravamen era inconstitucional.

Muy criticada ha sido también la implantación que han tenido en el país multinacionales forestales, sojeras y mineras, pero es casi unánime el consenso sobre la inversión que Mujica ha destinado desde el Estado a los sectores más postergados del país, y sobre el avance en la política energética que diseñó Tabaré Vázquez en 2008 para los siguientes 25 años, lo que permitirá que en un año Uruguay se convierta en el primer país del mundo en conseguir que las energías renovables representen más del 50% de la matriz energética del país.

El debate sobre la inseguridad, eterno eje de disputa en todos los procesos electorales de América Latina, ha condensado gran parte de los discursos de campaña. Pese a que Uruguay tiene una de las tasas delictivas más bajas de América Latina, su percepción de la inseguridad es la segunda más alta de la región, por detrás de Venezuela.

Por eso este domingo también se celebra una consulta popular para decidir si bajan la edad de imputabilidad de los 18 a los 16 años. La oficina de Naciones Unidas en Montevideo ya ha advertido que de aprobarse este proyecto de reforma constitucional, Uruguay estaría violando la Convención de los Derechos del Niño que ratificó en 1990. No obstante, no es seguro que esta propuesta del Partido Colorado, que consiguió reunir 100.000 firmas para la realización del plebiscito, vaya a ser aprobada por la mayoría de los uruguayos.