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Willy Fog y la derecha española

El ilustre monárquico Alfonso Ussía me ha dedicado un artículo en 'La Razón' en el que no busca la discusión sobre argumentación alguna, sino que se limita a int

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Vivimos una época de proliferación de tertulias políticas televisivas, y paradójicamente, de ausencia de diálogo.  En muchas de ellas resulta bastante desesperanzador ver cómo las personas que se supone que deben escuchar argumentaciones y rebatirlas con otros si no las comparten, en lugar de hacer tal cosa, se limitan a hacer chistes, sacar frases de contexto, comportarse groseramente e interrumpir constantemente. Es como si algunas personas de la derecha mediática hubiese decidido no discutir ya, no debatir nada, y limitarse a llenar las tertulias de ruido que desnaturaliza el debate, para después generar absurdos titulares en las redes sociales.

Este ha sido el recorrido que ha tenido un comentario mío en el programa de televisión El Gato al Agua, a propósito de los dibujos animados de nuestra infancia. Dije que la serie animada La vuelta al mundo en 80 días transmitía valores favorables al machismo y el colonialismo.

El ilustre monárquico Alfonso Ussía me ha dedicado un artículo en La Razón. En él no busca la discusión sobre argumentación alguna, sino que se limita a intentar ridiculizarme sacando de contexto algunas de mis afirmaciones e inventando cosas que nunca dije. Esta técnica imita los principios propagandísticos de Goebbels, que no tenían como objetivo dialogar y convencer con hechos y argumentos, método propio de una democracia, sino imponer un mensaje y hacerlo pasar por cierto mediante la repetición de consignas, ridiculización del adversario, el silenciamiento de argumentos contra los que no se puede discutir, el fomento de la unanimidad de pensamiento, del odio y el rechazo ante ideas contrarias, en este caso las ideas feministas.

Como yo soy más de democracias que de fascismos, voy a dedicar unas líneas a exponer las base de argumentación en la que sustento mis afirmaciones sobre la serie de dibujos La vuelta al mundo en 80 días y los valores e ideas que esconden sus personajes. Serie que, por cierto, veía con asiduidad en mi infancia y que, en ningún caso, considero que haya que prohibir.  

Me licencié en Antropología y por ello he dedicado muchas horas a estudiar los fenómenos culturales y puedo asegurarles que es la aplicación de la capacidad cognitiva del ser humano a la construcción de cultura y la transmisión de ésta de generación en generación lo que, fundamentalmente, nos distingue y sitúa en un estadio superior al resto de animales. No me extenderé en el debate terminológico sobre el concepto cultura. Entendámosla como el conjunto de modos de vida, costumbres y conocimientos de una sociedad dada, que se transmiten de generación en generación, y que se traducen en expresiones artísticas y en las normas de funcionamiento de dicha sociedad.

No es casual que hasta el siglo XIX, a los inicios de los estudios antropológicos, se considerara que la evolución cultural de la sociedad humana seguía una línea continua en la que, de una parte, se situaban las sociedades consideradas 'salvajes', y por tanto sin cultura, y de la otra las consideradas 'civilizadas' dotadas y creadoras de cultura. Esa concepción evolucionista y racista de las sociedades generó ríos de tinta en las ciencias sociales sobre los que no me detendré, pero es incuestionable que esta idea de 'barbarie versus civilización' ha sido hegemónica hasta bien entrado en el siglo XX, como sustentadora y justificadora de los procesos coloniales de dominación de unas naciones frente a otras.  Cualquiera puede darse cuenta de que aún hoy existe una cierta 'autopercepción' de superioridad social y moral por parte de los países de cultura europea, aunque sea políticamente incorrecto expresarlo de forma explícita.

De esa herencia del pensamiento colonial y patriarcal, son muestra los numerosos mensajes que me han recordado que Willy Fog no es machista sino un héroe, porque salvó a Romy, su gatita que se declara dulce y fiel, enamorada del galán inglés, de la pira funeraria en la que estuvo a punto de morir para acompañar al marido indio recién muerto. Es evidente que esta imagen del lord inglés, civilizado y rico, salvando a la mujer india, desvalida, de la barbarie de su cultura de origen, es una imagen clara que sustenta la idea de la necesidad de que las culturas civilizadas colonizaran y sometieran a la culturas 'bárbaras' para convertirlas en sociedades 'superiores', aunque el proceso de 'civilización' se llevara por delante cientos de vidas humanas, arrasara las riquezas ajenas y reportara a precio de coste las materias primas para sustentar el proceso de enriquecimiento del emergente capitalismo inglés.

