Publicado: 02.08.2015 08:30 |Actualizado: 03.08.2015 10:11

El asesinato de Bernabé, entre la sinzarón de 1936 y el olvido de 2015

Setenta y nueve años después, Leonor Serrano vuelve a reunirse con su padre, asesinado en 1936. La falta de apoyo institucional se suplido con una exitosa colecta popular, el tesón de sus familiares y la tremenda labor de las asociaciones de memoria histórica

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Un miembro del equipo de arqueólogos que ha realizado la exhumación de Bernabé, asesinado en 1936, junto a

Un miembro del equipo de arqueólogos que ha realizado la exhumación de Bernabé, asesinado en 1936, junto a la única hija viva del hombre y Miguel, nieto de la víctima.- ARICO

ZARAGOZA.- Bien entrada la noche del primero de noviembre de 1936, a Bernabé Serrano Ruiz, padre de once y pequeño agricultor afincado en Fuentes de Jiloca (Zaragoza), lo sacaron a rastras de su casa, entre los gritos de su mujer y el terror de sus hijos. A pesar de haber recibido aviso de Bonifacio, su primogénito, de que su nombre figuraba en una lista, Bernabé insistió en que “el no había hecho nada y no se iba de su casa”. A culatazos, los guardias civiles consiguieron meterlo en el camión junto a otro joven vecino cuya identidad, aún hoy se desconoce. Gregoria Acerete, su esposa, todavía con Leonor, su hija de ocho meses en brazos, corrió un trecho tras el camión, hasta que un guardia se bajó y le espetó: “O se va para casa a cuidar de los niños o se va al hoyo a cuidar de su marido”.



Aterrorizada, volvió a consolar a sus hijos. Pero con las primeras luces del alba y de la mano del pequeño Pascual, de diez años, enfiló el camino por donde se había perdido el camión y llegó hasta la tapia del cementerio del municipio colindante de Velilla de Jiloca. Frente a la esquina sudeste del camposanto, la tierra acababa de ser removida. A tres metros bajo tierra, juntos tras recibir el tiro de gracia, yacían los dos cuerpos. Y así permanecieron durante casi setenta y nueve años. Hasta el pasado lunes.

Setenta y nueve años después, tras cuatro días de trabajo de campo, el pasado 27 de julio, los restos fueron finalmente exhumados por el equipo arqueológico coordinado por la Asociación para la Recuperación e Investigación Contra el Olvido (A.R.I.C.O.) en colaboración con la Asociación Charata. El proceso comenzó en 2012, cuando los nietos de Bernabé, Miguel y Francis, entregaron toda la información y documentación de que disponían a Miguel Ángel Capapé, presidente de A.R.I.C.O. Como señala Javier Ruiz, arqueólogo y cofundador de Charata, durante el período inicial “los trabajos se centraron en el análisis de los registros civiles, sindicales, políticos y militares de Aragón, el estudio de las imágenes aéreas norteamericanas de los años 1945 y 1956, las entrevistas con vecinos y familiares y la obtención de los permisos necesarios.”

"Bernabé era un hombre de campo, analfabeto y sin inclinaciones ideológicas"

Sus familiares creen que el asesinato no tuvo connotaciones políticas ya que Bernabé era un hombre de campo, analfabeto y sin inclinaciones ideológicas. Según explica Miguel Serrano, uno de sus nietos, pudo deberse a “una discusión entre el cacique y él, en la que Bernabé se quejó de haber recibido menos dinero del acordado por sus jornales. Algo que no gustó al terrateniente.” En los tiempos que corrían, no hizo falta nada más.

Cráneo de Bernabé, fusilado por las tropas franquistas en noviembre de 1936.- ARICO

Cráneo de Bernabé, fusilado por las tropas franquistas en noviembre de 1936.- ARICO

Expulsados de sus tierras


La familia abandonó su hogar y sus pequeñas parcelas de olivares fueron expropiadas. Así pues, se trasladan a Zaragoza en 1937, donde Gregoria y sus hijos desempeñan diversos trabajos, desde el reparto de prensa a la confección de camisas. Entre los años cuarenta y cincuenta, Pascual escapa a Francia, para evitar el servicio militar. Esta huida le impedirá volver a España hasta después de muerto Franco. Por ello se establece en el sur de Francia (donde aún hoy habitan numerosos familiares) y comienza a recibir inmigrantes, exiliados y fugados españoles, entre ellos varios familiares, a quienes facilita su llegada e integración social y laboral. Tanto la parte francesa de la familia como la española “sufrieron mil miserias”.

