Publicado: 09.01.2016 00:02 |Actualizado: 09.01.2016 14:51

El cámara y sindicalista del Congreso que volvió a por su acta de diputado

Miguel Vila, diputado electo de Podemos, regresa al que fue su centro de trabajo durante cinco años, cuando era operador de cámara en el Parlamento y el delegado sindical que logró la igualdad salarial entre sus compañeros

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El diputado de Podemos, Miguel Vila, posa junto a un cámara de Antena3 el jueves, cuando fue a recoger su acta al Congreso.-DANI GAGO / PODEMOS

El diputado de Podemos, Miguel Vila, posa junto a un cámara de Antena3 el jueves, cuando fue a recoger su acta al Congreso.-DANI GAGO / PODEMOS

MADRID.- “Hombre, Miguel, has ascendido pero bien”, exclama el camarero de la cafetería del Congreso de los Diputados. Dos segundos más tarde rectifica. “Discúlpeme, Señoría”, apostilla con una semi-reverencia, más pequeña que la carcajada que está a punto de soltar. Enseguida llega el abrazo, luego el de otro camarero. Y eso sólo en el momento de pagar los cafés. Antes, cuando recogía su cartera y su acta de diputado, Miguel ha repartido algunos otros, besos incluidos.

Parece que a Miguel Vila se le quiere en el Congreso. No es de extrañar, ya que la Cámara Baja ha sido su centro de trabajo durante algo más de cinco años. Entró en 2009 como operador de cámara del circuito de televisión del Congreso, en una subcontrata adjudicada a Telefónica. Lo dejó en octubre de 2014, incluido su cargo de delegado sindical ─que no liberado sindical, enfatiza─ empresa. Ayer volvía a entrar, pero por otra puerta, ya como diputado electo de Podemos. El cambio, la nueva política, parece ser esto.



“Satisfacción, orgullo, pero responsabilidad. Tengo mucha ilusión y muchas ganas de currar”, asegura el político de 31 años que, como dice el refrán, fue cocinero antes que fraile. Precisamente por eso le resulta “curioso” saludar a sus antiguos compañeros, pero también a los periodistas con los que trabajaba habitualmente. “No estoy acostumbrado a verme delante y no detrás de la cámara”, asegura. Vila ha sido la comidilla de muchos trabajadores del Congreso. Una especie de hijo que vuelve a casa con el título universitario debajo del brazo. En sentido metafórico, porque este diputado es técnico superior en imagen, con las carreras de Derecho y Ciencias Políticas aún por acabar, si es que tiene tiempo y ganas. Vila es un currante, y ha venido a eso, “a currar”, dice.

“No estoy acostumbrado a verme delante en vez de detrás de la cámara”

Míguel (palabra llana, con tilde en la i, con la que algunos se dirigen a él) no es un recién llegado a la política, aunque sí a las instituciones. La lucha por la defensa de la clase trabajadora, eso que ahora tiene a bien llamar “los de abajo”, le viene de hace años. De cuando militaba en Izquierda Anticapitalista (IA), de cuando IA era un partido político que no tenía ni 25.000 votos, de cuando Podemos no era siquiera una idea en la cabeza de Pablo Iglesias.

Después llegaría el nacimiento de Podemos y la ruptura de Vila con IA, junto a otros compañeros que decidieron abandonar la asociación política de izquierda radical para apostar por la maquinaria electoral, aunque IA esté dentro de Podemos ya como asociación cultural.

Miguel Vila con su cartera de diputado en el Congreso.-DANI GAGO / PODEMOS

Miguel Vila con su cartera de diputado en el Congreso.-DANI GAGO / PODEMOS

Ahora, Vila es miembro del Consejo Ciudadano de Podemos en la Comunidad de Madrid y diputado electo por Burgos. Es lo que en el siglo XIX se llamaba “cunero” y en el XXI, “paracaidista”. Nació en Madrid, donde vive, pero su partido lo coloca en la lista electoral de Burgos después de unas primarias con circunscripción estatal, no sin críticas. Pero Vila se sabe el discurso y echa balones fuera: “Lo importante no es dónde hemos nacido sino con quién nos comprometemos. Mi compromiso es con la gente de abajo me presente por donde me presente”, zanja.

