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La detención de Zaplana, nuevo frente para el PP El PP reconoce que ha tocado fondo en Valencia con la detención de Zaplana

Los conservadores saben que lo tienen muy difícil en los próximas elecciones autonómicas, ya que hoy los votantes de la derecha ven a Ciudadanos como alternativa, indignados por la corrupción que ha salpicado a tres de los cuatro presidentes de la Generalitat Valenciana bajo las siglas del PP. Intentan -sin éxito- desvincularse de la figura de Zaplana, el hombre que lo fue prácticamente todo en el partido, y al que hoy intentan encuadrar en "el pasado".

Los expresidents de la Generalitat valenciana Alberto Fabra (d), Eduardo Zaplana (i) y Francisco Camps (c), en la ceremonia de toma posesión como arzobispo de Valencia de Antonio Cañizares. EFE

Los ánimos están más bajos cada semana entre las filas del Partido Popular. Si el optimismo brillaba por su ausencia en el partido en los últimos meses, el caso Cifuentes, las sombras en torno al currículum de Pablo Casado, las protestas de los pensionistas, el bloqueo en Catalunya o la amenaza de Ciudadanos -según todas las encuestas-, sumadas a la inminente sentencia por el caso Gürtel, han contribuido a rebajar aún más el estado anímico del partido. Y aún quedaba la detención de Eduardo Zaplana, el hombre que lo fue todo en el PP.

Con 3 de 4 presidentes valencianos del PP imputados o condenados, y a apenas un año de las elecciones, el panorama que dibujan en el PP es funesto: "Es muy difícil levantarlo"

Fuentes conservadoras reconocen que el partido ha tocado fondo en la Comunidad Valenciana; con tres de cuatro presidentes autonómicos del PP imputados o condenados, y a apenas un año de las elecciones autonómicas y municipales, el panorama que dibujan es funesto: "Es muy difícil levantarlo", sentencian.

A los casos Zaplana -Camps- Olivas, o a los que afectan al PP en el Ayuntamiento de Valencia, donde 9 de sus 10 concejales están imputados, se añade el agravante del efecto Cs: antes, como reconocen fuentes del Partido Popular en el Congreso de los Diputados, los votantes de derechas podían llegar a quedarse en casa como gesto de castigo al PP por la corrupción, pero ahora tienen "una alternativa" -Ciudadanos-.

De hecho, ni siquiera descartan que se dé un escenario que hasta hace escasos meses se antojaba imposible: que la formación naranja logre más votos, y por tanto el PP pueda volver a gobernar, pero bajo la batuta del partido de Albert Rivera.

Y, como les ocurre a nivel nacional, tampoco aquí tienen las encuestas de su parte, y dos de las publicadas en mayo inciden en el  importante crecimiento de Cs. El sondeo de Sigma Dos les sitúa como segunda fuerza en votos (22.2% de los apoyos) tras el PSOE, con el PP rondando el 22% de los respaldos.

El segundo, realizado por GFK para el Bloc, da a Cs entre un 24 y un 26% de los votos, y hunde al PP hasta el 16-18% de los respaldos. A tenor de estas encuestas podrían caer hasta 10 puntos con respecto a los resultados de las elecciones autonómicas del 26 de junio de 2016; los mismos que ya resumió Rita Barberá con una de sus perlas: "¡Qué hostia, coño! ¡Qué hostia!".

Zaplana: "El pasado" y los ERE como cortina de humo

Por otra parte, el PP ha marcado "un récord" con su pronta reacción ante la detención de Zaplana, en palabras del propio coordinador general de los conservadores, Fernando Martínez-Maillo. "Zaplana pertenece al pasado", afirmaba este miércoles el número tres del PP, incidiendo en la línea que marcó el día anterior, inmediatamente después de la detención.

Los conservadores reaccionaron en escasas horas, y el mismo martes ya anunciaron la suspensión -provisional- de militancia a Zaplana, representante de "ese pasado de hace más de 10 años que ahora tiene que responder".

Precisamente, Maillo enfatizaba esa cifra, los 10 años, intentando marcar distancias con el expresidente de la Generalitat Valenciana. En público, él y otros dirigentes, como el portavoz en el Congreso de los Diputados, Rafael Hernando, aprovechan para arrojar a la palestra otros nombres, en concreto los de los expresidentes de Andalucía, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, en plena reinterpretación de la maniobra de distracción EREs. Buscan suavizar el impacto, salvar sus siglas señalando la corrupción de otras fuerzas.

Sin embargo, blanquear el pasado de Zaplana o su vinculación con el Partido Popular es absolutamente imposible, y así lo reconocen voces conservadoras en privado: Zaplana está inevitablemente ligado al PP en la historia y en el imaginario popular, como ocurre con Rodrigo Rato; es el hombre que lo ha sido casi todo en el partido. Estuvo al frente de la Generalitat entre 1995 y 2002; fue ministro de Trabajo y Asuntos Sociales (2002-2004), y portavoz del Gobierno entre 2003 y 2004. Mal que le pese hoy al PP, Zaplana fue uno de sus más ilustres exponentes, aunque hoy haya pasado a convertirse en otro "ese señor del que usted me habla".

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