Tampoco es casual que la vuelta al 'Mundo' descrita por Verne y trasladada a los dibujos, con un talento innegable, por Claudio Biernd Boyd,  no sea un recorrido por todo el globo, sino una vuelta circular que se traza uniendo puntos entre colonias del Imperio Británico. Es decir, se transmite el concepto de 'Mundo' no como la totalidad del planeta sino como el conjunto de países relacionados con el centro de poder inglés.  Los geógrafos políticos han descrito hasta la saciedad cómo ha ido evolucionando el concepto occidental de 'Mundo' de acuerdo a los lugares que eran conquistados y dominados por las potencias coloniales. Esta idea se refleja en un producto cultural como es una novela de Verne y su traslación en serie infantil de dibujos animados.

Llegaron también mensajes que insinuaban la locura de quienes hacemos este tipo de análisis, y el fastidio de que siempre vayamos a la profundidad de algo tan tonto como una serie infantil que es un producto de entretenimiento sin más intención. Me impresiona hasta qué punto la ignorancia respecto a los debates de las ciencias sociales de los últimos cien años puede ser tan osada. Casi antes de que naciera el señor Ussía, Antonio Gramsci desarrolló la noción de hegemonía cultural, para describir lo que llamó ideología dominante. Para Gramsci, el dominio de las clases dominantes sobre las subalternas no solo descansaba en las estructuras de producción capitalistas, sino en que, en cierta medida los dominados consienten la ordenación del mundo. La brillantez de Gramsci radica en advertirnos de que la hegemonía cultural es tan eficaz para mantener el status quo como los dispositivos de coerción, porque convence a los dominados de que su situación responde a las normas de la sociedad, como si éstas fueran una cuestión naturalmente dada y no construcciones históricas.

Es la cultura la que explica que la mayoría piense que las cosas son como deben ser y que no hay alternativa posible a la realidad que viven. En las sociedades contemporáneas, el mayor dispositivo cultural de transmisión de ideas y valores son sin duda los productos audiovisuales que a través del cine, la televisión y las redes sociales, nos 'educan' y enseñan cómo funciona el mundo. Las series infantiles de nuestra generación, transmitidas por una única televisión que todas hemos visto, han jugado un papel privilegiado en esta tarea, como reconocía el propio creador de la serie objeto de la controversia.

Lo que yo expuse en el programa de debate no era que debían prohibir series así, o que era responsabilidad de su creador la realidad que vive este país, sino que observando con ojos de adulto la serie protagonizada por Willy Fog era innegable ver en ella que la elección de los animales y la nacionalidad de los personajes (el inglés es un león y el español -andaluz- un hámster) reflejan, por un lado, una visión muy clara de la realidad geopolítica racista en la que Verne escribió la  novela original, y por otro, educan a los niños en una serie de arquetipos más que discutibles.

Son múltiples los escritos académicos que analizan los valores e ideas morales que representan y transmiten diversos productos culturales, todos ellos fruto del momento en que fueron creados, y reflejo de la posición de sus creadores frente al mundo. Se puede debatir sobre la interpretación de la voluntad de los creadores de productos culturales, o las ideas que transmiten el imaginario que producen sus obras, pero negar que la cultura transmita valores y que éstos contribuyen a su consolidación como pensamiento normativo, es como volver a debatir si la tierra es redonda. 

Me llama la atención, por último, que en esta discusión haya hecho saltar como un resorte a la derecha mediática, el retrato que hice de  Willy Fog y su relación con Romy, y sin embargo haya pasado desapercibido la imagen que la serie construye del personaje Tico, a la que también me referí. Un hámster, me disculpe el autor por considerarlo hasta ayer ratón, de nacionalidad española (y adivinamos por su acento que de origen andaluz), que se une a la aventura por haber sido compañero circense del educado Rigodón, que viaja en la maleta de éste y es tratado como una zapatilla, en palabras del propio Tico. Personaje auxiliar, pequeño y glotón, es el papel reservado en la aventura internacional al único personaje español. Los patriotas de pin y banderita deberían preocuparse más por esta imagen de la madre patria que por salir en defensa del apuesto inglés. Aunque esta reacción quizá sea la evidencia del poder de la cultura en la imposición de una  interpretación del mundo, que hace aceptable para los que se reclaman patriotas cada día, habernos convertido en un  país sometido a los intereses de otros, en lugar de aspirar a ser protagonistas de nuestro propio presente y futuro, aspiración razonable para cualquiera que defienda los intereses de su pueblo.