“Ahora ya no te putearán tanto, ¿no?”, le pregunta otro camarero. Al parecer, su estancia en el Congreso y en su empresa no fue fácil. Suele ocurrir cuando se es delegado sindical. No tardó ni un año en presentarse a las elecciones y salir elegido. Primero por UGT y en la segunda legislatura por CGT.

“El complemento salarial que conseguimos hace que el sueldo de los cámaras llegue a los 900 euros al mes”

“Hemos conseguido algunas victorias”, dice. Entre ellas, la igualdad salarial entre trabajadores de la misma categoría y el pago de un complemento por disponibilidad que la empresa se negaba a pagar hasta que decidieron ir a los tribunales. “Me fui muy contento con eso porque este plus hace que el sueldo llegue a los 900 euros al mes”, subraya. Él ahora cobrará 1.900, y el resto del salario lo donará al programa IMPULSA de Podemos y a colectivos sociales, asegura.

Pero también ha pasado malos momentos. El primero fue en 2013, a raíz del último pleno en el Congreso. Dejó de pasear con la cámara en la mano y quedó “encerrado y confinado” al control de realización. Según cuenta, grabó “contenido político delicado”, o así llamó la empresa a las imágenes de unas pegatinas reivindicativas que llevaban algunos diputados. En concreto, las que rechazaban la detención de Alfonso Fernández, ‘Alfon’, detenido durante la huelga general de 2012 por supuesta tenencia de explosivos y que ha sido condenado a cuatro años de cárcel. “Me pareció importante y me lo habían pedido algunos periodistas”, alega. “Les respondí que mal íbamos si no podía grabar contenido político delicado en un lugar como el Parlamento”, añade.

"Si no se puede grabar contenido político delicado en el Congreso, algo va mal"

Después de la primera reivindicación laboral, prosigue el ahora diputado, “cuando mi actividad sindical ya es más importante y organizo asambleas, la empresa empieza a presionarme por mi forma de vestir”, asegura. Alegaban “órdenes de arriba”; no de Telefónica, sino del Congreso. “Primero querían que me recogiera el pelo, después que llevara zapatos, después pantalones de pinza… Lo voy cumpliendo todo hasta que ya roza el absurdo y me niego”, afirma.

Denuncia al Congreso y a Telefónica

Foto del 18 de junio de 2014 en el Congreso de los Diputados. Miguel Vila, en el centro con el puño en alto, celebra la segunda victoria de su lista en las elecciones sindicales de Telefónica Servicios Audiovisuales. Llegó la noticia mientras preparaba la

Foto del 18 de junio de 2014 en el Congreso de los Diputados. Miguel Vila, en el centro con el puño en alto, celebra la segunda victoria de su lista en las elecciones sindicales de Telefónica Servicios Audiovisuales. Llegó la noticia mientras preparaba la cobertura gráfica de la proclamación del rey Felipe VI.-FACEBOOK

Denunció al Congreso y a Telefónica por vulneración de derechos fundamentales, de libertad sindical y derecho a la propia imagen. “Pedí una indemnización de 18.000 euros”, recuerda. Este episodio le hace más gracia, porque tiene un final feliz. El juicio no llegó a celebrarse nunca y la empresa le llamó a consultas. “¿Qué quieres a cambio de retirar la demanda?”, asegura que le dijeron. Vila lo tuvo, claro: que les dejaran trabajar en paz y que sus nueve compañeros cobraran lo mismo. “Accedieron y renuncié a la indemnización”.

"Hemos venido a hablar de política antes que de sillones"

Ése es, asegura, su cometido en el nuevo Congreso, el más fragmentado de la historia de la democracia española. Le gustaría dedicarse a los asuntos laborales, a la problemática del empleo, “a combatir las reformas laborales del PP”, pero aún no sabe cuál será su trabajo concreto, “no está cerrado”, afirma.

Ni siquiera es seguro que haya un Gobierno, aunque Vila cree que no habrá nuevas elecciones. “Lo primero es atender la situación de emergencia social. Hemos venido a hablar de política antes que de sillones, que es lo que hacen otros”, asegura en referencia al PSOE. “No permitiremos ni por activa ni por pasiva un Gobierno del PP, porque ha sido una legislatura perdida en términos sociales y de proyecto de país. La necesidad de la gente está por delante de cualquier cosa”, concluye.