Durante la Guerra Civil, Aragón estuvo dividido de norte a sur y se convirtió en uno de los frentes más importantes, junto al de Madrid. Debido a la cantidad de pequeños agricultores, la fuerte presencia de la UGT y a los sindicatos anarquistas en contraposición con los grandes terratenientes y acantonamientos militares de Zaragoza, Calatayud, Jaca o Huesca; la lucha fue intensa tanto en el frente como en las retaguardias. También lo fue el número de víctimas. Su ubicación geográfica convertía a Aragón en clave de las ofensivas franquistas hacia el mediterráneo y de los intentos republicanos por conectar con las regiones leales de Asturias, Cantabria y País Vasco. Un claro ejemplo de la importancia estratégica de la región son las sucesivas batallas libradas en Huesca, Belchite, Teruel y el bajo Ebro.

Ante la falta de fondos, las grandes fosas permanecen en el olvido, los restos de las víctimas se deterioran, los testigos y familiares se van muriendo

Ni una fotografía

Debido a la destrucción de documentos y fotografías, la familia no dispone de ninguna imagen de Bernabé. Aunque hay una en la que creen que aparece, se guían más por la datación de la foto y la indumentaria de los retratados que por la certeza de reconocer a su ancestro. Mediante testimonios de familiares y vecinos conocen cómo era su mirada, la forma de su boca o el ancho de sus espaldas. Pero esta ausencia, aunque dificulta el vínculo, no separa a la familia. Es más, en opinión de Miguel aunque a lo largo de los años no han mantenido un contacto estrecho, las dificultades del proceso de exhumación “han vuelto a unir a la familia” en la alegría y la satisfacción de este reencuentro.

Hoy día, la única hija viva de Bernabé es una octogenaria pequeña y sufrida. De la mano de su hijo Miguel acudió al emotivo reencuentro con su padre. Allí ambos expresaron su rechazo a “buscar venganza, sino justicia” y animaron a todos cuantos “tienen un familiar en una cuneta o en un descampado a luchar para sacarlo de ahí sin esperar el apoyo del gobierno de turno”.

A pesar de contar con la colaboración de voluntarios, el coste limita la dimensión de las exhumaciones. Así lo destaca Ruiz, quien asegura que “una prueba de ADN cuesta en torno a 1.000 euros. Por ello, intentamos hacer pequeñas exhumaciones (de dos a cuatro personas), que permitan mantener el tema a la vista y para las cuales seamos (financieramente) capaces”. Ante la falta de fondos, las grandes fosas permanecen en el olvido, los restos de las víctimas se deterioran, los testigos y familiares se van muriendo. Y la historia y la justicia se pierden.

FOSA BERNABÉ

Exhumación por crowdfunding

Capapé apunta a la falta de financiación y apoyo público como factores que han obligado a plantear las campañas de crowdfunding. Mediante la última de éstas han recaudado los 8.000 euros necesarios para abrir la fosa. A pesar de que “los socios no cobran, las exhumaciones tienen unos costes fijos como las pruebas de ADN, el alquiler de maquinaria o el trabajo de investigación.” En su opinión, “la solución no pasa porque una asociación reciba subvenciones. Aunque éstas pongan su experiencia y documentación, el trabajo debería llevarlo a cabo la Administración. Sería mucho más barato, porque contratando un equipo fijo, en dos años estarían todos los desaparecidos fuera de las fosas.”

Por su parte, el experimentado arqueólogo vasco Javier Ortiz, destaca la necesidad de arrojar luz sobre la historia. “Si nosotros, desde la calma y la normalidad, no sacamos a la luz todo lo que pasó, la historia se deforma. Por eso, vamos a salir ahí y vamos a buscar la verdad. Pero ni la tuya ni la mía, la verdad. No tiene porque gustar, pero aún así lo contaremos.”

“Es una falta de voluntad política. Y punto. No hablamos de utopías. Si lo estamos haciendo cuatro pringadillos, ¿cómo no va a poder hacerlo el Gobierno español?"

Todos ellos coinciden en la necesidad de despolitizar las exhumaciones y la Ley de Memoria Histórica para facilitar “que los descendientes de una persona puedan localizarla, enterrarla y tener un sitio al que llevarle flores” al margen de su ideología. La pasividad institucional y la reticencia de algunos partidos tienen, para Ortiz un origen claro: “Es una falta de voluntad política. Y punto. No hablamos de utopías. Esto es muy fácil. Si lo estamos haciendo cuatro pringadillos, con nuestros propios medios y poco más, ¿cómo no va a poder hacerlo el Gobierno español? ¿Qué nos están diciendo, que nosotros tenemos más medios o más capacidad? Lo único que tenemos es voluntad.”

Miguel coincide plenamente con este razonamiento. Para él se trata de “un acto de justicia, de vergüenza y de dignidad. Fuera quien fuese, no se puede dejar a nadie fuera”. Desde el agradecimiento hacia quienes han colaborado en la exhumación y en el crowdfunding, Miguel insiste en que “este país no cambiará en nada hasta que lo saquemos adelante los hijos de la vergüenza”.